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Guata regua (caminante) | 24/03/2025

Debatir o no debatir, he ahí la cuestión

Hernán Cabrera
Hernán Cabrera

Bolivia es uno de los pocos países que no debate de forma abierta y democrática sus problemas. El más fuerte quiere imponer o negociar a cambio de algo. O sea, el poder político mueve todos los hilos para imponer su verdad, sus programas. En el Estado Plurinacional, que ahora está en un proceso electoral, lo que menos ha existido ha sido el debate de las ideas, confrontar los argumentos entre quienes dicen representar al pueblo y sus sectores.

Diferentes organizaciones de derechos humanos, de periodistas, medioambientalistas y plataformas ciudadanas vienen exigiendo al Tribunal Supremo Electoral y a los candidatos que se ejerza el derecho que tiene el votante de escuchar sus propuestas, pero en un ambiente de debate amplio, no de un monólogo o de entrevistas largas de un solo candidato. Sino enfrentar ideas, debatir propuestas, argumentar de forma pública y respetuosa a los que aspiran llegar al sillón presidencial.

Chile, Brasil, Uruguay, Estados Unidos y México han dado ejemplos de lo que es el debate entre los candidatos, de lo que es asumir este reto político, no en función de sus propios intereses, sino frente al pueblo, que tiene todo el derecho de recibir información, comparar propuestas, enriquecer sus opciones y poder decidir por quién votar el 17 de agosto de 2025.

Pero en Bolivia lo que menos se practica es el debate de las ideas, y mucho más de los políticos, que creen que solo cada uno, a su estilo y capacidad, tiene la razón y es la solución a los problemas. Tanto el MAS, que disputará quedarse en el poder en sus versiones, se ha enfrascado en una dura guerra sucia entre los militantes y sus líderes: Evo Morales y Luis Arce; y en la oposición, cuyos protagonistas no han hecho nada más que lanzarse insultos de todo calibre, para luego cruzar ríos inmundos de basura y de odio, y al final abrazarse en una alianza.

Esto llevó al empresario boliviano Marcelo Claure, que está muy interesado en la política boliviana y está impulsando derrotar al MAS, además de ser el financiador de una encuesta electoral, que seguramente apoyará al que salga ganador de la misma, a clamar que se acaben las agresiones verbales: “Sin unidad y a los insultos, no llegarán muy lejos”. Mientras más suba el tono de la guerra sucia entre los opositores, más fácil para el MAS llegar a las elecciones con fuerza.

El ejercicio de la política siempre ha sido guiado por la premisa de que al enemigo hay que destruirlo, aniquilarlo, dejarlo fuera de juego, y para ello se recurre a la guerra sucia en todos los niveles y así no tener contrincantes en el proceso electoral. Y lo que no hacen los que buscan el poder es tener la capacidad y la responsabilidad de mirarse de frente y, en una mesa democrática, encarar sus ideas y propuestas, realidad que esperamos se pueda concretar antes del día de las elecciones. Además, este evento político del debate es una gran necesidad y pedido de la ciudadanía.

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, nos dice con humor Groucho Marx, actor y cómico norteamericano. Lo que se aplica a la realidad de la política criolla.

En la Asamblea Legislativa Plurinacional ya han demostrado reticencias al tratamiento de una ley que obligue al debate entre los candidatos, bajo el argumento de las sanciones que se quieren implementar. Desde el lado de la gente de Evo Morales, señalaron que lo que buscan con los debates es “vapulear al candidato, por lo que no pensamos asistir”.

El político o la autoridad electoral que no viabilice los debates democráticos no solo se burlará del sentimiento colectivo, sino que le dará un golpe bajo al sistema democrático, el mismo que debe fortalecerse precisamente con espacios de confrontación de argumentos y de las políticas. Ante esto, el periodismo tiene una gran oportunidad de erigirse como el árbitro o el propiciador de este instrumento tan necesario y urgente para el país: el debate, que hasta el momento ha sido el gran ausente, no solo en la actualidad, sino en todos los procesos electorales normalizados a partir de octubre de 1982. Ni los liberales, ni los neoliberales, ni los socialistas, ni la izquierda, ni la derecha ni los extremistas han tenido la voluntad de mirar al país en esta forma democrática de conquistar votos, enriquecer y alimentar la información política, la misma que se ha convertido en un elemento vital e imprescindible. Empédocles decía que el mundo estaba construido por la combinación de cuatro elementos: aire, tierra, fuego y agua. La información se tornó tan abundante que constituye, de alguna manera, el quinto elemento de nuestro mundo globalizado.

Es también responsabilidad del ciudadano ser parte de esta necesidad política, activando todos sus instrumentos de expresión, opinión y participación para exigir y concretar la realización de los debates entre el conjunto de los candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia que queden oficialmente inscritos en la papeleta electoral.

Los candidatos se harán más transparentes y coherentes debatiendo sus programas y sus visiones de la Bolivia que quieren construir. Serán más íntegros dando la cara y hablándole al país el por qué y para qué quieren gobernarnos. Si no lo hacen, nuestro voto será la respuesta.

¡Los debates fortalecerán a la democracia y le inyectarán calidad y credibilidad al proceso electoral!



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