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24/07/2021
Articulista Invitado

Crecimiento económico y burócratas

Carlos Armando Cardozo
Carlos Armando Cardozo

Brújula Digital|24|07|21|

Esta es mi respuesta al artículo de Miguel Ángel Marañon Urquidi publicado el pasado 20 de julio en el diario Correo del Sur titulado “Crecimiento Económico y Opinadores”.

Al leer el mismo es claro que el autor, licenciado en economía y dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas (extraído del sitio oficial de la Contraloría General del Estado), sacrificó la objetividad de su análisis por reiterar el mismo mensaje desgastado que manejan al unísono el Ministro de Economía o el Presidente a.i del Banco Central.

Para empezar el hecho de celebrar que tras 15 años la vaticinada crisis que alertamos muchos “opinadores”, como define despectivamente, no llega tiene una sencilla explicación, el crecimiento de la deuda pública interna y externa. A diferencia de una persona común y corriente el Estado puede endeudarse y endeudarse, por un lado: a través de mecanismos internos como el Banco Central de Bolivia, venta de bonos en lo interno que son absorbidas por las AFPs que a este punto compran cualquier producto que arroje el Gobierno Central o la emisión inorgánica de papel moneda. Por otro lado, los mecanismos externos vía créditos ante los Organismos Internacionales (FMI, Banco Mundial, CAF, entre otros) o bien vendiendo bonos soberanos en los mercados de capitales internacionales, compensando el riesgo de ceder capital a un país colapsado en amplios frentes con tasas de interés sumamente altas, créditos en las peores condiciones posibles para los intereses del Estado.

Señalar que el crecimiento del Salario Mínimo Nominal, corrijo aquí al autor, entre 2005 y 2021 de Bs. 483 a Bs. 2.164 es otro indicador válido para mostrar que su Modelo Económico Social Productivo Comunitario o “Keynesianismo Plurinacional” es infalible es una total falacia. Sencillamente porque desestima el efecto inflación sobre el salario real, para eso nos referimos a los datos del Salario Medio Real (INE Bolivia, 2020) para analizar el límite inferior para los Sectores Públicos y Privados tenemos que lo que efectivamente recibían y reciben los bolivianos “asalariados” (un 30% del total de la economía es formal) son de Bs. 764 a Bs. 1.134 y Bs. 548 a Bs. 983 respectivamente. Si nos ponemos en los zapatos de los que menos ganan en el sector “formal” que solamente representa el 30% de la economía nacional ¿cómo sobreviven 70% de trabajadores o cuentapropistas del sector informal?, con ingresos por debajo de esta línea no podemos hablar de más “platita” en los bolsillos de la gente, es justamente esa extrema necesidad de “platita” por la que las familias bolivianas compensan sus bajos ingresos con los productos de contrabando que ingresan al país.

Obviamente que la inflación es baja según Marañon, pero no explica el cómo. La explicación es sencilla, la inflación es baja porque el grueso de los bolivianos no tiene un empleo formal o llega a ganar el “Salario Mínimo Nacional” situación que los obliga a adquirir productos más baratos, no producidos o manufacturados en Bolivia que llegan de contrabando. Más baratos porque no deben absorber la mórbida carga impositiva que los pocos empresarios privados aún en operación transfieren vía precio parcialmente o totalmente (dependiendo de la naturaleza del bien o servicio) al consumidor final.

Retrocediendo un poco al modelo, como bien mencionamos este es un refrito del Keynesianismo simple y puro, incentivar la demanda por los medios que sea para que esa “platita” en bolsillos de las familias vaya a parar a alguna empresa que lea estos incrementos en sus ventas como incentivo para seguir produciendo demandando por su lado factores de producción y así mantener “en movimiento” la economía doméstica. Lo cierto es que 15 años de keynesianismo plurinacional no trajeron diversificación de la economía, incremento en los agentes de la economía formal (más empresas o emprendedores legalmente constituidas) simplemente porque se sostienen en un error conceptual, el Estado nunca podrá reemplazar un sistema de incentivos y recompensas guiado por las fuerzas del mercado.

Por demás está decir que el Gobierno boliviano tenga buenas intenciones bajando el costo del capital para que más y más emprendedores puedan decidirse finalmente por invertir y arriesgar. Se abarata un factor de producción a costa de la subvención dirigiendo erróneamente el capital a inversiones destinadas al fracaso, ¿por qué al fracaso? Sencillamente porque están siendo abaratadas de manera artificial, si este no fuera el caso la inversión no ocurriría.

Temo mucho que las altas expectativas de Marañon y fe ciega al Gobierno tienen un alto coste, y este coste lo pagan los ciudadanos del presente y aquellos que aún no nacieron, porque las deudas que contraen Gobiernos tan sueltos de mano financian todo lo que su gran imaginación les permita soñar: una fábrica de café instantáneo ¿por qué no?  Total, si fracasa siempre se puede subvencionar a partir de más deuda, la factura la extiende el burócrata y el ciudadano de a pie debe pagarla por los siglos de los siglos amén.

En conclusión, este “opinador” a diferencia de su colega burócrata no pretende iniciar el pánico y convencerlos de que el cielo se caerá, usted mismo es capaz de deducir esto por cuenta propia. Estimado lector la economía boliviana esta enfilada al descalabro con Reservas Internacionales en sus niveles más bajos, la tentación de convertir las reservas en oro a divisas para sortear estos últimos meses y un tipo de cambio fijo, en cuenta regresiva, que por ahora permite “subvencionar” importaciones legales e ilegales de productos de primera necesidad para las familias.

No confundan las velas de devoción que prenden burócratas e intelectuales de nómina a los sabios proverbios que ellos llaman “política económica”, estas velas son las de nuestro propio entierro. 

Economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Especialidad en Gestión del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, Presidente de Fundación Lozanía*



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