BBC Mundo | 26/06/2020

Mafia en Italia: las 4 vidas de Piera Aiello, la mujer que vivió sin rostro durante 3 décadas por enfrentarse a la Cosa Nostra

Mafia en Italia: las 4 vidas de Piera Aiello, la mujer que vivió sin rostro durante 3 décadas por enfrentarse a la Cosa Nostra

Piera Aiello fue elegida diputada del Parlamento italiano en marzo de 2018.

BBC News Mundo  |26|06|20|Angelo Attanasio


Piera Aiello aún no lo sabe pero su primera vida está a punto de acabarse. Son las nueve de la noche del 24 de junio de 1991. En este preciso momento está trasteando en la cocina de su restaurante.

Tiene 23 años, una niña de 3 que duerme en casa con sus abuelos y un marido, Nicola Atria, a quien dentro de pocos minutos asesinarán delante de sus ojos.

En la terraza de la pizzeria Europa, que Piera regenta con su esposo, el verano aprieta y el bochorno empaña los rincones del pueblo de Montevago, 20 calles y una catedral enroscados en el valle del Bélice, ubicado en el interior occidental de Sicilia.

No cuenta con el encanto de los templos griegos de Agrigento, los edificios elegantes de Palermo, ni el agua turquesa de Marsala o Trapani, y pocos fuera de Sicilia supieron de su existencia hasta 1968, cuando un terremoto borró del mapa varios municipios de la zona y a centenares de sus habitantes.

El nombre del Bélice se grabó entonces en la memoria colectiva del país y, por la lentitud en la reconstrucción, la corrupción y los intereses poco transparentes que quedaron patentes en los años siguientes terminaron asociándolo irremediablemente a dos palabras: Cosa Nostra.

Pero Piera no piensa en nada de esto mientras sigue ajetreada en la cocina de su pizzería. Le preocupa más atender rápido a su hermana embarazada, que está en la terraza con otros clientes.

De repente, escucha la cortina de mimbre de la cocina moverse.

Se da la vuelta y ve a un hombre con una capucha en la cabeza: viste un traje de camuflaje, huele a gasolina y lleva una escopeta recortada en la mano.

Es de baja estatura y avanza hacia ellos.

Lo reconoce.

"¿Qué está pasando?", grita, el hombre apunta, su marido la empuja contra la pared, "No toques a mi mujer", entra otro hombre, mucho más grande, también con escopeta, el dedo sobre el gatillo.

Piera da un brinco, le agarra la culata, está caliente, huele a gasolina, detrás de ella escucha dos explosiones, sus manos arrancan la culata, el hombre se libera, la bloquea contra el fregadero, con la otra mano dispara, ¡pum!, ¡pum!

Su marido grita. Se cae al suelo.

El aire de la cocina no huele a otra cosa que a pólvora y gasolina.

Nicola está muerto.

***

"Tienes una sensación fea cuando los asesinos se van", me dice 29 años después de aquel crimen Piera, ahora diputada, mientras se recuesta en su butaca del despacho que comparte con un colega en la capital italiana.

Carraspea.

"Sientes alivio, porque has sobrevivido. Pero al mismo tiempo sientes un vacío. ¿Sabes cuando algo te succiona? ¿O cuando te bajas de un tiovivo que se mueve para arriba y para abajo? Bueno, esa es la sensación cuando presencias un homicidio".

Su asistenta abre de par en par las ventanas de la oficina. El aire está impregnado de humo de cigarrillo.

Por las persianas no entra ni un rayo del seco sol de principio de marzo que ilumina una Roma sumida en la crisis por el coronavirus.

Al fondo de la calle se adivinan las esbeltas líneas del palacio Montecitorio, la sede del Parlamento italiano y también del lugar de trabajo de Piera desde que, hace dos años, empezara su cuarta vida.

"Ahora que soy diputada fumo como un carretero", me confiesa, y larga una carcajada.

LA PRIMERA VIDA: LA VIOLENCIA DE LA MAFIA

Piera Aiello ilustración 1

En su primera vida, Piera se llama así, Piera Aiello, un nombre que perderá y no recuperará hasta su cuarta vida. Pero eso vendrá después.

Ahora es una adolescente en Partanna, el pueblo de Sicilia en el que nació en 1967, que dejó junto a su familia pocos meses después, cuando el terremoto lo arrasó, para embarcarse rumbo a Venezuela, y al que regresaría cinco años después.

