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22/04/2023
Cartuchos de Harina

Ese abril caraqueño de 2002

Gonzalo Mendieta Romero
Gonzalo Mendieta Romero

Bolivia siempre ha tenido una relación especial con Venezuela, aunque la crisis le ha quitado peso geopolítico a Caracas. En los años 70 y hasta los 90, la influencia de Carlos Andrés Pérez se hacía sentir aquí. Luego, la Venezuela de Chávez fue, además, un síntoma del divorcio de Sudamérica y Estados Unidos, aderezado con la presencia de otras potencias: China, Irán y Rusia (como ratifica la visita de estos días del canciller ruso a Caracas, con el recado al presidente Arce de que será bien recibido en Moscú). Todo eso también se jugó un poco en ese abril caraqueño de 2002.

Es que hace 21 años, entre el 11 y el 14 de abril, el poder de Hugo Chávez estuvo en entredicho. Ese sí fue un golpe, con un presidente, Pedro Carmona, posesionado sin visos de sucesión constitucional. Nadie sabía entonces que en Caracas se jugaba el destino de la región ni que ese abril venezolano serviría de modelo para otros sucesos regionales.

En Bolivia, gobernaba Tuto. Antes, Banzer había tenido ya un encontronazo con Chávez, reclamándole su injerencia. Fue Chávez el inventor de una vía constitucional de insurgencia contra los poderes establecidos. Esa su “tecnología” tuvo más consecuencias que la propia Revolución Cubana. Recientemente hemos visto sucesos que son como eco de ese abril de 2002: el referéndum chileno y el freno a una vía chavista para Chile; la caída de Castillo y la rebelión de la sierra peruana.

En 2002 en Bolivia, la vía constitucional estaba en fermento con la consigna de una Asamblea Constituyente, pero fueron Roberto Viciano y sus compañeros de la valenciana Fundación CEPS, los que nos entregaron, llave en mano, una Constitución “a la valenciana”, lista para arrancar. Viciano y los profesores de la CEPS vinieron como recomendación de Chávez a Evo.

El 2002 se ratificó en Caracas que el principio de legitimación de un golpe es solo el éxito. Y que este no puede cantarse sino hasta el último minuto. La prisión de Chávez y su posterior liberación, aclamado, fue un contragolpe efectivo. En todo caso fue un peligroso precedente de cómo hacer y no hacer las cosas. Somos un conjunto de países prestos a imitarnos los unos a los otros, por lo cual no es raro que en Bolivia en 2019 Evo intentara la de Chávez: un regreso con gloria, con la vía constitucional de sucesión rota. En la otra alforja, el gobierno cívico-militar del que hablaba Camacho es un reflejo de ese abril de 2002, con la diferencia de que en Bolivia ese plan finalmente no se consumó.

En Venezuela no debe faltar quien ve el fracaso de abril de 2002 como la antesala de la crisis venezolana que vimos luego. No se sabe si con resultado opuesto habrían evitado esa crisis o habrían sufrido una guerra civil. El hecho es que ni la dictadura es peor que una guerra civil.

El ahora Cardenal venezolano Baltazar Porras dejó escrito su testimonio de cuando intervino para salvar a Chávez en 2002. Porras recibió una llamada de Hugo Chávez en la madrugada del 12 de abril. Chávez le pidió disculpas por su trato previo, además de la bendición, y le preguntó si estaba dispuesto a resguardar su vida y de los que estaban con él en Miraflores. Porras respondió que como sacerdote estaba dispuesto a hacer lo posible por la vida de cualquier persona, y se encargó de cumplir. Porras también dice que la embajada de España le hizo saber de los oficios de Fidel ante José María Aznar para que Chávez fuera recibido en Madrid, porque Fidel prefería no tenerlo en la Isla.

Ya detenido, siempre según Porras, Chávez les dijo ominosamente a sus captores, que no querían ya acatar el acuerdo de dejarlo salir del país: “Pienso que soy menos problema para ustedes si me dejan salir que si permanezco en el país. Pero ustedes tienen la última palabra.” Liberado Chávez, Baltazar Porras dio una entrevista para reflejar lo que había vivido. El 22 de abril de 2002, el periódico El Universal la tituló: “Nos buscan cuando están abajo”. Los derrotados necesitan mediadores.

Definitivamente, en ese abril venezolano podemos vernos un poco todos ayer, hoy, y quién sabe mañana.

Gonzalo Mendieta Romero es abogado y escritor 



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