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23/06/2024
La curva recta

Rayuela y Hamás

Agustín Echalar
Agustín Echalar

El viernes pasado fui a Obrajes a la misa de ocho días de mi querida amiga Clara, quería honrar su memoria. Soy ateo católico, por lo que aunque no creo, me siento en general muy cómodo con la ritualidad de la Iglesia, y ante todo con los ritos ligados a la muerte. Esta vez, el Evangelio estuvo además muy interesante, puesto que era en realidad la lectura del Padre Nuestro, hermoso texto que hace hincapié en el perdón de los pecados, los propios y los del prójimo. Ese detalle fue posiblemente el más novedoso en su momento y es uno de los pilares de nuestra modernidad.

Luego de la misa fuimos con un pequeño grupo de amigos a tomar algo antes de retirarnos a nuestras casas, y escogimos ir a Rayuela, el café restaurante más bonito no solo de Obrajes, sino de sus alrededores.

Tengo que confesar que uno de mis sueños fue abrir un restaurante muy parecido a Rayuela allí mismo, en esa precisa casa; el sueño no se hizo realidad por varias razones, entre otras que fui mal aconsejado: en Obrajes no pasa nada, me dijeron, algo que se ha probado falso.

Aunque no soy un habitué, he estado varias veces en ese hermoso y mágico lugar, decorado con una mezcla de primor y estilo y siempre estoy feliz de que exista, con el servicio y con los detalles, pero también con una especie de nostalgia de lo que yo no pude crear.

Rayuela es muy de Obrajes y es a la vez muy cosmopolita, es un lugar ideal para ir a comer solo o para encontrarse con alguien; tiene deliciosa comida y a buen precio; es una ganancia no solo para el barrio sino para la ciudad. La gente del mundo gay, o queer, como lo llaman hoy, puede sacar pecho porque sus propietarias son parte de ese colectivo.

Esa noche, lo que me llamó la atención fue descubrir, en una esquina prominente del local, la bandera de Palestina, y un letrerito rezaba que la clave wifi era “palestinalibre”.

Me llamó enormemente la atención, porque aunque sobre el conflicto en Medio Oriente se discute mucho en las redes a nivel internacional, esta vez pude enfrentarme directamente ante un posicionamiento que me parece totalmente contradictorio.

Pedir que cese el fuego, que Israel ya no bombardee más a Gaza, es una posición respetable, que cualquier ser humano con un poco de compasión puede tener, aunque debemos estar conscientes que el tema es tan intrincado y complejo que no da para esbozarlo en una columna, y no pretendo hacerlo. Pero lo que sí se puede plantear en pocas líneas es que no deja de causar una cierta desazón que un espacio tan bello, tan amable, tan delicado, donde uno se puede sentir a sus anchas, se identifique con un proyecto político tan alejado y tan antagónico de la esencia de Rayuela.

Como buen hijo occidental (sí, los andinos también somos tributarios del mundo occidental), soy un convencido de las bondades de la libertad (no me confundan con libertario por favor), una libertad solo limitada por los derechos y la libertad del prójimo. Y creo que en estos tiempos de libertad, es la libertad sexual posiblemente la más importante (algo que tampoco tiene mucho que ver con la teoría de género). Es por eso que siento rechazo y temor por los Estados islámicos, tan alejados de la modernidad en ese sentido, tan poco empáticos con las mujeres y con los hombres homosexuales. Las primeras son víctimas de las peores discriminaciones y de fuertes sometimientos; los segundos son perseguidos a muerte.

No puedo entender que alguien que es homosexual, o que tiene a una persona homosexual cercana, o que cree en los derechos de las personas de vivir su sexualidad a su manera, pueda sentir empatía por un proyecto islamista del calibre de Hamás o de las otras organizaciones políticas árabes tan fuertemente ancladas en su religión.

Es difícil saber cuál es la solución para esa parte del mundo y está claro que se puede y se debe abogar por un cese al fuego, pero una Palestina libre , ¿será una opción para los hombres homosexuales? En Gaza, por estadística, podrían ser 100.000, o digamos la mitad de esa cifra. ¿Es un Estado Islámico una opción para las mujeres?

Me gusta Rayuela, aunque esa contradicción sea difícil de tragar.




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