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11/11/2023
Más allá del simulacro

Correa y Morales, la importancia de pasar la página

Sofía Cordero Ponce
Sofía Cordero Ponce

Brújula Digital se complace a la darle la bienvenida a la politóloga ecuatoriana y docente de posgrado Sofía Cordero Ponce. Se suma desde hoy al cuerpo de columnistas del portal.

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Ecuador y Bolivia comparten hoy algo en común: dos líderes políticos que se niegan a reconocer que su tiempo terminó y que con su actitud amenazan las democracias que tanto dicen defender.

En 2017 Lenin Moreno recibió el encargo de continuar con la “revolución ciudadana” una vez que Rafael Correa decidió no postularse a una cuarta gestión consecutiva. A pesar de que el Presidente había allanado el camino para una nueva postulación, con una enmienda constitucional que posibilitó la reelección indefinida, la caída de su popularidad lo puso frente a la posibilidad de no vencer en primera vuelta. Lenin Moreno no cumplió con la tarea encomendada y más bien se enfrentó s Correa. Desde entonces, exfuncionarios y colaboradores del régimen correísta se encuentran en el exilio, escapando de condenas de prisión por participar en actos de corrupción. El expresidente Correa está en Bélgica.

Las dos campañas presidenciales posteriores, y un gobierno que no culminó su gestión, sirven para evidenciar la influencia del líder de la “revolución ciudadana” en el escenario político del Ecuador. Andrés Arauz, en 2021, y Luisa González, en 2023, serán recordados como los candidatos colocados allí para cumplir la principal consigna del líder: evitar, ante todo, una nueva “traición” como la de Moreno. Luisa y Andrés demostraron cabalmente su poca autonomía, su escaso carisma y una infinita lealtad a Correa. Al presidente Guillermo Lasso, por su parte, le correspondió conocer las capacidades de boicot y bloqueo del correísmo en la Asamblea Legislativa. Un primer intento de juicio político en 2022 y otro en 2023 llevaron al presidente a optar por la “muerte cruzada” poniendo a disposición su cargo y disolviendo la Asamblea para convocar a elecciones anticipadas.

La campaña electoral más violenta de la historia se inició entonces en agosto de 2023, con el asesinato del candidato a la presidencia Fernando Villavicencio, uno de los más fuertes detractores del régimen correísta. El inesperado triunfo en la segunda vuelta del hijo del empresario bananero Daniel Noboa, con 51,8% de votos, frente a Luisa González con el 48,2%, no fue bien recibido desde Bélgica: “Patria querida, patria grande: esta vez no lo logramos. Enfrentamos poderes enormes. Hasta se asesinó a un candidato para evitar nuestra victoria. La traición de Lenin Moreno sigue causando estragos”.

En Bolivia, la debacle de Evo Morales empezó con el triunfo del No en el referéndum de febrero de 2016, cuando se cerraron las posibilidades de viabilizar su cuarta postulación a la presidencia. Las múltiples estrategias que se utilizaron para su participación en las elecciones de 2019 minaron no sólo la legitimidad del líder sino la del MAS, al poner en cuestión su vocación democrática. Tras dos campañas electorales y tres años de gobierno de Luis Arce, también podemos vislumbrar qué tipo de influencia ejerce Morales en la política boliviana.  

Su presencia como jefe de campaña en las elecciones generales de 2020 lejos de funcionar como un puente entre las tendencias que desde 2019 habían entrado en conflicto dentro del MAS, agudizó las diferencias. La definición del binomio de Luis Arce y David Choquehuanca desde una cúpula atrincherada en Buenos Aires tendría sus consecuencias más tarde. Vale recordar también que, en las elecciones subnacionales de 2021, la presencia de Morales ahondó el divorcio entre las cúpulas directivas y las organizaciones sindicales. La expulsión del MAS de Eva Copa por discrepancias con Evo Morales y el posterior triunfo de esta en la Alcaldía de El Alto con el apoyo de Jallalla, evidenció la incapacidad del instrumento político de dar paso a nuevos cuadros.

El anuncio de la candidatura de Morales en septiembre de 2023 se constituye como una declaratoria de guerra al interior del instrumento político: “Hemos comprobado cómo el Gobierno y la extrema derecha separatista coinciden en oponerse a esta candidatura promovida por el pueblo”, dijo. El escenario de confrontación se ha agudizado luego de que Luis Arce y David Choquehuanca fueran expulsados del MAS en el último congreso celebrado en octubre. A pesar de aquello, Morales en el cierre del evento afirmó: “Seguimos haciendo historia nacional e internacional. El MAS va a recuperar la revolución para salvar la patria nuevamente”.

Correa y Morales, dos líderes de la izquierda latinoamericana, se resisten a pasar la página. Ambos defienden sus agendas personales, uno desde el exilio y el otro atrincherado en la presidencia de un partido. Se han convertido en una amenaza para la estabilidad democrática de sus países, pero para ellos, su retorno es la única forma de salvar a la patria. 

Sofía Cordero Ponce es politóloga ecuatoriana, docente de posgrado.



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