31/03/2020
Filia Dei

Justos pagan por pecadores

Cecilia González Paredes
Cecilia González Paredes

Iniciando la segunda semana de encierro y ahora con medidas draconianas, me senté a revisar cómo fue que llegamos al punto donde ya no puede uno decidir qué día sale a hacer su compra de alimentos y encima a algunas pequeñas mujeres nos tocará cargar los  alimentos para nuestros hogares. Sí, a mí la medida me agarró con dos adultos mayores y la terminación de mi cédula nos dejó con cuatro días de racionar los alimentos de manera muy creativa. Ya ni quiero imaginar cómo les estará yendo a otras familias con situaciones que no encajan en la “normalidad”.

Se supone que debemos manteneros sanos, pero parece que se les olvida que un principio básico es una sana alimentación, la misma que prioriza muchas frutas y vegetales. Por la lista escueta publicada por el municipio de La Paz, puedo inferir, que eso son los productos “básicos” en la alimentación promedio. No sorprende que haya mucha gente enferma en la ciudad. Enfermos con presión alta, diabetes, colesterol alto y más. En casa se come mucho vegetal y fruta fresca. Tampoco tenemos la manía de acaparar alimentos. Por ello la medida del miércoles pasado nos partió por el eje.

Se tuvo que llegar a ese punto, en vista que la población no comprende las recomendaciones mínimas que tuvimos hasta antes del jueves 26. Resultado de ello, ahora el país está prácticamente paralizado. Muchos que no lo ven como la mejor opción y mencionan los casos de Singapur, Taiwán, Japón o Dinamarca. Sin embargo, parece que no reparan en un par de puntos que carecemos en Bolivia.

Singapur por ejemplo, con una densidad poblacional de más de siete millones de habitantes por kilómetro cuadrado (en Bolivia tenemos 10 habitantes por Km2) tenía el escenario perfecto para ser un campo ideal para la transmisión del virus. Sin embargo, ellos ya aprendieron demasiado luego de la epidemia del SARS (2002). Su gobierno tomó tres decisiones básicas para frenar el contagio.

1) Cerró sus fronteras pronto y sobre todo suspendió vuelos con China, a pesar que la OMS indicaba que aún era prematuro tomar esa medida.

2) Realizó un seguimiento riguroso de personas con síntomas o que provenían de China. Lo lograron con ayuda de una aplicación llamada Trace Together, la misma que está a punto de ser open source o código abierto para que más países puedan tomar la iniciativa. Esta app no rastrea a los usuarios a través del espacio, sino que registra con quién se ha encontrado.

3) Muchas pruebas de laboratorio. Este es nuestro punto más flaco. Hasta la semana pasada, solo el Cenetrop estaba realizando las pruebas. Si bien hoy hay seis laboratorios, estos no estaban operativos desde el 8 de marzo y no sé si darían abasto para la cantidad de análisis que se requieren, a fin de ir identificando mejor los casos reales.

Los “rebeldes” en Bolivia, que no comprenden qué es un virus y aún peor, cómo se comporta en particular este, corrieron el rumor de que era un invento. Así la primera medida fue tomada a la ligera.

China también continúa en su “rebeldía” y celebrando que se libraron del Covid19, con la manía que nos condujo a esta situación. Sus mercados de animales están de nuevo en funcionamiento.

A causa de unos inconscientes, faltos de responsabilidad y honestidad, hoy el mundo entero paga los platos rotos. Los que veníamos acatando las recomendaciones para evitar la propagación, sin acumular alimentos groseramente, reduciendo las salidas a la calle, ahora tenemos que ser medidos con el mismo rasero.

Lo peor, es que muchas medidas y protocolos de bioseguridad básicos en nuestra vida, deberán permanecer por varios meses. El reto sigue siendo, como hacer entender a los “rebeldes”, que también deben adoptarlos.

Nuevamente, es en los profesionales jóvenes, en los que encuentro una esperanza. Los que dan su tiempo y conocimiento, sin cálculos políticos ni electorales. Así tenemos varias alternativas tanto para la carencia de equipos (respiradores artificiales) y para el equipo de protección de médicos, así como para recaudar fondos y enseñar sobre estos protocolos.

Queda pendiente el aprender de los países que mencioné, así como el empezar a dar la importancia debida al área científica y sobre todo al área de biotecnología. Esta crisis ¿generará las bases para construir las políticas que contemplen estos dos temas?

Cecilia González Paredes M.Sc.

Especialista en Agrobiotecnología