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Política | 03/04/2025   04:06

|OPINIÓN|Los efectos globales del trumpismo|Eduardo Gudynas|

Las acciones de Trump tienen repercusiones directas e indirectas en la región, desde crisis económicas hasta incentivos para políticas autoritarias y extractivistas, poniendo en riesgo avances sociales y ambientales.

EFE
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Brújula Digital|03|04|25|

Eduardo Gudynas

En muchos países sudamericanos es común que se observe al gobierno de Donald Trump como un espectáculo todavía lejano. Un añoso presidente que habla demasiado, que intercala amenazas y burlas. Puede ser comprensible porque muchas naciones, y entre ellas Bolivia, enfrenta severos problemas que requieren casi toda su atención. Las urgencias están puestas, por ejemplo, en saber si habrá combustible en los surtidores, pero no tanto en los detalles de las órdenes ejecutivas que se firman en Washington.

Sin embargo, el giro en la política de Estados Unidos tiene repercusiones tanto dentro de ese país como a nivel planetario, y ambas están entrelazadas y son interdependientes. La más obvia es la amenaza y el aumento de aranceles a las importaciones, tanto contra productos como contra países. En un par de meses, Trump encamina una guerra comercial con sus vecinos (Canadá y México), con sus aliados históricos (la Unión Europea), y por supuesto contra China. Esto, a su vez, desencadena que esos gobiernos respondan con represalias comerciales y económicas, y el mundo se encamina a un aluvión de conflictos que inevitablemente golpearán a América del Sur.

La incertidumbre y los vaivenes se multiplican, y ya hay señales alarmantes para Bolivia y otros países. Por ejemplo, el litio, unas de las esperanzas exportadoras, está en sus precios más bajos en los últimos cinco meses, acercándose a los valores de 2020. Una situación esperable ya que las redes de producción y comercialización de baterías sufren la incertidumbre de esa guerra comercial. Entretanto, están los que buscan refugio en otros minerales, y es así que el valor del oro no deja de aumentar desde hace unos cinco años, alcanzando en estos días nuevos récords (más de 3 mil dólares la onza). Bajo esas condiciones, las presiones por la explotación de litio en los salares bolivianos es posible que amainen, pero el empuje de la minería de oro, especialmente en los ríos, se multiplicará, con toda su estela de conflictos sociales, violencia e impactos ecológicos.

Esas mismas incertidumbres envuelven el comercio de agroalimentos. Asoman allí las batallas por el diésel, entre quienes imponen enviarlo a la Amazonia para mantener funcionando las dragas que minan el oro, y los que los necesitan para las sembradoras, cosechadoras y camiones en el Oriente.

Ese tipo de tensiones, que se repiten en países vecinos, como Perú o Ecuador, a su vez se insertan en una radical transformación de los debates políticos globales. Ese es uno de los temas de atención del Observatorio Latino Americano de la Globalización que mantienen varias instituciones, y entre ellas CEDIB desde Bolivia.

No debe tomarse a Trump como un extravagante líder que es ciegamente seguido. Al contrario, es un emergente de grupos de políticos, intelectuales y empresarios que creen que su país necesita un cambio radical. Redefinen, por ejemplo, la libertad anulando la que se expresa individualmente para colocarla en las mayorías, la democracia se reduce al poder presidencial que no debe ser limitado, sea por los poderes legislativos o judicial. Adhieren al orden político de finales del siglo XVIII, y de hecho invocan una ley de ese tiempo para muchas de las expulsiones de inmigrantes. Lo denominan “constitucionalismo radical”, lo mezclan con contenidos contemporáneos, como el manejo de redes, y se tiñe con el resentimiento.

Como privilegian la lealtad incondicional, las acciones terminan en manos de incompetentes. Es así que se acumulan las indicaciones de estar ante estúpidos -un calificativo que los analistas y la prensa ya ni siquiera ocultan, como lo advirtió el Wall Street Journal; hace pocos días, el reconocido economista Paul Krugman, afirmó que la administración Trump no solo era incompetente sino que además eran malvados.

Esa mezcla de resentimiento, incompetencia y malicia desemboca en el violento desmantelamiento de las normas, evaluaciones y controles ambientales dentro de Estados Unidos. Los casos van desde la liberalización del sector petrolero, el despido de los guardaparques en las áreas protegidas, o el abandono de los acuerdos ambientales internacionales (con acciones similares a las tomadas por Javier Milei en Argentina).

Son muchas tentaciones para los poderosos en el Sur, especialmente si también son incompetentes o malvados. No faltan los políticos sudamericanos que piensen que si Estados Unidos anula las evaluaciones de los impactos de las petroleras, lo mismo debería hacerse en sus países. Los que respiran aliviados al saber que se debilitan esos tratados internacionales y agencias de Naciones Unidas que denunciaban sus incumplimientos de los derechos humanos. O los incompetentes que no advierten que los vaivenes en los precios de las materias primas los hunden en más extractivismos. Más allá de sus éxitos o fracasos, de sus verdades o sus hipocresías, esa institucionalidad internacional brindaba defensas para muchas organizaciones ciudadanas, sindicatos o pueblos indígenas. Todo ese entramado ahora está en riesgo.

Eduardo Gudynas es investigador en transiciones y alternativas al desarrollo en el CEDIB; @EGudynas





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