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Sin embargo | 04/04/2025

Nunca se ha visto una democracia morir así

Jorge Patiño Sarcinelli
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En Bolivia no faltan los que acusan a Evo Morales de haber gobernado autocráticamente. Ni duda cabe de que el hombre no tiene en la sangre una sola hemoglobina democrática y si no ha llevado sus instintos autocráticos más lejos, es porque lo han frenado los límites de nuestra realidad política e institucional, no sus pruritos éticos. Podemos avergonzarnos de haberlo elegido tres veces presidente y también estar orgullosos de que nuestra institucionalidad no se haya rendido del todo a sus instintos autoritarios; ambas cosas.

Si a mi lector lo segundo le parece un magro consuelo, analicemos lo que está sucediendo en Estados Unidos bajo Donald Trump. El marco estratégico para sus medidas está expuesto en el Proyecto 2025, que detallaba las medidas que su administración iba a tomar inmediatamente después de asumir el poder; entre ellas, la reducción del aparato estatal, la expulsión de inmigrantes, el combate a las políticas de inclusión y equidad, etc. Haré una selección de medidas significativas recientes, concentrándome en las que atentan contra las libertades de prensa y académica.

Las acciones más fuertes de su Gobierno para controlar a los medios de comunicación están viniendo de la Comisión Federal de Comunicaciones, FCC, ente regulador del sector. Las primeras palabras del capítulo del Proyecto 2025 referido a esta comisión eran: “La FCC debe promover la libertad de expresión”. Sin embargo, en un giro radical con relación a esta frase, Brendan Carr, el nuevo presidente (chairman) del FCC, en una carta, dirigida a los directores de Alphabet, Meta, Microsoft, Apple y otros dice: “El presidente Trump ya ha tomado medidas para desmantelar el cártel de la censura (…). En concordancia con el compromiso del presidente Trump con la libertad de expresión, algunos de ustedes (…) se mantuvieron firmes incluso cuando esas olas de censura se expandieron por todo el país (…). Estamos trabajando para garantizar que todos los estadounidenses puedan ejercer su derecho a la libertad de expresión en una verdadera diversidad de puntos de vista”.

Carr añade en otra carta: “Espero que todas las empresas reguladas por la FCC hayan entendido que ha llegado el momento de poner fin a sus insidiosas formas de discriminación DEI (Diversity, Equity and Inclusion)” y “Cualquier empresa que quiera que la FCC apruebe un acuerdo debe poner fin a toda forma injusta de discriminación DEI”. Llamar las políticas que promovían diversidad e inclusión de “injusta discriminación” o decir que se quiere obtener diversidad de puntos de vista” son frases dignas de un lenguaje orwelliano. Un artículo de Tom Wheeler del Brooking Institution, disponible en línea, analiza estas declaraciones en más detalle.

Otras de las medidas contra la libertad de expresión se vuelcan contra el mundo académico, donde uno de los objetivos son las personas o proyectos que hayan de alguna manera defendido la causa palestina. “El secretario de Estado Marco Rubio está poniendo en marcha una iniciativa de ‘captura y revocación’ para cancelar los visados de ciudadanos extranjeros que parezcan haber apoyado a Hamás u otros grupos terroristas, según informan a Axios funcionarios del Departamento de Estado. La iniciativa (…) supone una escalada drástica en la vigilancia por parte del Gobierno de la conducta y el discurso de los ciudadanos extranjeros” (Axios, 6.3.25).

Sobre esta presión sobre las universidades, Larry Summers dice en un artículo (NYT, 03|04|25): “la administración Trump no está actuando de buena fe en su supuesta preocupación por el antisemitismo (…). La verdadera motivación de su ataque a las universidades está sugerida en la declaración del vicepresidente Vance de que ‘las universidades son el enemigo’”.

“Si alguien que está legalmente en Estados Unidos puede ser sacado a la fuerza de su casa por participar en una actividad política protegida por la Constitución, estamos en un país muy diferente del que habitábamos antes (…) de Trump (…). El momento análogo más cercano a este es (el del macartismo), cuando la derecha explotó el miedo generalizado a la infiltración comunista para purgar a los izquierdistas del Gobierno y de las instituciones culturales”. (NYT, |11|03|25).

La semana pasada, Trump resucitó la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798. Esta le otorga autoridad para expulsar a los ciudadanos extranjeros que él designe como “enemigos extranjeros” en caso de guerra o invasión (…). Trump mantiene que el país está siendo invadido por inmigrantes indocumentados y ha comparado el problema con una guerra (NYT |20|03|25).

