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BRUJULA – 1000 X 115 px
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Durante el discurso del Día del Trabajo, el presidente Luis Arce Catacora salió al paso con medidas decorativas e incrementos salariales insignificantes en su impacto en la población trabajadora nacional, al grueso de bolivianos cuenta propia, informales que viven del día este anuncio no les cambio absolutamente nada el oscuro panorama que se viene adelante. Incertidumbre y desesperanza para los trabajadores bolivianos aquellos ninguneados e invisibilizados por la miopía de sus burócratas y el error metodológico de camuflar desempleo con ocupación a manos del Instituto Nacional de Estadística.

En el siguiente fragmento queda demostrado que Arce, no es un economista serio, es simplemente un político, degradado por la banda presidencial, disfrazando ideología con “conocimiento técnico en materia económica”. “Ya lo decía el viejo Marx, el capitalismo no puede vivir sin la generación de plusvalía, el capitalismo no puede existir si no vive del trabajo ajeno, de la apropiación del excedente del trabajador. Por eso hermanas y hermanos hoy 1ero de mayo que el objetivo fundamental de todos, lo que nos une a todos los trabajadores: intelectuales, obreros, campesinos y gremiales. Trabajadores del hogar, todos tenemos una sola cosa que hacer: es combatir al sistema capitalista, al imperialismo que es la forma de liberarnos” 
Ante el patético intento de Luis Arce Catacora para dar la sensación que efectivamente existen aún economistas marxistas que buscan el modelo de socialismo como alternativa al “capitalismo”, es necesario desmentir cualquier duda acerca de la superioridad “moral” del socialismo frente a la economía de mercado.
Para tal efecto, recurrimos al Prof. Miguel Anxo Bastos, economista, polítologo, profesor universitario y conferencista español, durante una charla brindada en la Universidad San Carlos de Guatemala en el marco del X Seminario Interuniversitario Economía para la Política presentó el tema: Comparación entre Capitalismo y Socialismo (2012).
Para rebatir la posición de Arce, reflexionaremos en base a una de las críticas de Anxo Bastos. Si el capitalismo se beneficia a través de la explotación de sus trabajadores robándoles los excedentes, y la solución radica en derrotar este sistema para liberarse de los empresarios de una vez y por todas. ¿Quién se haría cargo de las tareas productivas? Exactamente el Estado, desterrando el sistema de mercado, guiado por los precios por un sistema noble bajo el control del Estado que a través de la colectivización de los factores de producción organizaría la economía para que esta provea todos los bienes y servicios que antes provenían de la iniciativa privada.Sin embargo, tomando en cuenta que los bienes y servicios que son necesarios para los ciudadanos resultan de sectores productivos tan heterogéneos como el industrial, energético, industrial, alimentos, tecnología, comunicación, servicios, etc. Serán necesarias diferentes combinaciones de factores de producción (capital, trabajo, tierra y tecnología) totalmente diferentes entre un sector y otro. 
Entonces si la idea es que el excedente del trabajador no sea confiscado por el empresario: ¿Cómo con tasas de explotación distintas el beneficio es el mismo?
Una respuesta imposible de responder porque los salarios serían también definidos por el Estado, Arce y su ministro de economía y viceministros tendrían reuniones para definir 1 solo salario justo para el trabajador en general. Pero esta solución representa un problema porque al tener tasas de explotación distintas habrá trabajadores en sectores que son remunerados por debajo del nivel de explotación sufrido y en ese mismo escenario otros trabajadores que serán remunerados por encima del verdadero nivel de explotación sufrido. Manejar salarios distintos respondería a un criterio previo de capitalismo, aún si los valores de dichos salarios diferenciados son puestos de manera coercitiva por el Estado. En ese caso entidades sindicales como la Central Obrera Boliviana (COB) saldrían sobrando porque sus reclamos no tendrían eco en un nuevo sistema socialista donde el Estado establece los nuevos cánones de vida y el rol que cada individuo debe cumplir dentro del engranaje mayor del colectivo.
En síntesis, todos los males que Arce jura poder curar a partir del destierro del capitalismo, se ahondarían bajo lo que el considera socialismo. Sin mencionar que la asignación de factores de producción respondería exclusivamente a criterios políticos dejando de lado cualquier noción de economía básica. 
Arce Catacora, así como el ministro de Economía y Finanzas, Marcelo Montenegro, sus viceministros y todos los economistas a sueldo que escriben columnas defendiendo ideologías cual evangelios movidos por mera fe, aunque esta fe sea una simple retribución a la pega en cuestión, dejaron su rol de profesionales para asumir una nueva categoría: la de “buronomistas”.
Dícese de un economista que trabaja para un buró de funcionarios públicos de niveles superiores que tiene la tarea de defender lo indefendible, entrelazando teorías económicas desgastadas con ideología desenterrada de la extinta Unión Soviética.       
Si de liberación hablamos, la única alternativa es liberar al país del elefantiásico Estado, esa obesa burocracia que aplasta cualquier noción de progreso desde el verdadero dueño de su destino, el individuo.
Carlos Armando Cardozo Lozada es economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático, Especialidad en Gestión del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático, presidente de Fundación Lozanía

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