21/03/2020
El Satélite de la Luna

¿Hacia un mundo nuevo?

Francesco Zaratti
Francesco Zaratti

El coronavirus Covid-19 ha fortalecido sentimientos de temor, sospecha, inseguridad, egoísmo y depresión ante la fragilidad de la vida expuesta a un enemigo invisible. Eso mismo sucedió en todas las pandemias que a lo largo de la historia azotaron a la humanidad y motivaron conductas más deplorables de las que vemos hoy. 

Sin embargo, junto con las peores lacras de la humanidad también emergieron sentimientos y actos de solidaridad y heroísmo, como los que vemos, de manera directa, en los países más afectados.

Es reconfortante destacar y recordar que esos azotes, que tantas víctimas y sufrimientos cobran, suelen generar también consecuencias inesperadas y positivas en el largo plazo. Son similares a un parto difícil y doloroso que termina engendrando una nueva vida; como si la naturaleza quisiera enmendar, periódica y cruelmente, nuestras conductas suicidas.

El año 1348, en Europa explotó la llamada Peste Negra que, según algunos historiadores, arrasó con 48 millones de vidas, provocando una inédita crisis demográfica. Dos siglos después esa tragedia quedó plasmada en el impresionante cuadro El triunfo de la muerte, una joya pictórica de Pieter Brueghel el Viejo, exhibida en el museo El Prado. En la literatura, esa peste sirvió de inspiración a Giovanni Boccaccio para escribir El Decamerón, una obra maestra de la literatura. En la introducción, Boccaccio describe el desolador panorama de Florencia y la degradación humana y social que se manifestó en esas circunstancias. 

Sin embargo, la crisis demográfica que sobrevino a la peste provocó una verdadera revolución social. El alquiler de la tierra reemplazó el sistema de servidumbre feudal y la burguesía se impuso a la decadente nobleza gracias a la pujante producción generada por una renovación de las máquinas, las finanzas y las rutas del comercio. Asimismo, el sentido de fragilidad de la existencia que dejó esa experiencia abrió las puertas a la explosión del Renacimiento en todas sus facetas.

El año 1665, un brote de peste estalló en una hacinada Londres, llegando a diezmar la población de aquella ciudad. Esa tragedia inspiró una obra maestra del reportaje periodístico Diario del año de la peste, de Daniel Defoe, una lectura obligada en nuestra cuarentena, si no estuviera agotada. 

Un joven bachiller del área rural, ante el cierre de la universidad de Cambridge, eligió recluirse en cuarentena en su casa en Woolsthorpe, en la campiña de Londres, para dedicarse a investigar algunas cuestiones que le rondaban en la cabeza. Mediante cálculos y experimentos, Isaac Newton hizo que el año 1666 sea recordado en las ciencias como el “Año de las maravillas”. 

 En efecto, ese año fue cuando Newton fundó la mecánica, para cuyo fin inventó el cálculo infinitesimal, descubrió la naturaleza de la luz y el origen de los colores y concibió la ley de la gravitación universal. Podríamos preguntarnos si Newton sin la amenaza de la peste hubiese podido propulsar el “nuevo mundo” de la revolución científica e industrial que sobrevino. Nunca lo sabremos. 

¿Qué nos dejará de bueno el Covid-19? Por lo pronto está logrando lo que la clase política mundial no consiguió: la drástica reducción de la contaminación ambiental en zonas de alto riesgo, como China y el norte de Italia, al margen de los efectos benéficos sobre el calentamiento global, que es prematuro estimar. 

Sin embargo, la esperanza mayor es que pasada la amenaza a la salud volvamos a nuestros comienzos (Génesis) mediante una ecología integral que privilegie relaciones sociales más fraternas, el respeto a toda la creación y el gusto por los valores espirituales.

¡Es la oportunidad de ser recordados como “los hombres nuevos” del siglo XXI! 

Francesco Zaratti es físico.

Twitter: @fzaratti