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23/08/2022
Filia Dei

¿Una agenda para el hambre?

Cecilia González Paredes
Cecilia González Paredes

Los granjeros en Holanda no están cediendo en su protesta ante la imposición de reducir el uso de fertilizantes nitrogenados, como parte de la agenda más grande de la Unión Europea llamada Farm to Fork.

La estrategia Farm to Fork tiene como objetivo acelerar la transición hacia un sistema alimentario sostenible que debería tener: Un impacto ambiental neutral o positivo; ayudar a mitigar el cambio climático y adaptarse a sus impactos, y revertir la pérdida de biodiversidad.

Esta política contempla la reducción de fertilizantes sintéticos, fitosanitarios y en la pirueta, aumentar la producción de alimentos. Todas estas medidas son parte del Acuerdo Verde, cuyo objetivo apunta a que la Unión Europea (UE) se convierta en el primer continente climáticamente neutral para 2050. Estas políticas y estrategias han llamado la atención de personajes polémicos.

El psicólogo Jordan Peterson, considerado "ultra conservador", no tuvo reparo en escribir sobre este fenómeno que está sucediendo desde Holanda hasta Canadá y que hace poco afectó a Sri Lanka. En una columna publicada por The Telegraph, Peterson hace mención de Deloitte, institución que brinda servicios de auditoría, consultoría, impuestos y asesoría en la industria a muchas de las marcas más admiradas del mundo. En mayo de este año, publicó un documento haciendo un llamado presuroso a tomar medidas más tajantes respecto al pavoroso cambio climático y contrarrestar sus efectos.

El problema radica en que estas medidas sugeridas por los políticos o estas instituciones que no se dedican a generar soluciones reales mediante ciencia y tecnología, parecen estar totalmente desconectadas de la realidad, tanto de los productores como de la población, que para alcanzar la alimentación idónea del Farm to Fork, implicaría reducir los insumos agrícolas ya mencionados y además, pagar más para lograr cubrir los costos de producción de los alimentos “verdes”.

En esta misma línea,  Michael Shellenberger, columnista en Forbes, realizó una dura crítica al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente - PNUMA, apuntando a su agenda de reducción de fertilizantes para cuidar el medio ambiente. En una columna en su página, recapitula, como el 2019 en Sri Lanka, el PNUMA organizó una reunión y emitió una hoja de ruta para presionar a las naciones a reducir la contaminación por nitrógeno a la mitad. Un mes después de esa reunión, el presidente anti-fertilizantes fue electo. En abril del 2021 prohibió y suspendió la importación de varios agroinsumos.

Los resultados ya los conocemos, la producción de alimentos se desplomó, los precios para comprarlos se duplicaron o más y se tuvo que recurrir a importaciones de los productos básicos. Luego, vino el estallido y caos, que culminó con la salida de Gotabaya Rajapaksa. Entre las nuevas medidas, desde el 5 de agosto se levanta la prohibición y se permite nuevamente la importación de un herbicida que causa temor entre las personas que no producen en el campo.

El conflicto ahora toca a los productores de las naciones privilegiadas, que durante años tumbaron sus ecosistemas y ahora buscan que los países que están en vías de desarrollo, logren subsistir sin fertilizantes, sin combustibles fósiles y con  tecnología limitada.

Esta parte es clave recordarla. Holanda ha logrado reducir el desperdicio de nitrógeno, en sus modernos invernaderos, logran recircular los fertilizantes en general y de hecho, logran producir más cantidad de carne, sin tener que aumentar el uso de fertilizantes nitrogenados. Más innovación está en camino, pero esta no llegará en cuestión de meses.

No se trata de negar que estamos enfrentando cambios de patrones en cuanto a temperatura y precipitaciones, pero tampoco se puede caer en una histeria que empuja a tomar decisiones tan viscerales como querer cortar de golpe con acciones que a la larga terminan afectando más a las naciones en desarrollo, aunque en esta ocasión, vamos observando, que hasta los ciudadanos del primer mundo, están pagando el precio de no fomentar a tiempo más alternativas mediante innovación tecnológica.

Es tiempo de formar más investigadores, agrónomos, biotecnólogos y profesionales con oportunidad de generar soluciones locales, adecuadas a nuestra realidad. De lo contrario, no va ha ser que terminemos como Sri Lanka.

Cecilia González Paredes M.Sc. 

Especialista en Agrobiotecnología



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