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17/03/2021
Desde Afuera

La triste novela del poder

Mauricio Ríos
Mauricio Ríos

La narrativa política o novela del poder.  De eso realmente se trata lo que acaba de suceder con la expresidenta Jeanine Añez y sus dos exministros. 

El gobierno del presidente Luis Arce (y de Evo Morales hay que decirlo de una vez) está desesperado por mantener y consolidar la narrativa de que en Bolivia hubo un supuesto “golpe de Estado” tras las elecciones generales de octubre del 2019.  Todos sabemos que éstas fueron anuladas debido a un fraude electoral ya verificado por varios organismos internacionales, lo que finalmente provocó la renuncia del expresidente Morales y de todo su gabinete tras una histórica revuelta popular.  

Pero para la administración Arce todo eso no tiene mayor relevancia. Lo que importa ahora es alimentar la “verdad alternativa”, la otra narrativa que le sirve y conviene al jefazo del MAS para que no pierda legitimidad ni poder, y así pueda volver por la puerta ancha el 2025.

Poner tras las rejas a la exmandataria y a sus colaboradores cercanos -y asegurarse de que las fotos se difundan a nivel nacional e internacional- es una manera de confirmar y alimentar esta verdad alternativa tanto dentro como fuera de Bolivia, y que los jefes del MAS han estado pedaleando desde que Evo Morales renunciara a la presidencia y se fuera del país. Las acusaciones y pruebas que sustenten las detenciones poco importan en este caso.

Convocar además a gente para que proteste en las afueras de la fiscalía, pidiendo a gritos cárcel para las ex autoridades, es sin duda parte de una estrategia comunicacional bien planificada con públicos objetivo determinados (las bases más radicales del MAS; políticos de oposición; instancias internacionales) y mensajes claros de amedrentamiento e intimidación: miren lo que les puede pasar si se cruzan en el camino de los jefes masistas, si persisten con el tema del fraude electoral, o si alzan cabeza o abren la boca.  Serán simplemente perseguidos, enjuiciados y encarcelados.

La construcción de narrativas políticas ha existido desde tiempos inmemoriales: desde los griegos, con sus mitologías, a los romanos, con sus construcciones conmemorativas como las columnas de los emperadores en los foros romanos. Y luego como parte de las revoluciones francesa, rusa, china, cubana, chavista, etc.

En nuestra época más reciente, los líderes populistas de las Américas y otras regiones del mundo han logrado perfeccionar la narrativa política, desafortunadamente para fines destructivos en vez de constructivos, y generalmente esparciendo noticias falsas y fabricando “verdades alternativas” que son la base e hilos conductores de dichas narrativas. 

Desde Pablo Iglesias en España hasta Donald Trump en los Estados Unidos, pasando por Nicolás Maduro en Venezuela y Evo Morales (y ahora Luis Arce) en Bolivia, todos ellos tienden a emplear la misma táctica narrativa, conocida como “relato o storytelling político o novelas del poder”.

Para que estas narrativas o relatos políticos sean efectivos, según estudios de Orlando D’Adamo, de la Universidad de Belgrano, son varias las características que deben cumplir, incluyendo:

Son como novelas del poder, donde unos “muy buenos” son víctimas de otros “muy malos”. En esa línea, Evo Morales últimamente habla de los “oprimidos” y de los “opresores” o “golpistas”. Trump enfrentó a los políticos malvados de “Washington” en contra de los pobres ciudadanos blancos a quien él pretendía ayudar y proteger.

Apelan a recuperar la “grandeza” que algunos políticos ineptos o inescrupulosos han provocado que se pierda. El presidente Arce, por ejemplo, no deja de echarle la culpa de todos los males del país a la ex administración de Añez, cuando la crisis económica en el país ya empezaba a gestarse desde el 2015 bajo su mirada como ministro de economía. En España, Iglesias se puso en contra de los monstruos del “totalitarismo financiero” que -dijo- había humillado a todos.

