INASET | 24/09/2019

Ahorro, endeudamiento y el crecimiento del PIB

Durante el primer debate vicepresidencial (16.09.19), el señor Alvaro García Linera (AGL) inició una polémica al afirmar que, gracias al crecimiento económico, “ahora cada boliviano tiene 4.000 dólares en el bolsillo”, sugiriendo que el PIB per cápita se estaría materializando en la realidad cotidiana de las personas. Las críticas no se dejaron esperar mientras que los apoyos optaron por vincular el tema con otros “indicadores” del bienestar de la economía, entre los que mencionan al crecimiento del sector financiero y, especialmente, al aumento en más de 10 veces del número de cuentas de ahorro de los pequeños ahorristas.

Si, como afirma AGL, el PIB per cápita efectivamente se estuviera manifestando en mayor ingreso de las personas, y si el mayor ingreso personal fuera la causa del crecimiento de las cuentas de ahorro en el sistema financiero, los saldos en cuentas de ahorro de los pequeños ahorristas, especialmente de aquellos que antes de 2006 tenían menos del equivalente de 1.000 dólares, deberían mostrar niveles superiores de ahorro de las personas a los que se registraron hasta 2006. Y podrían tener menos necesidad de recurrir al crédito bancario.

Los Ensayos para el Debate de INASET han puesto a prueba estas hipótesis analizando las relaciones y los comportamientos de las captaciones del sistema financiero de los ahorros del público (personas naturales y jurídicas) en depósitos a la vista (las cuentas corrientes), cuentas de ahorro, depósitos a plazo fijo, y depósitos en garantía, agrupados por la cuantía de los depósitos en tres estratos: cuentas grandes (G), con depósitos mayores al equivalente de US$ 100.000; cuentas medias (M) con más de US$ 10.000 y hasta US$ 100.000; y cuentas pequeñas (P) con hasta US$ 10.000. Este estrato incluye un “sub estrato” de cuentas muy pequeñas (MP) con depósitos hasta US$ 1.000. La misma estratificación se aplica a la cartera (más contingentes) que miden la deuda del público con el sistema financiero.

Contrariamente a lo que se esperaría de un proceso que hubiera mejorado la capacidad de ahorro de los sectores de menores ingresos, entre 2004 y 2018 el 76% de los depósitos –Bs 115 mil millones, fueron a 25.334 cuentas grandes (el 0.3% del aumento de cuentas de depósito), mientras que 8.14 millones de nuevas cuentas (el 90.6%) recibieron apenas 3.158 millones, el 2.1% de todas las captaciones.

El monto promedio de depósito por cuenta, en general, es de Bs 16,900, pero en las G es de Bs 4.5 millones por cuenta, mientras que en las P es menor a Bs 2.000 (y en las MP no llega a Bs 400); en términos relativos, significa que el depósito general promedio equivale a 9 veces el valor de un depósito de los pequeños ahorristas (estrato P) y que cada depósito G equivale a 2.327 depósitos P; finalmente, desde 2006 solo se ha incrementado el monto por cuenta en las G, mientras que se ha reducido en 31.5% en general, 30% en las medianas, 56% en las P, y 60% en las MP.

En resumen, los datos oficiales muestran que, entre 2006 y 2018, no aumentó la capacidad de ahorro de más del 95% de las personas que usan el sistema de intermediación financiera. Por el contrario, las cifras –que son el resultado de la acelerada y políticamente alentada financiarización de la economía, reflejan nítidamente el efecto concentrador del ingreso (y de la riqueza) que hicieron notar desde la última década del siglo pasado varios economistas no alineados con el pensamiento económico dominante. Recién “templos del pensamiento neoliberal” –como el Banco de Inglaterra, el BM y el FMI, aceptan que la financiarización contribuye a la desigualdad y a la pérdida de capacidad de consumo de los salarios reales.

En consecuencia, se podría decir que los ingresos adicionales que supone el aumento del PIBpc, podrían efectivamente estar en el sistema financiero, pero no en las cuentas que benefician a la gente y que construirían una economía más diversificada y sostenible.

Al analizar el comportamiento de la cartera, el Ensayo muestra que desde 2004 la cartera aumentó en unos 150 mil millones de bolivianos y la cantidad de prestatarios en 800 mil.  La cartera por prestatario muestra que la deuda promedio se ha más que duplicado, de Bs 65.000 a Bs 142.000 debido fundamentalmente al comportamiento de la deuda por cuenta G que también se ha duplicado (de 1.9 a 4 millones de Bs). La cartera para cuentas MP no se ha modificado mayormente, mientras que las correspondientes al estrato P total, es la que tiene el mayor crecimiento relativo de la deuda/cuenta: de 11 mil a 26 mil.

La relación general (Cartera/Prestatario) respecto a (Depósito/Cuenta) establece que la deuda por prestatario que era 2.5 veces el ahorro por cuenta en 2004, al 2018 es 8 veces: significa que el endeudamiento relativo se ha acentuado en 3.2 veces. Para los estratos de las G y M, la relación se mantiene cercana a 1 –endeudamiento es comparable a los depósitos; pero para el estrato de las P (y MP) la cartera por prestatario en 2018 es 12 veces mayor que los depósitos en cuentas (8.5 veces mayor para las MP): su endeudamiento se ha profundizado en 5.4 (y 2,6) veces respecto a 2004.

Finalmente, al analizar el comportamiento macro de los incrementos del endeudamiento respecto a los del ingreso (PIB), el Ensayo alerta que el incremento del endeudamiento está superando el incremento del ingreso de la “economía real”. Implica que la actual “sensación térmica de bienestar” está siendo financiada con un endeudamiento insostenible que no se traduce en aumento de la capacidad productiva de la economía y, en consecuencia, es una deuda que compromete la capacidad de consumo futuro a mediano plazo.
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