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28/03/2021
El Tejo

Tribulaciones de un jubilado formal

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco

Mientras el Presidente del Estado muestra escasa memoria y poco discernimiento en México, este ciudadano trata, infructuosamente, de ser vacunado contra el coronavirus. Dura tarea que, como pienso que quizá a muchos les esté pasando, intentaré contar en las siguientes líneas.

Con paciencia, los de la tercera edad esperamos marzo para registrarnos en la lista del grupo que debe ser vacunado en abril. La información pública indica que cada quien debe inscribirse en la Caja de Salud de la que se jubiló, en mi caso, la CNS, que es de la que hablaré, por cuanto parece que en otras la atención es buena.

Primero, traté de llamar por teléfono para informarme mejor, pero… no funcionan los teléfonos de esa institución. Ingresé, pues, a su página web y parecía que iba viento en popa hasta que me dijeron que mi carnet de asegurado era el número que tenía cuando vivía en La Paz y que cambió cuando me trasladé a Cochabamba y es con el que me jubilé. Por tanto, probablemente me han registrado en La Paz, pero es imposible entrar en ese portal nuevamente para corregir el error.

Ante esa realidad, fui a las instalaciones de la CNS, donde me topé con una cola interminable de personas, la mayoría de las cuales era de la alta tercera edad, esperando recabar también información, y una policía mujer, manteniendo la debida distancia, me sugirió volver a las 16 horas porque “por ahí hay más espacio”.

Atendiendo ese consejo y frente a ese semillero de coronavirus opté por retirarme y esperar alguna ayuda, además de la divina, para que algún momento me puedan vacunar.

Además, estoy casado. Creímos que mi esposa tenía la alegría de no estar registrada en ninguna caja (la verdad por flojera dados los requisitos que la CNS establece para ello, que virtualmente son los mismos que se presentó para la jubilación), por lo que con la ayuda de una sobrina fue al centro de salud donde…, por un lado, se le pidió inscribirse en el SUS, lo que contiene un tufillo sectario preocupante, pues puede servir para inflar las cifras de un proyecto que nació mal en plena campaña electoral de 2019.

Por otro lado, se le informó que no se la había dado de baja de la Caja Cordes en 2018 donde estaba registrada siendo yo el titular. Por tanto, había que pedir un certificado de baja de esa entidad, mediante una carta a la administración incluyendo las consabidas fotocopias de cédula de identidad, formulario de baja, etc. La promesa de que en siete días estaría listo el certificado.

Es decir, por una negligencia burocrática, el afectado es quien debe realizar otro trámite para corregir el error. Algo así como la justicia actual, cuando el que denuncia corrupción es el detenido y los presuntos corruptos están bien instalados en el gobierno gritando que en 2019 hubo golpe de Estado.

Obviamente parece confirmarse la vigencia de “por qué hacer las cosas fáciles, si pueden ser difíciles”. Con los adelantos tecnológicos, cualquier ciudadano, como está ocurriendo en otras regiones, va a registrarse conforme al orden establecido en los centros comunitarios, llena los formularios que son debidamente confirmados en línea y se hace vacunar. Si ese ciudadano es masoquista y quisiera que lo vacunen por segunda vez, en forma parecida a aquellos que les gusta votar dos veces en una misma elección, en el sistema está la información correcta.

Nones, de lo que se trata es de complicar la vida del prójimo… y ahí tienen a este ciudadano que paga a la CNS 200 bolivianos al mes sin exigir su servicio, y que ni siquiera en una emergencia como la que vivimos puede recibir condigna atención.

Y, para qué les cuento: debo renovar el pasaporte y la licencia de conducir, trámites que ya me han provocado algunos sobresaltos, que les contaré cuando concluya el calvario.

En fin, el título de esta columna debería ser tribulaciones de un jubilado formal que busca vacunarse contra el coronavirus y que puede morir en el intento para eterna gloria de los burócratas y el proceso de cambio.

Juan Cristóbal Soruco es periodista.



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