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16/07/2021
Con los pies en la tierra

Uno miente, dos mienten, tres mienten, ¿a quién importa?

Enrique Velazco R.
Enrique Velazco R.

Brújula Digital|16|07|21|

La semana anterior, me ha llevado a un estado de trance y de crisis existencial ante el evidente colapso de valores que considero elementales para sostener la institucionalidad democrática: principios y niveles mínimos de ética, en los políticos, y una permanente vigilancia desde la sociedad, para imponerles el apego a esos principios y valores.

Al inicio de la semana, en la entrevista en red UNO, Álvaro García dice que, al mediodía del domingo 10 de noviembre, Evo Morales le comunicó a él, Quintana, Zavaleta, Salvatierra, y “posiblemente Héctor Arce”, su decisión de renunciar. Ante esa decisión, él también renunció porque “su rol había sido acompañar un indio en el poder”. Por sucesión constitucional, le dicen a Adriana Salvatierra que ella debe hacerse cargo; Salvatierra accede entre lágrimas, y abandona el hangar presidencial para bajar a la ciudad.

García afirma que, posteriormente, cuando ya estaban en México, (el miércoles 12), Salvatierra se comunica con Morales y García y les comenta que su familia estaba bajo “la presión de los golpistas” y que, por lo tanto, ella también renunciaría, a lo que acceden.

En simultáneo a la entrevista a García, en PAT Gabriela Montaño trata de refutar al Gral. Terceros afirmando que era imposible que Kaliman hubiera sabido a las 14:00 de la decisión de Morales de renunciar: la decisión la habrían tomado, tras un amplio debate, al final de una reunión del gabinete en la que ella estaba presente y pocos minutos antes de abordar el avión para viajar al chapare (alrededor de las 16:00). García y Montaño coinciden en que, la renuncia, fue forzada porque las FFAA ya “actuaban al margen de la CPE, con sobrevuelos rasantes de aviones de combate haciendo uso de su armamento sobre La Paz y El Alto.”

Pero veamos los hechos. De inicio, no hay ningún registro de sobrevuelos rasantes con metralla en La Paz o El Alto ese domingo. En aclaraciones públicas –a los medios de comunicación y a militantes del MAS, Adriana Salvatierra ha repetido que las renuncias fueron acordadas, por razones políticas, con Morales y García. Respecto a cuándo fue acordado, nadie disputa que Adriana Salvatierra se reunió a las 15:00 del domingo 10 con José Antonio Quiroga y le informó sobre la decisión de la renuncia de Morales; ella publicó su renuncia tipo 18:30 de ese día, por lo que fue de pleno conocimiento del MAS, de Morales y de García. Las renuncias debieron haber sido acordadas el domingo, porque Morales se mantuvo en contacto con Salvatierra mientras ella asistía al diálogo de la UCB desde el lunes 11, donde ya todos sabían de su renuncia a la presidencia del Senado.

Sobre cuándo y cómo Morales decidió renunciar, las declaraciones de García y Montaño, se contradicen: Montaño sostiene que, la renuncia de Morales se discutió ampliamente, y se la decidió al filo de abordar el vuelo a Chimoré. Según García, tras la decisión de Morales a medio día, él también renuncia y deciden que Salvatierra asuma por sucesión constitucional. García no recuerda a Montaño –que fue su compañera de viaje al exilio– como la segunda mujer participante en la reunión de Morales con su equipo, ni menciona debate alguno sobre el tema entre los presentes.

Pero, si Salvatierra ya estaba en la ciudad a las 15:00 con la noticia de la renuncia de Morales, la versión de Montaño es insostenible, y no puede desvirtuar que Kaliman hubiera conocido de la renuncia a las 14:00.

En síntesis, un día, dos temas, tres actores, y al menos seis irreconciliables contradicciones “a vista y paciencia de todos”. Pero, aparentemente, la gran mayoría de la gente, simplemente, prefiere pasar al siguiente titular: el “express delivery” de gases desde Argentina, por ejemplo, …mientras la salud, el empleo y la reactivación, quedan en manos del Todopoderoso.

Es muy malo que los políticos mientan. Pero, frente a eso, son mucho peores la pasividad y el “que-me-importismo” social: si, con base en valores y principios compartidos, la gente no fija las prioridades en la agenda de gobierno, podrán cambiar las “verdades”, pero será imposible construir una sociedad democrática, y, menos aún, una con desarrollo sostenible.

Enrique Velazco Reckling, es investigador en desarrollo productivo*




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