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25/02/2023
Cartuchos de Harina

Evo y sus uniformados “camuflados”

Gonzalo Mendieta Romero
Gonzalo Mendieta Romero

El carnaval fue avaro en noticias políticas. De no ser por Evo, habríamos sido condenados a la abstinencia. Pero claro, la aparición dominical de Evo revela un oficio que contrasta con el de sus detractores. Ellos son menos dados a ocupar su tiempo libre en la política, aunque hablar más no implique siempre acertar.

Evo dijo que se reúne con militares y policías activos y pasivos para armar su plan del posbicentenario. Según Evo, militares y policías participan de esas reuniones de manera “camuflada” y “reservada”, se entiende que para evitar sanciones. En buenas cuentas, Evo confesó que hay militares y policías que incumplen la regla primordial de su servicio activo, que es no involucrarse activamente en la política partidaria. Encima, quien los incita a evadir el brazo de la ley es nada menos que el locuaz expresidente.

Luego de eso, en una rara ocasión en la que los opositores no llevan la posición defensiva, Manuel Morales del CONADE acusó a Evo de admitir de ese modo los preparativos de un golpe. Y aunque la palabra golpe se usa en Latinoamérica con derroche, justo ahora que no hay tanques en las calles volteando presidentes (Franz Barrios dixit), el dirigente del CONADE advirtió una grieta simbólica en la alocución descuidada de Evo, y comenzó a hurgar en ella. La palabra golpe tiene el aire pecaminoso dejado por las afirmaciones de Camacho sobre la labor de su papá en 2019, y a nadie le conviene estar -públicamente- cerca del pecado. El marco comunicacional abierto por Evo le fue francamente perjudicial.

Más allá de las retractaciones desordenadas de Evo, cuyo reflejo es siempre el contrataque y la invectiva cuando se ve cercado, se trata de una de las escasas ocasiones en las cuales la oposición tiene la iniciativa discursiva. Normalmente, la oposición está reducida a justificarse o a quejarse de los abusos del MAS, la mayor parte reales y otros -pocos- no tanto. Es infrecuente que la oposición ponga a los líderes del MAS a explicarse o complicarse. El tema da para más tela que cortar, pues, para empezar, habrá que saber quiénes son los militares y policías que se pasan por el forro las normas para hacer política y, tal vez, frotarle el lomo al expresidente en el Chapare.

Es como para recordar otras ocasiones en las cuales la explicación de Evo y sus allegados pudo complicarles la vida, pero no ocurrió, a falta de quien tomara las riendas del discurso opositor. Se me viene una que está fresca en términos conceptuales, aunque no temporales: cuando se abrieron los casos “Golpe I” y “Golpe II” hubo un efímero debate público sobre la pertinencia de que las supuestas víctimas declarasen. Habría sido esclarecedor escuchar, por ejemplo, lo que tuvieran que decir Evo y Álvaro sobre esos días cruciales de noviembre de 2019, en vez de que nos enterásemos de sus quehaceres por medio de portavoces oficiosos como Alfredo Serrano Mancilla.

Recuerdo que cuando ese debate tuvo lugar, García Linera se pronunció, incómodo y escéptico, sobre la posibilidad de ir a declarar. Una cosa será contar las cosas a través de canales controlados y domesticados como el de Serrano Mancilla, y otra hacerlo in extenso, oficialmente y ante los siempre impredecibles fiscales. Quién sabe cómo podrían usar esas declaraciones luego.

De ahí que es de anotar el instinto de Manuel Morales porque le da iniciativa, requisito indispensable de cualquier oposición que busque avanzar terreno y no limitarse al Muro de los Lamentos. Al grado que, volviendo a las incidencias de 2019, a uno le llama la atención cómo ni siquiera los que están presos a raíz de los hechos de ese año han insistido en que Evo y Alvaro declaren. Porque si existió un golpe, habría que saber cómo lo vivieron los afectados y cómo, y por qué, por ejemplo, decidieron las renuncias de Adriana y el resto. Pero tal parece que a Camacho y a otros no les concierne incomodar a Evo y a su séquito. Mejor, así estos últimos viven más tranquilos en chispeantes reuniones programáticas con uniformados “camuflados”.

Gonzalo Mendieta Romero



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