13/01/2020
El Tejo

Radiografía íntima

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco

¿Cuál será la percepción de la gente sobre el papel que cumplimos los periodistas, hombres y mujeres, en esta etapa de nuestra convulsionada vida política?

Es posible afirmar que nuestra visibilidad en la vida de la gente ha aumentado considerablemente. Es que además de trabajar en los medios de comunicación tradicionales participamos activamente en las diferentes redes sociales en las que, a diferencia de lo que sucede en el trabajo cotidiano, podemos involucrarnos en el debate público y no pocas veces muchos caemos en la tentación de no ser buscadores de verdades, sino creernos portadores de la verdad. Para peor, hay una excesiva recurrencia al autobombo.

Pero, cuando hay demasiada exposición, en contrapartida se hace más riguroso el escrutinio púbico… y aumentan las críticas y antes que reflexionar sobre ellas, optamos por blindarnos. Así, se crea un círculo vicioso que gira sin parar: activa participación pública, aumento de crítica, blindaje, descalificación, soberbia…

Si queremos convertir ese círculo vicioso en uno virtuoso, lo que corresponde, creo, es recuperar lo fundamental del periodismo: buscar la verdad para que la ciudadanía esté debidamente informada siguiendo los básicos conceptos éticos y morales que rigen nuestra profesión u oficio.

Sirva este largo prolegómeno para hacer referencia, por un lado, a las denuncias que han surgido sobre atentados en contra de la libertad de expresión y, por el otro, a la aparición en el gremio de aspirantes a Torquemada que lanzan dictámenes de comportamiento y sancionan a quienes ellos creen que lo merecen.

En el primer caso, las autoridades deben saber que la Constitución Política del Estado, la Ley de Imprenta y los Códigos de Ética del gremio están vigentes y en ellos está claramente establecido cómo proceder en caso de que un periodista cometa delitos o fallas de imprenta. Ir por otros caminos es peligroso, como ha sucedido en la gestión del MAS.

No hay que cansarse de recordarles, además, que atacar a los mensajeros es una de las arbitrariedades que más rápidamente aprenden quienes llegan el poder, por lo que el blindarse para resistir esos ataques es una de las acciones que debemos preservar los periodistas.

Una forma de blindarse es, precisamente, que los periodistas, particularmente los que están en ejercicio, no copemos espacios ni ejerzamos funciones que no nos competen ni adjetivemos personas y situaciones en forma arbitraria ni recurramos a fuentes no en función a su leal saber, sino porque respaldan lo que creemos.

Sin duda, la existencia de un periodismo independiente, profesional y comprometido con la búsqueda de la verdad es indispensable para consolidar la democracia o, como ha sucedido, para recuperarla. Esta labor tiene como objetivo central que la ciudadanía esté bien y suficientemente informada para desenvolverse adecuadamente en su realidad.

En definitiva, para garantizar la recuperación democrática del país los periodistas también tenemos que reaprender nuestro oficio en estas nuevas circunstancias, luego de 14 años en los que el centralismo y el secretismo informativo eran la norma y fuimos considerados naturales enemigos del régimen imperante, clasificación que nos obligó a estar siempre a la defensiva.

Hoy debemos recuperar la capacidad de hacer periodismo libre y volvernos a convertir en mensajeros de confianza que buscamos los caminos más seguros y expeditos para que los mensajes lleguen a sus destinatarios sin sufrir cambios de ninguna naturaleza

Juan Cristóbal Soruco es periodista.