Con la pubertad confundiéndole los deseos, en ese pueblo siciliano que nada tiene que ver con la Venezuela de la que su familia volvió con más dinero, unas palabras de español y una niña más, Piera comprende tres cosas.

Que en Partanna no está bien visto que las chicas expresen sus pensamientos.

Que, como en muchas otras aldeas de la isla italiana, hay dos guardianes veteranos que patrullan las calles y castigan a los ciudadanos rebeldes: el miedo y la omertà.

Empiezan a salir juntos -"con la aprobación previa, ¡claro!"- de sus respectivas familias.Don Vito Atria tiene una hija más pequeña que Piera, Rita, y un hijo algo mayor, Nicola, que se enamora de ella.

Pero los modales posesivos de Nicola, sus continuas infidelidades y las zalamerías que la gente del pueblo dedica a Piera por ser la nuera de Vito Atria la convencen de interrumpir la relación.

***

"A Nicola no le afectaba mucho, pero su padre no podía aceptar esta afrenta", me explica ahora en su despacho de Roma.

"Al cabo de una cuantas semanas, Don Vito vino a mi casa y me dijo: 'A mí no me importa si lo haces sufrir durante un mes, dos meses, un año, 10 años… pero al final, tú serás mi nuera. Porque todos tenemos una familia a la que queremos'".

Hace una pausa y se abalanza sobre el escritorio. Luego sigue.

"Prácticamente, me estaba amenazando. En esos años en Partanna se mataba por mucho menos, incluso por una mirada equivocada", recuerda.

"Esa fue la primera encrucijada de mi vida".

***

Piera tiene 18 años y cuatro meses cuando se casa con Nicola.

Nueve días después de la boda, el 18 de noviembre de 1985, mientras la pareja está de luna de miel, le comunican que Don Vito Atria "ha tenido un accidente".

Ese accidente es un ¡pum! que, claramente, nadie ha visto ni oído.

Delante del cadáver de Don Vito, tendido sobre el mármol blanco de la morgue, Nicola Atria grita la promesa que será su condena: "Quien haya matado a mi padre lo pagará con sangre".

Entre 1983 y 1997, en Sicilia se registraron 1.464 asesinatos por mafia, según la oficina italiana de estadísticas (ISTAT). Solo en la provincia de Trapani, a la que pertenece Partanna, entre 1983 y 1993 hubo 88 homicidios mafiosos.

En esos años se llevó a cabo una sanguinaria guerra entre los distintos clanes por el control del tráfico internacional de drogas y armas.

Según las autoridades, Vito Atria fue víctima de un ajuste de cuentas. Sin embargo, nunca se llegó a encontrar a los responsables.

En los años siguientes al asesinato de su suegro, Piera intuye tres cosas.

La primera, que su marido trapichea con los traficantes locales de droga.

La segunda, que será difícil liberarse de las violencias de Nicola.

¿Que ella quiere presentarse a las oposiciones a policía? Él le propina una paliza.

¿Que le tira los alijos que guarda en casa? Paliza.

¿Que no quiere hacer las cosas que él le impone, "como su padre había hecho con su madre"?. Paliza.

¿Que le dice que quiere una niña y no un varón? Paliza.

***

"No perdía ninguna oportunidad por mortificarme como mujer con pensamiento propio", me cuenta.

"Una vez empezó a darme patadas en la barriga. Yo estaba embarazada de ocho meses. Pensaba que íbamos a morir el bebé y yo".

Pero el bebé nació, una niña.

Las tradiciones exigían que se llamase como su suegra; es decir, Giovanna.

Pero Piera decidió desafiar a la familia Atria.

- "¿Por qué lo hiciste?", le pregunto.

"No quería doblegarme solo porque me lo dijeran ellos. Aunque sabía que eso iba a tener consecuencias. Y, de hecho, las tuvo".

- Pero ¿por qué llamaste a la niña Vita María?

"'Vita' porque esa niña le ha dado un sentido a mi vida", me contesta. "Y María porque yo le rezaba a la Virgen para que fuera niña, para que no siguiera los pasos de su padre y de su abuelo".

***

En esos años hay otra persona en la familia de su marido que marcará su destino para siempre.

Se trata de Rita Atria, la hermana adolescente de Nicola, con quien entabla una relación íntima y de confianza mutua.

La tercera cosa que Piera intuye a estas alturas es que su marido está buscando a los asesinos de su padre y que ha conseguido bastantes indicios para saber de quién se trata.

Pero el código de honor de la mafia le prohíbe siquiera hablar con los sbirri.

