31/08/2020
Filia Dei

Lysenkismo a la boliviana

Cecilia González Paredes
Cecilia González Paredes

Trofim Lysenko y sus conceptos no mendelianos para mejorar las plantas de cultivo hallaron el beneplácito de J. Stalin, quien mandó a arrestar a Nikolai Vavilov en 1941 y que luego de cambiar la sentencia de muerte a una de arresto por 20 años, murió de hambre en 1943. En 1965, Khrushchev retiró a Lysenko como director del Instituto de Genética de la Academia Soviética de Ciencias, tras haber obstaculizado el progreso científico y agrícola de la URSS.

Vavilov realizó muchos viajes y esto le llevó a formular que el centro de origen de una planta cultivada se encontraría en la región en la que los parientes silvestres de la planta mostraran la máxima adaptabilidad. Finalmente, propuso 13 centros mundiales de origen vegetal y hoy, muchos que hemos tenido el gusto de indagar más en estos parientes silvestres de cultivo, reconocemos el aporte de este investigador.

Sin embargo, a Lysenko ¿quién lo recuerda? Con Stalin se convirtió en director del Instituto de Genética de la Academia de Ciencias de la URSS (1940-1965) y presidente de lo que alguna vez fue la poderosa Academia de Ciencias Agrícolas de toda la Unión comunista. Para 1948, se prohibió la educación y la investigación en genética estándar y varios científicos fueron arrestados o murieron por causas no reveladas.

Inevitablemente, pienso en este antagonismo, cuando leo o escucho algunas frases, que bien entran en la clasificación de oximorón. “No estoy en contra de la biotecnología, solo del uso de transgénicos… ‘asociados’ con agroquímicos”, o “Los transgénicos son una pequeña parte de la biotecnología”. Y no faltan los desubicados que confunden accesiones de un banco de germoplasma, con variedades o razas de una especie de cultivo.

Rusia sigue calificando a los OGM como parte del capitalismo y tal parece que los que formulan las frases mencionadas, siguen los pasos del camarada. Antes de continuar, hay que recordar un dato sobre Rusia y su producción agrícola: continúan importando aceite de la semilla de soja, así como aceite de la semilla de canola. Los mayores productores para estos dos productos, siguen siendo países donde los OGM están aceptados para su consumo y para su producción.

Para el que no sabe sobre producción agrícola, sueña desde la comodidad de su casa, que la agricultura no se asocia a los agroquímicos. No puedo ni imaginar la cara que pondría de saber que los productores, a los pies del Illimani, les llaman “medicina” a los plaguicidas que usan para sus cultivos de hortalizas. Asumo, que nunca han visto los envases vacíos, y muchas veces con etiquetas adulteradas, de los fungicidas que usan los productores de papa, para pelear al hongo conocido como tizón tardío. Los plaguicidas, no son de uso exclusivo de cultivos OGM.

Bangladesh ha logrado reducir el uso de insecticidas en el cultivo de la berenjena, que para ellos es producto de alta demanda. No lo digo yo, puede consultar aquí y aquí.

Y el segundo oxímoron, realmente es un clásico del que no hizo su tarea. Las terapias génicas, están revolucionando la medicina. Utilizan la transgénesis. La insulina para diabéticos, es también producto de la transgénesis. Una cantidad que no imagina de aditivos alimentarios, incluidas muchas vitaminas, son producidas por… ¡SÍ! Transgénesis. Es más, varias de las vacunas que están a punto de salir al mercado contra el Covid19, y muchas que ya se usan hace años, también son hechas con transgénicos. ¿Sus jeans? También están hechos con algodón transgénico.

El detergente que usa, si dice algo como “perlas limpiadoras” o “enzimas limpiadoras”, no es cuento. Y de dónde cree que salen esas enzimas, que nos han librado de seguir usando compuestos fosforados más contaminantes… ¡transgénicos!  Y es que la tecnología del ADN recombinante, ha revolucionado nuestra vida, sin que nos demos cuenta. Está más presente y ha sentado las bases para la biotecnología moderna.

No vaya a ser que por unos lysenkistas en Bolivia, generemos otro retraso de 10 o 20 años en un área que tiene potencial y está impulsando a muchos países, incluso a plantearse un modelo de bioeconomía para su desarrollo, como hace poco lo anunció Costa Rica.

Los biotecnólogos bolivianos, dentro y fuera del país, siguen demostrando todo lo que se puede desarrollar, y muchos ya lo hacen fuera del país. Ahora toca construir en Bolivia, educar a la sociedad y generar una política que impulse este sector para beneficio en todas sus aplicaciones: medicina, agrícola, industrial y hasta ambiental.

Cecilia González Paredes M.Sc.

Especialista en Agrobiotecnología