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25/11/2023
Sin embargo

Él dinamita, tú dinamitas, yo dinamito

Jorge Patiño Sarcinelli
Jorge Patiño Sarcinelli

Dinamitar ha ingresado en grande al mundo metafórico de la política con la amenaza o promesa, según se la vea, del entonces candidato y ahora presidente electo Javier Milei de “dinamitar” el Banco Central argentino. En nuestro país, otro libertario, todavía lejos de ser candidato, ha propuesto “dinamitar la Aduana Nacional”. Si la manía de dinamitar instituciones se extiende, los mineros, especialistas en estos afanes, podrían ofrecer asistencia técnica.

La dinamita, como recordará el lector, la inventó el sueco Alfred Nobel, quien legó su fortuna para la creación del premio que lleva su nombre. Nombró a su invento dynamit, en sueco, del griego dýnamis (fuerza), y de ahí pasó a casi todos los idiomas con variantes. De dinamita, en el nuestro, surgió el verbo dinamitar, con variados usos metafóricos como: “Dinamitar límites” (literatura), “Dinamitar espejismos” (filosofía) o “dinamitar la escala salarial del Real Madrid” (fútbol), “dinamitar el chavismo” (política). Aquí hemos tenido un “Dinamitar las experiencias de la opresión” (feminismo). En el ámbito de la fantasía tenemos a Pepe Dinamita, varias canciones con ese nombre, marcas, etc.

Los que disfrutamos del sabor del lenguaje muchas veces usamos palabras por su sonoridad. Dinamitar, por ejemplo, concentra en una palabra sonora un poder explosivo muy sugerente. Pero una cosa es el uso ocasional de ciertos términos y otra el uso sistemático de un vocabulario agresivo como parte de un estilo de hacer política. Entre los líderes actuales, Trump se destaca por esta característica.

Un analista dice que su lenguaje “hace eco de los usados por Hitler y Mussolini, por ejemplo, degradando a sus adversarios políticos como ‘alimañas’ que necesitan ser ‘exterminadas’”. Hitler usaba mucho “vernichten” (hacer que no quede nada, exterminar) y en su caso no era solo una metáfora.

Una nota reciente de la BBC (21|11|23) compara a Milei, Trump y Bolsonaro, “líderes populistas de un nuevo movimiento de la derecha”, identificando similitudes y diferencias. Por ejemplo, Milei y Trump se destacan por sus peinados originales –lo que no se permitiría el exmilitar–, los tres se presentan como outsiders, ellos son los salvadores que solucionarán los problemas del país, rompen con el protocolo político de sus países y tienen un estilo personalista y belicoso.

Milei, siempre cáustico, calificó al papa Francisco de “imbécil” y dijo que “tiene afinidad con comunistas asesinos” y que “viola los 10 Mandamientos al defender la “justicia social”. Los comunistas son “zurdos, hijos de puta”, “Comunista de mierda, eres una hija de puta” le dijo a una vecina. Pero su enemigo preferido es la “casta”, para quienes reserva su vitriolo más nutrido: “Yo quisiera saber por qué la maldita casta política, chorra, parasitaria e inútil le tiene tanto miedo a las ideas de la libertad”.

Agresividad y groserías no faltaron en la campaña.

“Hola a todos, yo soy el león, rugió la bestia en medio de la avenida. La casta corrió sin entender, panic show a plena luz del día. Por favor, no huyan de mí, yo soy el rey de un mundo perdido. Soy el rey y te destrozaré, toda la casta es de mi apetito’. ¡Viva la libertad carajo!”.

Ross Douthat (NYT, 22|11|23|) lo pinta así: “La elección como presidente de Argentina de Javier Milei, un loco fanfarrón con cinco mastines clonados y un hábito de comunión psíquica con su difunta mascota, ha inspirado el debate sobre la verdadera naturaleza del populismo de derechas en nuestra era de descontento general”.

¡Populismo de derecha! No está de más recordar que el populismo no es una doctrina, sino una manera de hacer política, que la suelen adoptar la izquierda y la derecha.

Sin embargo, el lenguaje del candidato rara vez es el del gobernante. De hecho, el rugido del león ya se ha transformado en el ronroneo de un gatito con las llamadas del Papa Francisco y el líder chino Xi, con cuyo país comunista Milei dijo que jamás iría a hacer negocios. Ambos, con algo de sabiduría, no se han dejado impresionar ni ofender por el lenguaje de un chiflado que previsiblemente se iba a apaciguar.

La capacidad de adaptación de Milei a las evidencias de la realidad ya se había visto cuando, después de la primera vuelta, dijo en una entrevista: “Tendremos el Ministerio de Recursos Humanos. En algunos aspectos de las áreas de esa cartera, la gente que más sabe es de izquierda”. ¡La gente que más sabe es de izquierda! Giro notable.

Sus seguidores quizá se decepcionen con un león que baja la melena, pero deberían celebrar que de ahora en adelante muestre la cordura que corresponde a un gobernante. Con la representación mínima que tiene su partido en el Congreso (38 diputados de 257), si no transa, no logrará realizar sus audaces promesas o las deberá cortar por la mitad (quizá sea lo mejor). “Para gobernar, Milei tendrá que convertirse en lo que no es”, dice un columnista de El Clarín.

Si lo logra, el rugido quedará en el recuerdo.



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