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03/12/2023
Con la boca abierta

Diecisiete millones de horas invisibles y sin pago

Sonia Montaño Virreira
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"Ama de casa”, así se usa aun en los documentos de identidad y en el sentido común para referirse a la mujer que se ocupa todo el día de preparar y servir alimentos, limpiar la vivienda, lavar la ropa y lustrar zapatos, hacer las compras y administrar el hogar, cuidar de mascotas y plantas; todavía se las llama “población inactiva”, entendida como el grupo de personas en edad de trabajar que no busca ni realiza una actividad económica.

Además de ese “no trabajo”, se ha medido el tiempo que las “amas de casa” destinan al cuidado fisiológico de los integrantes de su familia, o sea dar de comer, cargar o acostar a los niños, conversar, jugar, contar cuentos, medicar, asistir al resto. Además hay que añadir el tiempo destinado al apoyo escolar y a los trámites burocráticos, que por cierto incluyen hacer colas para cualquier trámite.

Gracias a la última encuesta realizada por el Centro de Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), la Encuesta Urbana del Uso del Tiempo (EUT) 2023, cuyos resultados fueron entregados la semana pasada, hoy contamos por primera vez en Bolivia con un estudio de gran calidad técnica que actualiza y le pone cifras a un debate introducido por las feministas de todo el mundo desde antes de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing en 1995 y que revolucionó las ideas sobre el mundo del trabajo y el lugar que en ese mundo ocupan las mujeres.

La encuesta, conducida por la socióloga Silvia Escobar, presenta evidencia sobre los cambios que tienen lugar en la sociedad, pero que aun distan de ser reconocidos en las estadísticas oficiales en las políticas laborales y están aún más lejos de establecer políticas de cuidado.

A la luz de estos conceptos, hoy reconocidos por organismos especializados, en sentido de que el trabajo no necesariamente debe ser remunerado para ser reconocido como tal; la EUT/CEDLA muestra que los hombres participan más y más tiempo que las mujeres en actividades de trabajo remunerado, mientras que ellas, a pesar de querer y de participar en trabajos para obtener ingresos monetarios, duplican el tiempo destinado al trabajo no pago, que incluye además de las tareas domésticas y los cuidados descritos más arriba.

Ellas no dejan de atender las necesidades y demandas de las personas de la familia y hasta de otras familias, sean éstas menores de edad, enfermas, con alguna discapacidad y “adultos mayores”, como se llama eufemísticamente a las viejas y los viejos. La encuesta, además de identificar a quienes necesitan cuidados, nos muestra a quienes cuidan y la manera cómo influye la presencia de hijos e hijas pequeñas sobre el uso del tiempo de las mujeres. Asimismo muestran que quienes merecerían ser cuidados por el estado aun se dedican a cuidar a hijos y nietos.

La encuesta también muestra, por primera vez en Bolivia, que el tiempo total de trabajo destinado por la población de 12 años y más es de 35 millones de horas diarias, de las que 18 millones son para obtener ingresos y 17 millones para realizar trabajos no remunerados. Es decir que la economía y la vida social y familiar se apoyan sobre un volumen de trabajo tan imprescindible como invisible. De ese tiempo, más del 60% corresponde a las mujeres. Mientras que ellos las superan en dos horas en el tiempo destinado al trabajo remunerado, ellas duplican el tiempo destinado a las actividades sin pago.

Las mujeres sufren sistemáticamente una sobrecarga de trabajo doméstico y de cuidado. Esto, que ya es una inequidad, se convierte también en un obstáculo mayor en sus vidas ya que impide que puedan salir a buscar un empleo o capacitarse. Ni hablar del descanso, la recreación o el autocuidado.

Un hallazgo interesante del estudio es que esa mitad del trabajo productivo no remunerado realizado principalmente por las mujeres está invisibilizado en las cuentas nacionales y desvalorizado por la sociedad. Convenientemente, ese trabajo se lo barniza como un acto de amor al que las mujeres están supuestamente obligadas por amor o por fe.

Gracias a estas encuestas y a la creciente importancia de las políticas de género, varios países han puesto en valor el trabajo no remunerado, llegando a estimar que si este tuviera un equivalente monetario podría significar más del 20% del PIB. El dato que aterroriza a algunos es “¿con qué les pagaremos?”, y el que entusiasma a muchos: “así volverán las mujeres a casa” no buscan que se pague un salario al "ama de casa" sino pretende argumentar en favor de políticas que redistribuyan el uso del tiempo entre hombres y mujeres, incluidas las responsabilidades maternales, que ofrezcan servicios de cuidado para niñas y niños, personas con discapacidad y adultos mayores y fomenten la autonomía económica de todas las mujeres, especialmente las que más lo necesitan y que de acuerdo a esta magnífica encuesta son las más pobres.



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