08/12/2020
Filia Dei

La singularidad está cerca

Cecilia González Paredes
Cecilia González Paredes

Josefina recibió al cumplir 12 años su primera computadora cuántica, en la que ella puede programar y controlar los cúbits, bits que operan de manera simultánea. Los programas de su novedosa computadora no son parecidos a los que usted y yo estamos acostumbrados a utilizar. A Josefina no le queda más que pasar el resto de sus años, explicando una y otra vez a su mamá Graciela, cómo debe cerrar el programa o cómo lograr imprimir una carta. Y es que  doña Graciela, constantemente se siente desubicada en el manejo de esta computadora. No se asemejan en nada a su antigua HP con chip Core i9.

¿Se sintió identificado? Me sucede de manera regular, tener que recordar a mis padres cómo cerrar una ventana del Windows, o cómo deshacerse de algunos molestos mensajes en sus celulares. Para mí estos aparatos son muy conocidos y aunque no haya tenido contacto con alguno similar, me tomaría un par de horas familiarizarme. Por ejemplo, pasar de manejar un OS a Windows. Incluso Linux no me costaría tanto, como les cuesta a ellos. Yo nací en una época de transición. Dejamos los walkmans y los cassettes para usar CDs y MP3 players. Pasamos de operar computadoras con DOS a operarlas con Windows y de usar Floppy disk a un flash memory.

Toda esta transición ocurrió casi de manera espontánea y simplemente nos adaptamos a operar la nueva tecnología. Lo mismo en el campo científico. El 2005 dio por finalizada la secuenciación del genoma humano, luego de haber iniciado en 1990. Hoy en menos de 1 año se puede secuenciar el genoma completo de alguna planta de cultivo, que tienen muchos más genes que los humanos. Y todo esto, con equipos que se han reducido considerablemente de tamaño.

Hoy tenemos un área que aún parece desconocida en Bolivia.  La bioinformática, existe como carrera, hace más de 10 años en otros países. No son ingenieros informáticos con especialidad biológica o viceversa. Son profesionales, que a la par de entender de genética, síntesis de proteínas, rutas metabólicas, pueden manejar un lenguaje de programación como Python, para generar algoritmos que ayuden a interpretar las largas cadenas de bases de pares que tienen los genes.

Y seguro ha escuchado de Blockchain y piensa que solo se trata de criptomonedas. En realidad esta tecnología disruptiva, sería una bendición para personas como yo, que detestamos los largos y tediosos procesos del aparato público que tenemos. ¿Se imaginan poder compartir un código QR en vez de tener que presentar la “fotocopia legalizada de su título en Provisión Nacional”? Pero esto lograría, que uno no tenga que ir a legalizar algo que ya es legal una y otra vez. ¡Ah! Quizás el personal de administración no está tan contento con esta noticia ¿o sí?

Lo cierto es que de tiempo en tiempo, los humanos hacemos avances acelerados en varios aspectos, antes de llegar a una etapa en la curva sigmoidea, en la que entramos en una fase “estacionaria”, donde los desarrollos no ocurren de manera tan apresurada. Muchas veces estos crecimientos acelerados, provocan un cierto rechazo, temor y hasta ansiedad en cierta parte de la sociedad.

Inicié hace poco la lectura del libro “Singularity is near” - La singularidad está cerca, de Ray Kurzweil. "Singularidad" es un término común entre los físicos teóricos, que lo aplican a una variedad de construcciones aparentemente irracionales, como una masa infinitamente grande comprimida hacia un punto infinitamente pequeño. Kurzweil coopta el término para su propio propósito aquí para significar el punto en el tiempo donde la inteligencia artificial comienza a exceder la inteligencia humana.

Coincido con el autor, en que ahora nuestros padres y abuelos, tienen una dificultad en entender la tecnología que usamos y que es muy probable que dentro de 10 años más, yo empiece a experimentar el mismo reto.

Sucede hoy, con los siempre bien estimados, detractores de los cultivos OGM, que a pesar de haber sido formados en el campo de la ciencia, no logran separar su romanticismo naturalista de la realidad científica de estas herramientas, que cada año necesitaremos más dadas las inclemencias climáticas y las siempre listas plagas de toda índole. Por ahora, no queda más que seguir educando a las nuevas generaciones, que dentro de poco, mostrarán todos los beneficios que podemos tener en Bolivia si dejamos de estancarnos en “como era antes”.

Que la singularidad no nos pesque desprevenidos. No me canso de repetir, que educar a nuestros jóvenes con pensamiento crítico, conocedores del método científico, puede lograr que Bolivia de un salto hacia la innovación y dejar de depender de modelos o tecnologías foráneas.

Cecilia González Paredes M.Sc.

Especialista en Agrobiotecnología