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Intensamente | 29/08/2025

Antes MAS IPSP ahora PDC IPSP ¿diferentes?

Carlos Hugo Laruta
Carlos Hugo Laruta

 En Bolivia se han configurado dos formas de ciudadanía: una individualizada, urbana y cosmopolita, con acción política más igualitaria y transclasista-transétnico; otra corporativista, marcada por lo colectivo, los intereses económicos y étnicos, con fuerte presencia en áreas rurales y ciudades intermedias.

El MAS-IPSP (Movimiento Al Socialismo-Instrumento por la Soberanía de los Pueblos) encarnó ambas dimensiones: el MAS como partido político, y el IPSP, como red de organizaciones sociales y económicas del occidente. Surgidos antes de 2006, hoy enfrentan un nuevo escenario: el MAS fracturado y debilitado, el IPSP reciclado bajo otro partido que busca ocupar su lugar.

1.  El MAS, la intención de ser partido que funcionó por 20 años

El MAS nació como una sigla comprada/alquilada, adquirida por Evo Morales y su entorno a exmilitantes de FSB. Sin base real de militancia sirvió de vehículo electoral en 1997 para organizaciones cocaleras que buscaban presencia política. Desde entonces intentó convertirse en partido, con estatutos y principios, aunque siempre bajo un liderazgo personalista.

Durante sus cuatro etapas de gobierno (2006–2009, 2010–2016, 2017–2019 y 2020–2025), el MAS funcionó como un espacio de disputa entre facciones –comunistas, socialistas, indianistas y el círculo de García Linera–, que se repartían ministerios y se vinculaban de distinta forma con el IPSP y otros aliados corporativos que fueron desarrollándose sobre todo en el occidente de Bolivia.

Pese a 14 años en el poder, nunca alcanzó la cohesión de un partido unificado. La crisis de noviembre de 2019 lo dejó debilitado. Con Evo y sus principales cuadros fuera del país, la conducción interna quedó sin articulador. La elección de 2025 confirmó esa fractura, aunque Morales insiste en reactivarse con una estrategia de resistencia basada en el voto blanco y nulo.

2.  El IPSP, red de organizaciones corporativas

Si el MAS aportó la sigla y el vehículo electoral, el IPSP le dio al proyecto la verdadera legitimidad social. Antes de 2006 ya existía como una vasta red que integraba a los cocaleros del Chapare, las 15 mil comunidades de la Csutcb, colonizadores, Cidob, Conamaq, COB y Fejuves del occidente. En sus momentos de mayor fuerza, el MAS lo transformó en la Conalcam y en un autodenominado “Estado Mayor del Pueblo”.

En 2025, el IPSP y sus aliados no solo se mantienen vigentes en la realidad y más allá de esta sigla, sino que se han ampliado. A los sindicatos tradicionales se sumaron comerciantes minoristas, importadores de autos ilegales y cooperativistas auríferos, configurando un bloque popular de enorme peso electoral articulado por el MAS en su interés de modo legal e ilegal.

Su presencia territorial también es clara: La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba, Chuquisaca y sectores de Santa Cruz, como San Julián, Yapacaní y Cuatro Cañadas.

 Con el debilitamiento del MAS partido, esta red persiste con sus rasgos centrales que debe remarcarse: organización permanente en el tiempo, acción colectiva y corporativista y un estilo político autoritario y prebendal.

3.  El PDC-IPSP: ¿la nueva intención de partido?

Hoy el PDC de Paz Pereira enfrenta el mismo dilema que el MAS en 1997: carece de militancia, doctrina y estructura real. Si ganara en segunda vuelta debería resolverlo en tiempo récord. A mayor claridad estratégica, mayor capacidad de articular gobernabilidad parlamentaria, como en su momento lo hizo el MAS con facciones diversas de la izquierda.

La legitimidad de su meteórico ascenso –del 10% al 32% en primera vuelta– parece explicarse en una doble coincidencia: el repliegue táctico activo del MAS para preservar su núcleo cocalero y voto duro (blanco y nulo incluidos), y la ofensiva de búsqueda territorial y focalizada de Paz Pereira para captar a la masiva ciudadanía corporativista (IPSP y grandes aliados) y sus votantes huérfanos del llamado bloque popular.

Pero cuanto más rápido y mejor se comprenda la lógica autoritaria, prebendal y corrupta de esos sectores –más allá de su imprescindible y democrática representación electoral alcanzada–, mayores serán las opciones para construir la aún inasible gobernabilidad parlamentaria y social.

En todo caso, aun si lograra una victoria en segunda vuelta, lo que viene para lo que hemos llamado provocadoramente PDC-IPSP es aún incierto, pues se mueve entre posibilidades de avances y enormes riesgos.

Los desafíos de gobernabilidad parlamentaria (a pesar de la gran proximidad con la bancada de la Alianza Unidad) y los de la gobernabilidad social (desarrollo de la relación con el IPSP y sus grandes aliados corporativistas) están abiertos y sin resolución clara.

Carlos Hugo Laruta es sociólogo.



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