Además de retirar visados y expulsar a estudiantes que hayan expresado opiniones censuradas, el Gobierno de Trump está tomando acciones represivas contra universidades privadas. Por ejemplo: “Trump ha dado un ultimátum a la Universidad de Columbia, advirtiéndole de que perderá (…) financiamiento federal a menos que ceda el control de su Departamento de Estudios de Oriente Medio, Asia Meridional y África y lo ponga bajo “administración judicial académica” durante al menos cinco años y promulgue amplios cambios políticos. La universidad también debe prohibir máscaras que oculten la identidad en el campus, adoptar una nueva definición de antisemitismo, revisar su proceso disciplinario estudiantil y presentar un plan para reformar sus prácticas de admisión internacional” (Newsweek |14|03|25). Columbia ha cedido a la presión de Trump y, en protesta, un grupo de estudiantes han rasgado sus diplomas de esta universidad.

“Varios historiadores y antiguos profesores afirmaron que la intervención del gobierno federal en un departamento académico de una universidad privada no tendría parangón en la historia moderna de la enseñanza superior estadounidense” (NYT|20|03|25).

Las medidas del Gobierno de Trump van más allá de sus fronteras. “En una carta enviada por la Embajada estadounidense en Francia a empresas francesas, se comunicaba que las medidas del presidente Trump para eliminar las políticas de diversidad, equidad e inclusión se aplicarían a cualquier empresa que hiciera negocios con el Gobierno estadounidense. Les daba cinco días para indicar que cumplirían” (NYT|29|03|25).

Con Brasil, las fricciones van en aumento desde el episodio en que, Moraes, un juez de la Corte Suprema de Brasil, ordenó a X la eliminación de una serie de sus cuentas por difundir noticias falsas, y Musk se negó a hacerlo, acusando a magistrado de actuar sin justificación. En EEUU un fiscal ha iniciado un juicio contra Moraes por atentar con la libertad de expresión de los estadounidenses.

Como si todo esto fuera poco, Trump quiere ir al tercer mandato, prohibido en su Constitución.

“Trump dijo el domingo a NBC News que ‘no estaba bromeando’ sobre la posibilidad de buscar un tercer mandato presidencial, sugiriendo en una entrevista que había ‘métodos’ para eludir el límite de dos mandatos establecido en la Constitución”. Que le pida consejos a Evo.

Estos ejemplos: los intentos de control y censura del FCC contra las empresas reguladas, la censura e intervención contra estudiantes y universidades, la extensión de la censura más allá de sus fronteras y su deseo de extenderse en el poder son ejemplos de un amplio espectro de medidas de carácter autoritario que está adoptando el Gobierno de Trump.

“Nunca he visto nada igual”, dijo Steven Levitsky, coautor de Cómo mueren las democracias”. Agregó: “Hemos visto casos similares en el siglo XXI, como Hungría y Polonia y Turquía, y en muchos aspectos, esto es peor”, dijo. “En estos dos primeros meses (del Gobierno de Trump) han sido mucho más agresivamente autoritarios que casi cualquier otro caso comparable de retroceso democrático que yo conozca”, añadió.

El giro político que está tomando Estados Unidos es asombroso. Los muchos que admiraban ese país por lo que parecían ser sus sólidas tradiciones democráticas están espantados, como cuando se asiste a algo que se desarrolla en tiempo real delante de los ojos y aún así parece increíble.

Sin embargo, esta moneda tiene otro lado. Las medidas son autoritarias bajo una manera de ver el mundo, pero los seguidores de Trump están contentos. Si nos cuesta comprenderlo, hay que recordar que para ellos el calentamiento global, la pobreza y la libertad de todos los colectivos son excesos woke y la muerte de miles de niños africanos por falta de vacunas es un invento de la prensa marxista.

Según ellos, su líder está haciendo que su país sea otra vez grande. “Una gran parte de los estadounidenses cree que el sistema está tan corrompido que se necesita alguien que rompa las reglas”, dice un comentarista en un debate acerca de la percepción que hay de Trump entre sus seguidores. Si este rompe las normas, dicen ellos, hará que su país sea otra vez grande.

Esta es una posibilidad. La otra es que este proceso sea más bien el inicio a la decadencia del Imperio estadounidense. Cuando se escriba la historia de este siglo y ni usted, mi querido lector, ni yo estemos aquí, se lo podrá analizar, como se analiza hoy la caída de los varios imperios de la historia. Quien viva lo verá.



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