Requieren de un mensaje emocional y cargado de propuestas simples y directas: Trump, por ejemplo, propuso la construcción de un muro pagado por los mexicanos para resolver el problema migratorio. Tras la detención de las exautoridades en Bolivia, Morales se refirió a que “por fin llegó la justicia.”  “Como dicen algunos abuelos, aunque tarde, pero llega la justicia” dijo a los medios.

Ofrecen propuestas que deben parecer verosímiles, aunque no sean necesariamente factibles. Lo fundamental es hacer creer que otro futuro es posible. Un ejemplo es la ansiada industrialización del litio, o la propuesta del expresidente de Brasil Lula da Silva con el plan “hambre cero”. Aquí también encaja la amenaza de enjuiciar a Añez, y sus ministros, con cuatro juicios de responsabilidades y 30 años de cárcel.

Tratan de recuperar la mística en la gente, vinculando a las personas con sus orígenes y sus valores perdidos. Los detalles de cómo y cuándo no importan. Lo esencial es vivificar los sueños, como en el caso de Trump con su “Make America Great Again”. En Bolivia, el vicepresidente Choquehuanca explota muy bien este ángulo con la mística y cosmovisión aymara, el vivir bien, el socialismo comunitario, el respeto a la Pachamama, etc.

Construyen o reconstruyen una identidad cuyo referente único suele ser un líder que se define como algo diferente: “chavismo”, “kirchnerismo”, “maoísmo”, “trumpismo” o “evismo”. Los grandes relatos protagonizados por estos líderes se vuelven con facilidad en un autoritarismo, como ya lo hemos comprobado con Morales.  

Recuperan mitos fundacionales. En el caso de los norteamericanos, se citan a los “padres fundadores” como George Washington o Abraham Lincoln. Aquí juegan un rol importante los principios o slogans fundamentales de una revolución, como “el patria o muerte”, que tanto gusta citar a los camaradas de la revolución bolivariana.

Imponen una dialéctica basada en un “ellos” y “nosotros” que produce nefastas divisiones dentro de la sociedad, lo cual sólo puede resultar en conflictos cada vez más violentos. Los enemigos pueden ser desde los musulmanes y los inmigrantes (Trump) hasta los neoliberales, vendepatrias, o “pititas”.

Emplean analogías simples y explicaciones lineales que son efectivas en el imaginario social. Evo Morales y sus acólitos dirán que la culpa de todos los males en Bolivia la tienen el imperio, la derecha, y los neoliberales. Pablo Iglesias en España se referirá a “Bendita gente, maldita casta”, aludiendo al contraste entre la ciudadanía y la clase política que se alternó en el poder en las últimas décadas.

Lastimosamente para Bolivia, que más que nunca requiere de la unidad de los bolivianos para enfrentar los desafíos inmediatos en economía y salud, este relato político o novela del poder no hará más que ahondar las divisiones entre los bolivianos y preparar el camino para mayores conflictos sociales que desestabilicen al gobierno de Arce y sumen al país en una crisis peor a la que ya está enfrentando.

¿Es esto lo que realmente quieren Arce y Choquehuanca para Bolivia y su gestión? ¿O tal vez ambos ya han caído prisioneros de esta narrativa destructiva o novela del poder escrita por el jefazo y sus secuaces?

En caso de una respuesta afirmativa a cualquiera de estas preguntas, esta novela tiene indicios de terminar muy mal. Si no me creen, pregúnteles a las “pititas” quienes nunca se cansarán ni rendirán por vivir en un país más digno, justo, y democrático para todos. 

Mauricio O. Ríos es consultor internacional en comunicación estratégica y prevención de conflictos. Radica en Washington, DC, donde trabajó para varios organismos como la OEA y el Banco Mundial. Dirige el programa de entrevistas “Desde Afuera”, iniciativa apoyada por Brújula Digital. 



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