24/12/2020
Filia Dei

Rex Gentium

Cecilia González Paredes
Cecilia González Paredes

Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

Desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre, en la oración de Vísperas, los cristianos rezamos las conocidas “antífonas mayores de Adviento”. Cada antífona es uno de los nombres de Cristo, uno de sus atributos y refieren a las profecías de Isaías sobre la venida del Mesías. Hacía el final, se forma un acróstico: Ero Cras. En latín, esto significa “seré mañana” o “vendré mañana” y constituye una respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.

Estas antífonas se compusieron entre el siglo VII y VIII en algún monasterio. Reflejan  una aclamación a Jesús el Mesías. Suelen terminar con una súplica y que no demore más. Pero ¿quién reina la vida de la mayor parte hoy?

Hay miles de reinados que han conducido nuestra vida por otros rumbos. Hay quienes se dejan reinar por la avaricia y la sed de un poder, que les permita oprimir al otro, pero manipulando hasta la justicia, para que todo parezca legal y en orden. Para otros, reina el egoísmo y el orgullo.

Otros tantos, dejan que sea la ciencia elevada a ese rango, para luego contradecirla cuando no se ajusta a los caprichos, como es el caso de los que la aplauden hasta que llega la realidad de que un gameto masculino y uno femenino, se unen para dar paso a una nueva vida humana. Allí, la “reina” ciencia debe ser negada y armar una retórica que se ajuste a la sed por legalizar más asesinatos. ¿Dónde quedaste oh Sapiencia? Hoy basta ser “discapacitado” para que en varios países consideren que deben desechar tu vida.

También están los que prefieren dejar reinar a la amargura y al rencor. Constantemente hallan la culpa en los otros de los mismos males que provocan sobre sí mismos. Allí también reina la sed de maltratar y reducir al otro con violencia. Reina la ira en otros tantos, que provoca hasta experiencias tan amargas, que estas fechas vienen manchadas de dolor y golpes.

Hay una sed de buscar la comodidad y la satisfacción material, que nos hace olvidar por completo a Dios y por ende la práctica de la piedad. Hoy se invita a la empatía, pero no a la caridad. La empatía llega a caer en la manipulación y subjetividad. Por ello se contrapone, con la caridad, que busca el bien supremo, para una verdadera plenitud, tanto física como espiritual.

Varios filósofos y otras corrientes, han tratado de matar en distintas ocasiones a Dios. Pero es solo Nuestro Señor Jesucristo, el único objeto de la caridad y fuente verdadera de la misma. Una verdadera caridad, el amor del prójimo, la dignidad del matrimonio, la de la mujer, la de los hijos, y la supresión de la esclavitud, son obra de la caridad instaurada por Cristo en su Iglesia.

Vino a los suyos y no lo reconocieron. Los suyos, esperaban un comandante que organice una revolución y aniquilara a sus opresores. Sin embargo, el Verbo hecho carne, viene por TODOS. Viene, muy a pesar de que los suyos en el presente, también lo nieguen o prefieran entregarse a las pasiones y otros reinados.

Es por Gracia de Dios, que podemos acercarnos al pesebre y contemplar como un Dios omnipotente, decide tomar nuestra naturaleza para ofrecer el único sacrificio que nos libera plenamente de nuestras bajezas. Solo cuando experimentamos y vivimos este amor sobrenatural, es que podemos quedar satisfechos. Es este Amor, el que ha inspirado a muchos para dejar todas las seguridades de la vida para corresponder a este amor de Dios.

No son cuñas radiales, ni campañas de concientización las que darán fin a nuestras bajezas. Los crímenes no cesarán por usar banderitas de colores. Gritar más fuerte y llenar de pintura a quien no piensa como tú, tampoco cesará la discordia que reina.

Que esta Navidad, que llega con muchos signos para abrir los ojos, abra espacio en nuestros corazones, para que podamos entender, que nace en la Noche Buena, El que cargará nuestras miserias, para transformarlas en virtudes.

Cristo se rebajó a sí mismo no para su propio beneficio, sino por nuestro bien; para justificarnos y darnos paz y felicidad. San Agustín - Homilía sobre la Navidad. 

Cecilia González Paredes M.Sc.

Especialista en Agrobiotecnología