14/09/2020
Encuentro Sagaz

Encrucijada china y la "diplomacia de la deuda"

Lorena Choque Flores
Lorena Choque Flores

En la última década los países de América Latina han contraído diferentes deudas de manera bilateral y ante organismos multilaterales. El año 2018 la deuda de los países emergentes y en desarrollo alcanzaba la suma de 55 millones de millones (billones) de dólares; según el Banco Mundial, los países latinoamericanos más endeudados eran Venezuela, Argentina y Brasil, mientras que Bolivia se encontraba en el octavo lugar hasta el año 2018. Ese mismo año Venezuela dejó de pagar su deuda, siendo China el único país que le estaba prestando dinero. Desde el año 2005 China ha realizado varios préstamos a Venezuela y a otros países de América Latina para la construcción de diferentes proyectos en infraestructura y energía, siendo así que hasta el 2017 Latinoamérica tenía una deuda con China de aproximadamente 150.000 millones de dólares.

En el caso de Bolivia, la deuda externa a marzo de este año ascendía a un total de 11.267 millones de dólares, siendo 1.490 millones la deuda contraída a nivel bilateral. De este promedio la deuda con China asciende a más de 1.045 millones. Bolivia es uno de los países, junto con Perú, en la región andina, que tiene la deuda más baja con China. Sin embargo, el año 2018, a través del boletín de la Fundación Solón, se mostraba que esta deuda era la que más crecía. Solo en el periodo de 10 años, en Bolivia, la deuda creció 12 veces, de 82,2 millones de dólares en 2010, a 965,8 millones en 2019 y a 1.045 millones a marzo de este año.

A través del Banco de Desarrollo (CDB) y del Banco de Importaciones y Exportaciones de China (EXIM) desde el año 2009 Bolivia ha adquirido nueve préstamos, el año 2009 adquirió un préstamo de 60 millones de dólares para la construcción de redes de gas doméstico y plataformas de perforación petrolera. El 2010 se otorgaron 251 millones de dólares en calidad de préstamo para la compra del satélite Túpac Katari. Mientras que el 2011 se ha adquirido un préstamo de 300 millones para temas de infraestructura y compra de helicópteros. Asimismo, en 2012 se compraron 2.000 autobuses chinos con un préstamo de 100 millones de dólares. El año 2015 se adquirió un préstamo de 1.279 millones para la construcción del camino Rurrenabaque-Riberalta, la carretera la Doble vía El Sillar y la construcción de otros tramos. Finalmente, el año 2016 el proyecto siderúrgico del Mutún y los proyectos de seguridad ciudadana demandaron el préstamo de 409 millones de dólares.

Los proyectos realizados se han sujetado a una serie de condiciones como que se contraten a empresas chinas para su ejecución y con ello se promocionen aún más las importaciones de bienes de capital de ese país. Estos préstamos generan que China tenga una influencia política y social sobre el país y que por tal se conviertan en socios preferenciales para la explotación de los recursos naturales. Algunos han denominado a este tipo de estrategia la “diplomacia de la deuda” mediante la cual países como China dan préstamos rápidos a cambio de ganar influencia y poder geoestratégico.

Frente a este escenario de deuda y los estragos económicos que está causando la pandemia de COVID-19, se ha planteado que la deuda sea condonada o reprogramada ya que difícilmente los países podrán continuar con sus obligaciones financieras. El gasto público se ha incrementado en los últimos trimestres por la necesidad de contar con insumos sanitarios. Esta situación está lejos de cambiar en el corto plazo, en el que se prevé que la economía se contraerá aún más y donde la CEPAL advierte que los países entrarán a escenarios de “economías de guerra”. El Banco Mundial ha previsto para Bolivia una caída del 5,9%, lo que sumirá a varios/as en la pobreza. De cara a este panorama pagar la deuda externa será insostenible.

Es cierto que las deudas que ha contraído Bolivia junto con otros países latinoamericanos, frente a organismos multilaterales y bilaterales son de larga data. Desde 1970 hasta la fecha, Latinoamérica tiene un largo historial de préstamos, caracterizados porque de 1970 a 2009 estos han terminado en crisis financieras, basta ver el caso de Argentina. Sin embargo, ahora el contexto es diferente ya que atravesamos por una crisis multidimensional que lejos de terminar podría extenderse por décadas. Por esa razón, países como Kirguistán, Sri Lanka, Camerún, Congo, Pakistán, Ecuador, entre otros ya han reprogramado su deuda con China, en el caso de Ecuador se diferirá los pagos por quince meses. Al respecto, debemos preguntarnos ¿qué medidas está tomando el gobierno boliviano para reestructurar o prorrogar los pagos? sabiendo que China difícilmente condonará la deuda.

Lorena Choque Flores es politóloga, candidata a magister en Diplomacia y Relaciones Internacionales. Twitter: @LorenaWendyCh