Durante esos dos años y medio no salió del monasterio más que para acudir a los juicios.Eso que Piera -los dedos entrelazados, la mirada baja sobre el escritorio de formica- llama su "metamorfosis" duró hasta 1995.

Por otro lado, aunque hubiera querido hacerlo, tampoco hubiera podido ir a ningún lado, porque no tenía un nombre con el que vivir: Piera Aiello ya no podía existir pero, al mismo tiempo, tampoco había otro que lo sustituyera.

"¿Cómo haces para explicarle a la gente que no existes?", me pregunta.

"No podía inscribir a mi hija de 6 años en el colegio. Si iba al médico, tenía que dar el nombre de otra persona".

***

Ese limbo en el que Piera vive su segunda vida durará seis años.

Cuando le entregan su nueva identidad, en 1997, hace ya un año que ha salido del programa de protección de testigos.

Así empieza su tercera vida: con un nombre nuevo que casi nadie sabe, en una localidad que casi nadie conoce.

LA TERCERA VIDA: DOS EXISTENCIAS PARALELAS

Piera Aiello ilustración 3

La tercera vida de Piera es un cara o cruz constante. Pero es ella, no el azar, quien decide cuándo lanza al aire la moneda y de qué lado la deja caer.

Cuando apuesta por la cara, cede su rostro a su nueva identidad y a su nueva vida privada.

Con un nuevo nombre, se muda a una localidad protegida, empieza a trabajar, conoce a un hombre, se enamoran.

Esta vez no serán sus padres quienes autoricen la relación sino la policía, que se encarga de escudriñar sus nuevas interacciones sociales.

Una vez obtenido el visto bueno, ella le revela la otra identidad que esconde su rostro, él no se amilana y en 1999 se casan.

Piera da a luz a otra hija, a quien decide no contar ni su pasado ni el nombre con el que lo vivió.

Cuando esa niña descubra quién era, quién es o quién será su madre -y esta vez sí será el azar el que juegue con ellas-, será casi mayor de edad y Piera estará a punto de empezar su cuarta vida.

Pero, de momento, para ella es mamá y punto.

Ni se imagina que la moneda de su madre también tiene una cruz.

Esa cruz son su experiencia pasada, los recuerdos y memorias que Piera empieza a contar, ahora sí con su verdadero nombre, en encuentros públicos cada vez más frecuentes.

Es lo que ella define como su "misión": visitar las escuelas de todas las regiones de Italia para explicar a los estudiantes cómo es el rostro de la mafia. Ella, que no puede mostrar el suyo.

Y en 1995 Piera empieza a involucrarse en el movimiento civil contra la mafia a través de la Asociación Rita Atria, fundada un año antes por Nadia Furnari, una activista política siciliana.

***

Conoció a Furnari cuando aún se estaba "quitando de encima el moho del convento", me confiesa Piera, socarrona.

"Imagínate que en esos años no sabía quién era Berlusconi. Lo vi por la tele y me pareció un tipo hasta simpático", cuenta entre risas ahora, en su cuarta vida, la de diputada del Movimiento 5 Estrellas.

Ese movimiento político, fundado en 2009, siempre le reprochó a Berlusconi su cercanía política y personal con personas ligadas al entorno mafioso.

"Se nota que en aquel entonces aún no entendía nada de política", me dice soltando una carcajada.

***

Nadia Furnari la acompaña en sus conferencias, la introduce en el mundo del activismo contra la mafia, la ayuda a acabar el instituto, hace de portavoz cuando Piera no puede desplazarse por razones de seguridad.

Las dos mujeres se implican también en una campaña para aprobar una ley que ampare a los testigos de justicia y que llegará finalmente en 2001.

Tal es su complicidad que en 2008 Piera incluso llega a presidir la Asociación Rita Atria.

Lo acabará dejando en 2011.

Aun así, en su libro de memorias, firmado con su primer nombre y elaborado en 2012 junto al periodista Umberto Lucentini, la recordará así:

"Nadia me devolvió las ganas de vivir en el sentido más profundo de la palabra. Me mostró que hay una posibilidad de cambio en Sicilia".

***

"Estimado Angelo,

Soy Nadia Furnari, la persona que siguió durante casi 17 años a Piera Aiello... Hace nueve años nuestros caminos se separaron, tanto en lo personal como en lo que atañe a la asociación".

