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29/08/2022
Filia Dei

Desarrollo científico y tecnológico no surge del éter

Cecilia González Paredes
Cecilia González Paredes

Una falacia que se repite en algunos ámbitos, es una férrea oposición y rechazo a empresas multinacionales por temores de monopolio u excesivo capitalismo. En este contexto ¿no sería mejor apoyar el desarrollo de la propia ciencia y tecnología local?

Hace más de 20 años el mundo quedó consternado al contemplar como grandes empresas de insumos agrícolas, lanzaban de manera comercial las semillas genéticamente modificadas. Estas pudieron haber sido propiedad de universidades o institutos de investigación de cualquier país. Sin embargo, el extenso proceso regulatorio que está tecnología demanda, sube los costos de manera que sólo una empresa privada puede cubrirlos.

Los protocolos para garantizar que una semilla OGM pueda ser comercializada sin representar un daño al ambiente o a la salud humana son de los más exigentes en temas alimentarios  ya que deben pasar pruebas de laboratorio con técnicas ómicas, que incluyen analizar cambios en el genoma a consecuencia del gen añadido, cambios que esta acción pueda afectar o no la transcripción de información del ADN al ARN, las cadenas de secuencias de proteínas o metabolitos, garantizando que no vayan a producir nuevos compuestos que afecten la salud o algún componente del medio ambiente.

Luego deben pasar pruebas en invernaderos y campo, algo que toma más de unos meses. Allí se verifica precisamente que no tenga un impacto adverso en el suelo, plantas e insectos no blanco e incluso, que no afecte otro tipo de fauna como ser peces, anfibios, aves y pequeños mamíferos que a veces viven entre cultivos.

Estas pruebas, además deben cumplir con convenios internacionales como el Codex Alimentarius o las guías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Cuando por fin, este largo proceso concluye, se permite su comercialización. En todo este proceso mucha ciencia y tecnología intervino.

Pero esta combinación de ciencia y tecnología no surge de la nada. Los países desarrollados o llamados a veces del primer mundo, ya invirtieron hace más de un siglo en apoyar estas áreas. Fruto de ello es que pueden construir máquinas que lean genes, secuencias y otros. Tienen personal científico altamente capacitado a nivel académico o técnico. Cuentan con programas de apoyo y fomento a la ciencia, a las iniciativas privadas que desarrollan innovación científica. Sobre todo, tienen leyes y normas claras y que promocionan este ambiente creativo y generador de soluciones y alternativas.

De esta manera, hoy tenemos a países como Brasil, Argentina, Colombia, Kenia, Nigeria, Mozambique, Filipinas, Bangladesh e incluso Cuba, que se han tomado la molestia de construir innovación científica y tecnológica para dejar de depender exclusivamente de las grandes compañías multinacionales.

Esta es una respuesta objetiva y real a la queja que plasmé al inicio. No son puras  quejas. La única manera de democratizar el acceso a la ciencia, es fomentar, apoyar e impulsar desde nuestros propios países su desarrollo entre nuestros ciudadanos.

No podemos seguir lamentándonos y culpar a molinos de viento invisibles, limitando la soberanía científica, mientras se hace uso de la última tecnología en celulares y computadoras de compañías multinacionales. Estos aparatos no existirían, si no fuera por el desarrollo de las ciencias puras.

A través de algunos voluntariados que conozco y uno del cual participo, puedo ser testigo de que tenemos jóvenes con muchas expectativas de ser los próximos científicos que desarrollen propuestas para mejorar distintos problemas que atravesamos. Muchos vienen de provincia, y en estos casos, son capaces de ser interlocutores y enlace entre los conocimientos tradicionales de sus comunidades y la ciencia (mal) denominada occidental. Tenemos el potencial, ahora solo resta creer en estas nuevas generaciones e invertir en construir este ecosistema de innovación científico-tecnológico.

Cecilia González Paredes M.Sc. 

Especialista en Agrobiotecnología



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