“Coraje y verdad”, así califico al reciente artículo sobre la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca (USFX) de Miguel Ángel Amonzabel Gonzales (MAAG). Coraje y verdad. Nadie en Sucre se atrevió a poner sobre el tapete dos datos amargos y fieros: en el ranking internacional Webometrics la USFX bajó del quinto al sexto lugar a nivel nacional y en el ranking global se coloca en la deshonrosa ubicación 5.426 –bochornosa, habría que decir–, considerados sus 400 años de vida y el haber sido calificada en su Edad de Oro como “la pequeña Oxford” (hoy la universidad inglesa sigue ubicada entre las 10 mejores del mundo), mientras la USFX solo queda como “la pequeña” a secas.
Hoy, cuando la crisis económica nos aprieta y entramos a un proceso electoral que, si se precia de serio y de contar con una declarada voluntad regeneracionista, debe colocar en la agenda pública la situación de las universidades públicas y el hecho más que evidente y estridente de que reciben mucho más de lo que aportan al desarrollo nacional. Lo suyo es un verdadero engaño colectivo, si no se trata de una estafa institucionalizada. Como decía mi ex docente de sociología y hoy fallecido Jorge Lazarte: “En la universidad pública los docentes hacen que enseñar y los alumnos hacen que estudiar”.
En el caso de la USFX su crisis se agudiza hasta mostrar rasgos ciertos de decadencia desde que su Excelentísima puso por primera vez su piecito en el sacrosanto rectorado (hace más ya de dos décadas). De ahí en adelante los hechos vienen desmintiendo tenazmente los discursos y edificando el trazo rectilíneo de una caída en vertical. Lo peor de todo: sus excelentísimos Uno y Dos no se dan cuenta de que quienes deberían ser parte de la solución, son la Mayor, Real y Pontificia parte del problema. Pero como tienen atemorizados a sus docentes bajo pena de sanción y castigo por cualquier suspiro de crítica, todos callan y comulgan en cada evento universitario, como el del pasado lunes, donde se dio inicio a su año académico. No señores, no empezó otro año académico, empezó otro anémico y endémico. Otro que se perderá en las brumas del tiempo y donde la inteligencia nuevamente perderá diligencia.
Pero su Excelentísima, así como quien aspira a ser su relevo y siguiendo su ejemplo magnífico, levantan la voz y creen que, levantándola contra la cúpula inerme del Gran Teatro Mariscal, construyendo arabescos discursivos como los sofistas, lograrán la cima, las loas y el brindis. MAAG mostró dos datos amargos y fieros hasta para los más ciegos: volvieron a bajar y se ubican en el lugar 5.426. No en el 54, ni en el 542. Esa no es una nota de aplazo, debería ser una seria campanada universitaria de liberación; aunque hay que decirlo, en su recinto ya no se incuban gritos de libertad, sino gritos de malestar.
Ninguna institución y ninguna autoridad bolivianas, en digna consideración a nuestra crisis, debiera recibir más de lo que efectivamente entrega. Nadie, sobre todo, si deseamos revertir el Malpaís que, desde tanto tiempo atrás, vienen construyendo todos los que se encumbran, sin lumbre y sin rubor, pero con una mediocridad pomposa que va matando en vida nuestras instituciones. Sí, Bolivia para ponerse de pie necesita más coraje y verdad. Sobre todo, más coraje y verdad de sus docentes en honor a la decencia.
César Rojas es comunicador social y sociólogo.