03/10/2020
El Satélite de la Luna

Tres caminos y un voto responsable

Francesco Zaratti
Francesco Zaratti

Poco antes de renunciar a su candidatura, la Presidenta Añez sostenía que existían solo dos caminos: la senda pedregosa del MAS y el camino luminoso de JUNTOS. ¡Lástima que, después de varios días de bajarse de la carrera electoral, ella misma no tenga claro cuál es el camino alternativo al que ha desechado!

Esa visión maniquea, “bifurcación” le decía un lector de libros de matemáticas, está presente en la mente de muchos electores que, de buena fe, quisieran que la lucha política tuviera un desenlace claro y definitivo. De ahí, el clamor a los candidatos relegados por las encuestas de retirarse en nombre de la unidad anti-MAS.

En mi opinión esa postura está destinada al fracaso, por varias razones. La principal es que, en el fondo, los problemas de Bolivia no se resuelven por arte de magia ganándole la presidencia al MAS, aunque admito que ése sería un buen comienzo después de la oportunidad que tuvo ese conglomerado de partidos y movimientos sociales durante catorce años, en los cuales, a cambio de pequeños éxitos, sembró y cosechó demagogia, despotismo, asesinatos, represiones, corrupción, derroches industrializadores y fracasos internacionales.

Los problemas radican en la realidad del país, en las carencias de educación y salud, en la debilidad institucional, en la lógica del racismo y la confrontación. En suma, en la falta de madurez política que, después de casi 200 años, seguimos sufriendo.

A futuro, justamente para madurar y estabilizarse, Bolivia necesita convivir con por lo menos tres grandes opciones políticas: una de izquierda (ojalá menos populista y más “sociable”), un centro con corrientes internas que oscilan entre centroderecha y centroizquierda, y una derecha moderna y liberal en economía. Esos tres caminos, los tres legítimos y necesarios, responden en gran medida al espectro ideológico de los electores quienes con su voto premiarán la opción que más le conviene al país.

Adicionalmente, no creo en la eficacia del voto digitado por líderes o caudillos que, después de renunciar, solicitaren a sus partidarios apoyar a otro candidato. Prefiero creer que al final la responsabilidad guiará el voto de los indecisos, incluso de los que se inclinaban, sin total convicción, por un candidato sin chance. Más que voto útil (concedido sin gana y con bronca), o voto inteligente (léase calculador), el voto responsable (aquel que no está “en contra”, sino “a favor”) decidirá la suerte del próximo gobierno.

¡Qué tiempos aquellos en que Marcelo Quiroga Santa Cruz pedía no solo un voto sino un compromiso a sus electores: “¡Sin tu voto a la cárcel, con tu voto al Parlamento, con tu lucha al poder!” ¡Qué diferencia con el fijarse en apariencias y estereotipos!

¿Y qué decir del voto “sofisticado” que rebusca en un programa electoral una propuesta de simple impacto sectorial que, por gustarle o disgustarle, le permite decidir, cual fuera un César, la dirección del pulgar?  Hay polémicas agendas que precisan estar supeditadas a políticas de mayor urgencia, acordes a la sensibilidad y prioridad de la mayoría de la población.

Esta elección no está para quisquillosidades: los programas, como la carga, se ajustan en el camino y pasarán inevitablemente por el filtro de pactos políticos y sociales. Pero no pactos que impliquen repartija de pegas y poder, sino que generen políticas de Estado de largo alcance, como las que necesita Bolivia, hoy más que nunca, para salir del atolladero en que ha caído, con el concurso de los mejores hombres y mujeres del país, sin exclusión.

El voto responsable permite empoderar un gobierno no “de transición” sino “que guíe la transición” del fallido modelo rentista de desarrollo a otro que logre transfigurar el país.

Francesco Zarrati es físico.