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28/10/2023
Mirada pública

El último “regalito” de Don Rogelio

Javier Viscarra
Javier Viscarra

Bajo el manto de un inquietante desorden arde la Amazonía en un silencioso grito de desesperación. Ante esta desoladora escena, los devotos claman por un milagro, entre ellos, el padre Luis Miguel, que hace unos días conmocionó con su relato sobre la tragedia que envolvía la Chiquitanía, consumida por el avance impetuoso del fuego.

Hace un par de semanas una densa neblina tóxica sofoca a gran parte del país, sumiendo a sus habitantes en una penumbra asfixiante, fruto de la trágica destrucción de nuestros bosques. Santa Cruz de la Sierra, está entre las ciudades más castigadas por la humareda.

En este infortunio desgarrador, el Gobierno parece observar desde la distancia, con una indiferencia absurda. Más que una muestra de desgobierno, refleja una severa crisis de Estado: tanto en el aparato central como los gobiernos subregionales que parecen carentes de capacidad para enfrentar semejante catástrofe.

El ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo, en su visita a una zona asolada por el fuego, apenas rozó el problema. Su crítica fue hacia los guardianes del Parque Amboró, por no alertar sobre la plantación de cocales. Esa presencia se desvaneció tan rápido como las implacables llamas que devoran los árboles. Recordó, de alguna manera, la visita de Evo Morales en una coyuntura similar, esa cuando fue grabado intentando sofocar llamas con un regador en un escenario cuya preparación parecía evidente.

Sin embargo, estas voraces llamas no se apaciguan con publicitados recorridos de autoridades ni con montajes mediáticos que transforman a los líderes en bomberos improvisados. La magnitud del desastre exige una respuesta contundente, como el uso de aviones cisterna. Lamentablemente, nuestra economía precaria seguramente no nos permite acceder a estos costosos recursos, y la falta de esfuerzos internacionales en busca de cooperación nos deja en la encrucijada. Surge, entonces, la pregunta recurrente: ¿cuál es el papel de la Cancillería en todo esto?

La devastación de la selva amazónica, ya sea por la deforestación o los incendios provocados, parece ser una fuente de interés para aquellos que buscan aprovechar esta depredación. Las voces vacías de los líderes gubernamentales que promulgan el cuidado de la Pachamama son inconducentes. En este conflicto de intereses, se encuentran aquellos denominados "interculturales", en su mayoría colonizadores y cocaleros que buscan expandir sus terrenos de cultivo de coca, materia prima de la cocaína y fuente de enriquecimiento ilícito.

Preocupa un Estado que protege a estos grupos, ya sea a través de generosas asignaciones de tierras del INRA o apoyo policial para defender sus asentamientos. Y hubo violencia, como en el reciente incidente en Guarayos, que resultó en heridos de bala.

Tanto la tierra como los indígenas parecen carecer de importancia en este panorama. No es de extrañar que expertos en temas ambientales y grupos indígenas critiquen los resultados de la última cumbre amazónica en Brasil, donde la cancillería boliviana adoptó una postura contraria a la “deforestación cero”.

La Fundación Tierra ha denunciado el doble discurso del gobierno boliviano, que presume ser defensor de los pueblos indígenas y de la Madre Tierra, pero que, en la práctica, hace lo contrario.

El resultado de la última reunión internacional amazónica pudo haber sido el postrero “último regalito” del Canciller Rogelio Mayta, quien demora eternidades en empacar sus maletas para su nuevo puesto en Quito, tras haber presionado al límite a la Comunidad Andina para ese cargo.

Otro grupo de depredadores de los bosques incluye a terratenientes, empeñados en expandir la frontera agrícola en busca de elevar los índices de la agroexportación. Estos grandes empresarios, indiferentes a las quemas descontroladas que este año invaden de humo Santa Cruz, no titubean en sacrificar la salud de los más vulnerables, como los menores y los adultos mayores.

Claro está que no son ellos personalmente, sino sus empleados, quienes desencadenan estas quemas para expandir las tierras de cultivo y ganadería.

El gobierno convocó esta semana a una reunión de emergencia del Consejo de Autonomías, pero el foco de atención fue otro problema estructural, la falta de agua. Sobre las quemas y sus efectos, nada.

Si algo se les ocurre pronto, será como en las historias de Condorito, el personaje caricaturesco de Pepo, que, recostado en su habitación, declara: “Debo arreglar las goteras, la lluvia es torrencial”, cuando claramente era algo que debió hacer antes de la lluvia.

¿Acaso no sabemos todos que esta es la época de quemas indiscriminadas? Se debieron tomar acciones concretas antes, no protagonizar espectáculos de reuniones con anuncios que no abordan lo que realmente se necesita: detener la degradación, trabajar en la descertificación, controlar la erosión, buscar recuperar la fertilidad de los suelos, pero sobre todo de manera directa controlar los incendios, detener las quemas y no respaldarlas indirectamente, como cuando se niega el ingreso de bomberos a las zonas afectadas.



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