Cuando recibo esta respuesta a mi proposición de entrevistarla para este reportaje, mi primera reacción es de asombro. Pero enseguida asoma la curiosidad por saber más sobre las razones de esta ruptura.

"Estimado Angelo", me contesta Furnari en un segundo email, "personalmente decidí no hablar más de Piera Aiello. Si usted desea conocer nuestras actividades como asociación y/o nuestra opinión sobre Rita Atria, se lo explicaré con mucho gusto, pero la conversación tiene que estar desligada de Piera Aiello".

Quedamos en conversar por teléfono la semana siguiente.

Su voz es amable y vibrante. Me explica las dificultades que implica luchar contra la mafia en una tierra y durante unos años en los que quien tenía las agallas para hacerlo era considerado un quijote más que glamuroso héroe de la justicia.

Más aún si esos quijotes tenían rostro y voz femeninos.

Además, Furnari no quiere ni oír hablar de héroes.

"No hay héroes. Falcone, Borsellino, los policías y los periodistas a los que la mafia mató no pensaban en ser héroes, solo querían hacer su trabajo".

"Convertirlos en héroes hace que el resto de las personas no se sientan responsables. En cambio, nosotros queremos que cada uno luche contra la mafia que está dentro de sí mismo, que cada uno sepa de qué lado estar sin fisuras ni medias tintas", me dice con firmeza.

En este punto, la conversación recae sobre Piera. Furnari, con su voz amable y vibrante, me asegura que no abjura de su amistad pasada.

Pero me lo vuelve a dejar claro: lo único que dirá sobre ella es que está en total desacuerdo con sus decisiones políticas en el Movimiento 5 Estrellas. No las considera coherentes con su pasado.

Luego se despide, con voz su amable y vibrante.

Días después de hablar con ella, entrevisto a Anna Puglisi, presidenta de la histórica Asociación de Mujeres Sicilianas que Luchan Contra la Mafia. Ella también me advierte de que no va a hablar de Piera.

Puglisi reconoce su valentía a la hora de denunciar -"¡Fue la primera en hacerlo!"-, pero cree que lo que busca ahora es explotar su pasado a cambio de visibilidad.

"Ni la Asociación Rita Atria", afirma tajante, "ni Nadia Furnari le iban a dar lo que ella aspiraba a tener".

***

En ese despacho lleno de humo en el que Piera me cuenta la historia -su historia- que ha contado innumerables veces, la conversación recae sobre su relación con Furnari.

- "¿Qué pasó?", le pregunto.

Piera alarga el brazo sobre el escritorio. Con una mano agarra el paquete de cigarrillos y con la otra se lleva uno a la boca.

"Yo le estaré siempre agradecida a Nadia", lo enciende, "porque ella y la asociación me sacaron de un limbo". Con un golpe seco deja caer la ceniza en el cenicero.

"Es solo que", da una calada, "yo soy un espíritu libre, y cuando formas parte de una asociación tienes que seguir unas reglas". Suelta una nube blanca hacia la ventana.

"Yo me sentía oprimida, digamos… dirigida". Se recuesta en la butaca. "Y yo en ese periodo lo que quería era abrir las alas, despegar el vuelo", da una calada más, "y lo quería hacer sola".

"Yo soy así", hace una pausa, "un caballo sin brida".

LA CUARTA VIDA: VOLVER A SER PIERA

Piera Aiello ilustración 4

Piera aún no lo sabe, pero el azar ha decidido que aquel juego a cara o cruz de 20 años está a punto de terminar.

"Era una tarde de verano de 2017", empieza a contarme, sin disimular un cierto alivio en sus palabras.

"Acabábamos de reformar el piso en la localidad protegida donde vivo con mi familia y quería decorar algunas paredes.

Un día mi marido y yo estábamos ordenando el altillo y allí, apoyados contra una pared, había unos cuadros que me había traído de la casa de mis padres, en Sicilia.

Eran cuadros que había pintado de joven, cuando aún me llamaba Piera Aiello.

De repente, subió mi hija pequeña y empezó a comentar: '¿Por qué querías comprar cuadros si aquí hay un montón?'. Y rompió el papel que envolvía uno de ellos.

En seguida notó en esa fisura una firma.

Me miró.

'¿Tienes que contarme algo?', me preguntó.

Estaba a punto de cumplir 18 años y decidí que había llegado el momento de contarle la verdad".

"'¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo conseguiste mantener ese secreto durante tanto tiempo?', empezó a interpelarme. 'De repente tengo una mamá que todo el mundo conoce y otra que conozco yo, completamente distinta', me dijo".

