INASET | 22/07/2020

¿Padrón electoral contaminado, y registro biométrico manipulado?

En un par de notas sobre el cierre del cómputo en las elecciones generales de 2019, mostramos evidencia sobre posibles debilidades en dos pilares que deberían estar fuera de toda posible duda en las próximas elecciones: la biometrización y la confiabilidad del padrón electoral.

Además que nada se ha hecho para despejar esas dudas, en las últimas semanas y meses se ha acentuado una campaña, interna e internacional, que trata de persuadir a la opinión pública que “no hubo fraude”. Los argumentos esgrimidos por los expertos contratados para objetar al informe de la OEA, son básicamente “tecnicismos estadísticos” que no mellan la realidad del fraude sustentado en las actas adulteradas, actas llenadas por las mismas personas, o la probada intromisión de personas no autorizadas al sistema informático y de cómputo.

En octubre pasado, analizamos el caso de Potosí, el departamento con la menor esperanza de vida, pero con la mayor participación de personas de 66 y más años de edad (66+) en su padrón electoral (37.842 personas, el 15.8%); existen municipios, recintos o mesas en los que hay el doble (o más) personas con 66+ años respecto al rango 55 a 65, dato que por sí solo justificaría auditar el padrón y el registro biométrico, porque contradice la experiencia humana que los mayores tienden a morir antes que los menores. Estas evidencias sugerían la posibilidad que, como muchos denunciaron documentalmente, a la victoria del MAS aportaron “difuntos” utilizados, maliciosa pero efectivamente, por políticos inescrupulosos.

El presente Ensayo actualiza un trabajo preliminar de noviembre de 2019 en el que el análisis se centraba fundamentalmente en curiosidades y anomalías del padrón; en esta actualización, mostramos que los resultados “oficiales” de la elección 2019 a nivel de las mesas de votación, develan el uso fraudulento del padrón electoral biométrico.

El ensayo parte recapitulando el proceso por el cual se conforman las listas de empadronados en cada mesa de sufragio: las listas de inscritos en cada mesa electoral, se definen a partir de los inscritos en el Padrón que corresponden a cada circunscripción que, a su vez, incluye Asientos Electorales y éstos, recintos en los que se instalan las mesas electorales. El sistema informático usa el domicilio físico declarado por cada persona para agruparlas en los recintos más cercanos al domicilio; finalmente, el total de personas asignadas al recinto son ordenadas alfabéticamente en grupos de hasta 220 – 240 personas por mesa electoral, lo que determina el número de mesas por recinto.

En consecuencia, más allá de algunos casos muy particulares, la estructura de los inscritos en cada mesa debería reflejar, básicamente, las estructuras de edad y sexo de la comunidad asentada en las áreas circundantes al recinto electoral. Por ello, no se espera que, entre mesas de un mismo recinto, existan grandes diferencias en estructuras etarias respecto a las de la distribución promedio en la comunidad; y, aunque menos mensurables, tampoco en razón de edades, un quiebre total con las preferencias políticas predominantes.

Concluye inicialmente que la similitud entre las distribuciones promedio a nivel nacional y de mesas de votación, es fuerte evidencia de que la conformación de las listas de votantes a las mesas por orden alfabético no altera en ningún grado significativo la distribución etaria de la población. Los comportamientos extremos se presentan en 4,5% de los recintos, proporción similar a la que se presenta en el análisis en las mesas.

Por varias razones anotadas, si bien reconoce que, desde la mirada estrictamente estadística, muchas de las distribuciones “llamativas” o “anómalas” pueden ser posibles, concluye que son ciertamente poco probables: la existencia de mesas o recintos con participaciones superiores al 60% u 80% en el rango de 18 a 25 años, casi “implicaría la existencia de comunidades o de barrios habitados mayoritariamente por huérfanos”.

Por el contrario, la sobre participación de personas de 66+ años, se da mayoritariamente en áreas rurales del occidente, contradiciendo la evidencia empírica y a las estadísticas oficiales que muestran que la esperanza de vida en las ciudades es mayor en casi diez años en favor de los citadinos.

Finalmente, el Ensayo revisa los resultados “oficiales” de la anulada elección presidencial 2019 (sin voto del exterior), buscando establecer si existe, o no, correlación entre distribución etaria y voto; para ello, en las mesas donde el MAS o CC superan 45% de votos emitidos (suficiente para “ganar” la mesa), analiza el efecto de la estructura etaria de jóvenes (18 a 25 años) y de adultos 66+.

Encuentra que, en los dos rangos de edad analizados, mientras más alejada de la distribución normal es la participación de jóvenes o personas 66+ en una mesa, (es decir, mientras menos probable es ese nivel de participación), mayor la votación para el Movimiento al Socialismo en desmedro de la votación para Comunidad Ciudadana.

Concluye que los comportamientos observados del voto en las distribuciones etarias anómalas son ilógicos e incompatibles entre sí, lo que implicaría, fuertemente, que en la elección 2019 hubo efectivamente un fraude que no fue un simple caso puntual de manipulación informática del conteo de votos; se trataría, más bien, de un peligroso escenario en el que durante años se urdió una perversa y extensa trama de acciones destinadas a burlar la voluntad popular, dando razón a los muchos que, documentalmente, denunciaron que a la “victoria” del MAS aportaron difuntos utilizados, maliciosa pero efectivamente, por políticos inescrupulosos.

Una pronta auditoría al padrón electoral y al sistema de registro biométrico, parece ser una condición necesaria para las próximas elecciones.

Puede acceder al Ensayo mediante el link siguiente.



Documentos adjuntos

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