El modelo económico del MAS se encuentra en una fase terminal y para modificarlo existen ciertos condicionantes que son menester tomar en cuenta.
Se trata de un modelo del MAS tributario del periodo neoliberal en su fase privatizadora, que abarcó desde el año 1985 al 2005 y que para su implementación, desde 2006, no obtuvo resistencia económica significativa de ningún sector. En otras palabras, hubo una transición en forma de continuidad y no de confrontación.
Las medidas adoptadas con el Decreto Supremo Nº 21060 lograron frenar la hiperinflación pero el crecimiento proyectado no fue significativo. En los primeros años, el crecimiento del PIB rondó el 3%, mientras que de 1999 a 2004 fue de un 2,3%, el cual fue insuficiente para generar fuentes de empleo formales y niveles de consumo importantes.
Según el Banco Central de Bolivia (BCB), en 20 años del periodo neoliberal, se recibieron desembolsos por 7.310 millones de dólares por concepto de deuda externa, la mayor parte provenientes del Banco Mundial, complementados por el Banco Interamericano de Desarrollo, la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Fondo Monetario Internacional. Estos recursos tampoco generaron un crecimiento significativo para la economía del Estado y de las familias bolivianas.
Las medidas económicas y la implementación del modelo del MAS logro resultados superiores (despilfarrados y corrompidos), con un crecimiento entre el 4% y 4,8% del PIB, debido a la exportación del gas al Brasil y la Argentina, pero también por los precios altos de las materias primas, entre ellas de los minerales y los commodities como la soya. El PIB per cápita de 1988 al 2005 fue de 1.037 dólares, mientras que del 2006 al 2022 fue de 3.691.
El efecto de lo anterior fue la generación de una importante acumulación de capital estatal que incluyó una gigantesca economía informal para que el 80% de la población se dedique al cuentapropismo, trabajen bajo la modalidad del autoempleo, en actividades de servicios y comercio. Este fue el modelo de la acumulación, el derroche y el beneficio de una nueva élite del vivir bien aliada a sectores corporativos beneficiados en primera línea con el modelo como son los cocaleros, cooperativistas mineros, sector financiero y del agronegocio. Todos ellos aprovecharon la bonanza a su manera. Muchos incrementaron su nivel de consumo, pero sin tener una base productiva de respaldo. Otros se beneficiaron de la subvención de carburantes; un tratamiento tributario de excepción (pago de impuestos simbólicos como el Régimen Agropecuario Unificado RAU para campesinos y agropecuarios equivalente al 0,004% de la recaudación tributaria anual); o se favorecieron de la vista gorda del Estado para las actividades ilícitas del contrabando y el narcotráfico.
Interesa considerar que el gobierno transitorio de Jeanine Añez, durante el año 2020, no asumió ninguna medida contraria al modelo económico del MAS, hubo una pacífica continuidad, contando –por ejemplo– a Branko Marinkovic en los cargos de ministro de Planificación y, después, de Economía.
Entonces, tenemos varios condicionantes que deben ser tomados en cuenta para cambiar este modelo económico, entre los importantes:
Se trata de un modelo de acumulación de capital estatal. El actor privado en Bolivia ha sido subsumido por la dinámica estatal, no se prevé a corto plazo que el sector privado vaya a reemplazar al Estado como generador de ingresos, las prioridades de ajuste y acceso a la acumulación de capital por parte de la población deben ser reconfiguradas.
Corresponde producir y para ello se requiere de la gestión del conocimiento en las áreas de digitalización, inteligencia artificial aplicada, en investigación experimental, innovación, investigación y desarrollo a nivel de minería, industria, turismo, agropecuaria, agroecología, por mencionar lo más sustancial.
Para transformar el Estado y el modelo económico se requiere de un diagnóstico multidimensional, su respectiva propuesta y ajustes, dejar de engañar a la gente con promesas de más endeudamiento o que la crisis se resuelve en 100 días.
Apoyarse en el trabajo de las personas, es la fuente fundamental de generación de riqueza y es la base material sobre la que descansa la gestión del conocimiento.