- "Ya ¿cómo lo conseguiste?", le pregunto.

En ese estudio donde trascurre varias horas de su cuarta vida, no hay ninguna foto: ni de sus hijas, ni de su marido, ni suya.

- "¿Cómo se puede mantener un secreto compartido con otras personas durante tanto tiempo?", vuelvo a preguntarle.

"Es que cuando vuelvo a mi localidad protegida, fíjate, que soy incapaz de decir su nombre incluso sin querer, es como si apagara un interruptor", me contesta. "Ya no soy esa persona, sino la otra".

Al cabo de unos meses, aquella grieta en el papel roto por su hija se convierte en una cavidad de la que asomará su cuarta vida.

A principios de 2018 a Piera le proponen presentarse por el Movimiento 5 Estrellas a las elecciones al Parlamento italiano, que se celebrarían en marzo de aquel año.

Sí, les contesta ella. Pero con dos condiciones:

"La primera es que me presentara con mi verdadero nombre, Piera Aiello", me dice resolutiva.

La segunda es que se presente en las listas de Marsala, en la misma provincia de Sicilia de la que es originario Matteo Messina Denaro, considerado por las autoridades italianas el jefe actual de la mafia siciliana y prófugo de la justicia desde el 1993.

Pero en esa carrera corre con una desventaja significativa: no puede hacer campaña en lugares abiertos ni puede ser fotografiada.

Para todos es "la candidata sin rostro" y la bufanda negra que le tapa la cara siempre que da un discurso se convierte en el símbolo de su campaña electoral.

"Mucha gente me miraba como si fuera una alienígena", recuerda con una sonrisa pícara.

Un mes y 77.950 votos después, Piera Aiello empieza su cuarta vida, con su nombre y como diputada de la República, la primera testigo de justicia en entrar en el Parlamento italiano.

Desde ese 5 de marzo de 2018, su objetivo, me explica, sigue siendo el mismo: trabajar en la Comisión Parlamentaria contra la mafia para mejorar las condiciones de los testigos de la Justicia y de sus familiares.

"El Estado es, digamos, poco atento a sus necesidades. Porque cuando pasa la época de las denuncias, de los juicios, del interés mediático, su nivel de protección baja", denuncia, mientras su voz se vuelve severa.

"En cambio la Cosa Nostra, la 'Ndrangheta, la Camorra, nunca se olvidan de ti".

De repente su móvil vibra sobre la mesa del escritorio de formica. Es su escolta, que le pregunta cuándo pueden pasar a buscarla.

Mientras hablan unos minutos, me vuelve a la cabeza un recuerdo que Piera describe en sus memorias.

Es el verano de 1991 y hace unas semanas que está contando a los fiscales los entresijos mafiosos de los que se enteró durante años al lado de su marido.

Durante esos días los compañeros de su soledad son la incertidumbre, la angustia y el miedo.

Un día rompe a llorar en el cuartel de la policía. No quiere seguir, quiere romper los papeles de sus declaraciones, quiere volver a su vida, la que fuera.

El juez Paolo Borsellino la abraza, la consuela y la empuja levemente hacia un espejo.

"¿Qué ves?", le pregunta.

"Veo a una chica con un pasado complicado, un presente inexistente y un enorme signo de interrogación como futuro".

"Yo en cambio veo…", le dice Borsellino, "veo a una chica con un pasado complicado que ha conseguido rebelarse. Y veo un futuro de felicidad".

En cuanto acaba de hablar con sus escoltas, le menciono esa anécdota y le pregunto, como poniéndola ante el espejo:

- "¿Quién es ahora Piera Aiello?".

"Piera Aiello es una mujer que viene de 30 años de lucha contra la mafia, de hacerlo desde el anonimato", me contesta.

Y sigue: "Piera Aiello sigue siendo la misma mujer de siempre, aunque ahora sea una política".

Piera AielloPiera Aiello fue elegida diputada del Parlamento italiano en marzo de 2018.

Pero lo que ve en ese espejo ya me lo ha explicado, entre recuerdos y cigarrillos, entre declaraciones juradas y miradas firmes.

"Sobre todo, soy Piera Aiello. Porque aunque entras en el sistema de protección y te cambian el nombre, tu primer nombre, el que te dio tu padre, no se muere nunca. No lo pueden borrar.

Y soy una Aiello y como Aiello quiero morir".

*Edición: Leire Ventas. Ilustraciones: Kako Abraham.