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16/09/2023
Economía de papel

La dolarización de Milei amenaza a la libertad de los argentinos

Alberto Bonadona
Alberto Bonadona

Se suma desde hoy a Brújula Digital Alberto Bonadona, reconocido por sus agudos y acertados artículos sobre economía. El equipo que edita el portal le da la más cordial bienvenida.

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Javier Milei, posible presidente de Argentina a partir de diciembre de este año, tiene un plan para eliminar el Banco Central que, en sus palabras, se llama dolarización. Él se refiere a la dolarización como la libertad que tendrán los argentinos de escoger entre dos monedas; el peso y el dólar. En un período todavía no definido, hará que la población migre, por “voluntad propia”, hacia el billete verde. Su objetivo: evitar que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) siga prestando dinero al gobierno con el fácil recurso de la impresión de pesos, el cual, a su vez, no deja de hacerlo para aumentar el gasto público y, por lo tanto, hace crecer el déficit fiscal. El déficit aumenta gracias a la permanente y creciente masa monetaria en manos del público y, consecuentemente, genera la creciente inflación en esa economía.

Es un tema netamente monetario porque no existe en Argentina un planteamiento serio de asumir la situación como un problema de producción. Se tiene una economía estancada que por cerca de una década mantiene seis millones de ocupados y ocho, de desocupados. La eliminación de un banco central nunca puede ser absoluta, sea porque se necesita mantener reservas de los bancos o emitir moneda fraccionaria, entre otras funciones imprescindibles en una economía moderna. Sin reservas de encaje legal, la banca totalmente dolarizada tendría que mantener elevadas reservas o correr el grave riesgo de corridas en situaciones de crisis; que serán recurrentes hasta lograr la estabilidad ansiada.

No me cabe la menor duda que la dolarización en Argentina frenaría la inflación. Por cierto, no es una tarea simple. No solo depende de la voluntad de Milei ni de su entorno profesional que lo acompañarían en el Poder Ejecutivo, todos ellos convencidos con la prédica de su líder, que con tono en extremo agresivo proclama que con motosierra destruirá al Banco Central y le prenderá fuego para que no quede nada de él. Ciertamente, una forma retórica de mostrar su convencimiento de que esta institución es la encarnación del mal, junto con “la casta”: el supuesto grupo de políticos que, de diversas maneras, se perpetúan en el poder, se aprovechan o aprovecharon de su control y se llenaron los bolsillos.

Especialistas señalan que para hacer viable la dolarización es imprescindible contar con cuantiosas sumas de dólares, algo que Argentina no tiene. Una economía que es más de 12 veces el tamaño de la boliviana, tiene cantidad similar o menor que las reservas de Bolivia (alrededor de 2.000 millones de dólares). Sin embargo, creo que una de las razones para impulsar la dolarización es, precisamente, la falta de divisas. Más aún, sin contar con una fuente segura y relativamente constante de dólares, una vez lanzado el proceso de dolarización el tipo de cambio paralelo o “blue”, se disparará hasta donde el mercado lo impulse (4.000 o 5.000 pesos por dólar). Los dólares saldrán de los empresarios, los banqueros y la encogida clase media, que los tienen bien guardados en efectivo, pero ciertamente en cantidades mucho menores de lo que se quisiera para un ascenso moderado. Sin dólares disponibles en las arcas del Estado (BCRA en desmantelamiento), el tipo de cambio y la inflación se dispararán por un tiempo relativamente corto, pero crucial. 

Milei insiste en que tiene conversaciones serias con fondos de inversión extranjeros (más conocidos como fondos “buitre”), para dolarizar la deuda conocida en Argentina como las LELIQ, Letras de Liquidez del Banco Central (bono o préstamo que toma el BCRA con los bancos por una semana) cuya suma total puede equivaler a mitad del PIB, o a un PIB completo si se toma el tipo de cambio del dólar blue. Esta es una operación de alto riesgo; si no se cumple con los plazos acordados de cumplimiento del pago, las multas son leoninas. Se puede viabilizar, por supuesto, pero a un gran costo.

El riesgo político para llevar adelante la eliminación del BCRA y la dolarización es, por todo ello, elevadísimo. No solo las condiciones económicas son frágiles, también lo son las políticas, que vienen acompañadas de una profunda debilidad institucional. Asimismo, tienen serias repercusiones en cualquier decisión financiera que entes externos estén contemplando para actuar en las movedizas arenas de las finanzas argentinas.

A Milei y su partido, si llegan al poder, sus allegados o socios abiertos o encubiertos, muchos presentes en el Congreso, le exigirán acuerdos con la “casta”. Milei, sin embargo, insiste que no se sentará en la misma mesa con esos choros. Llegado el momento lo tendrá que hacer, como ya lo está haciendo con grupos organizados de trabajadores y de empresarios que han convivido bajo el paraguas de la “casta”. A nombre de modernización laboral, por ejemplo, se ha reunido con dirigentes laborales para hablar de un seguro de desempleo; una medida que no coincide con la ortodoxia del anarcocapitalismo libertario que profesa el candidato.

La dolarización será intentada cuando Milei asuma la presidencia. Otra cosa es que se haga en un tono pacífico y de negociación, rasgos que no caracterizan al posible Presidente. Sus reacciones y conducta hasta hace unas dos semanas muestran que es una persona impulsiva, temperamental y agresiva. Marcelo Longobardi, el notable comunicador que hasta hace poco trabajó en CNN, lo ha calificado de “lunático”. The Economist apunta: “Y algunos argentinos temen que, si se siente frustrado, podría volverse autoritario”. Añado que frente a la imposibilidad de acuerdos, la imperiosa necesidad de frenar la inflación y frente a la caída acelerada de la economía argentina, Milei es una gran amenaza para la libertad de todos los argentinos, aunque ahora jure que no recurrirá al monopolio de la fuerza que posee el Estado.  

Alberto Bonadona es economista.



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