03/01/2021
El Tejo

¿Signo de los tiempos?

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco

Si por un momento logramos encapsular mentalmente la pandemia del Covid-19, es posible ver que pese a todos los problemas que enfrentamos van emergiendo signos de cambio de nuestra sociedad, que abren paso a la esperanza en que el país se esté transformando… y para bien.

Permítanme una digresión. En 1973, Jorge Ríos Dálenz, cofundador del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), asesinado en Santiago de Chile durante el golpe de Augusto Pinochet, afirmaba que sólo se derrotaría a la dictadura de Hugo Banzer Suárez si el proceso en su contra germinaba en Santa Cruz, lugar donde, como se sabe, comenzó el golpe de Estado que encumbró al dictador boliviano.

Recuerdo esa predicción que la historia hizo realidad (el golpe contra Banzer fue encabezado desde Santa Cruz por el que fuera su delfín Juan Pereda Asbún), para aplicarla en el caso de Evo Morales, y encuentro que el fin (político, se entiende)del liderazgo de este dirigente ha comenzado con la interpelación de la militancia del MAS a su autoritaria conducción política, y no tanto por su fuga del país el pasado noviembre de 2019.

Probablemente el rechazo más simbólico es el que se dio en Lauca Ñ, silletazo incluido, que es como la cuna del liderazgo del expresidente fugado (como fue Santa Cruz para la dictadura banzerista). A éste le sigue la decisión de muchos dirigentes y militantes del MAS en El Alto, segundo baluarte de Morales, que han desconocido al candidato a la Alcaldía que el caudillo quiso imponer y apoyan la de Eva Copa, la expresidenta del Senado que ante la fuga de la dirigencia masista asumió la Presidencia del Senado y, junto a la ex mandataria Jeanine Añez, ayudó a evitar que la violencia fratricida se propague en el país. Actitud de lealtad con sus principios que el caudillo no puede permitir…

Un nuevo signo que me provoca esperanza es que la ambición de vivir del Estado quita la máscara a viejos y jóvenes conductores políticos que se presentan como renovadores, y los muestra como lo que son.

En Santa Cruz se observa esa realidad con las alianzas que hace la agrupación Creemos con dirigentes que hasta octubre pasado decía combatir por corruptos. O en Cochabamba, en que se conforman alianzas entre dirigentes que también hasta hace poco se combatían o que Incluso eligen como candidatos a padre e hijo.

Para peor, y a fuerza de repetitivo, los extremos, esta vez representados por el MAS en La Paz y Súmate en Cochabamba, desafían el ordenamiento constitucional y al Órgano Electoral Plurinacional (OEP) para imponer determinados candidatos pese a no cumplir los requisitos establecidos.

¿Esperanza ante tanta irregularidad? Sí, porque se trata de actitudes tan grotescas que pueden hacer que la ciudadanía asuma conciencia de que es necesario impulsar procesos de ruptura con lo obsoleto para recreación de sistemas de organización política comenzando por lo básico: recuperar el concepto de política como servicio al bien común en función a principios y propuestas diferentes que permiten que la ciudadanía las elija.

O, lo que finalmente es lo mismo, exigir que la política no sea sólo un toma y daca entre dirigentes venales que se especializan en apropiarse y distribuirse la administración estatal para su particular beneficio.

Si esta apreciación es correcta, se debería concluir en que lo que se está construyendo desde la reinstalación del sistema democrático en 1982, con sus virtudes y defectos, ha permitido ampliar la participación ciudadana en la vida política del país.

Así, creo que el país comienza un nuevo año que no será de ninguna manera fácil, pero que tiene en sus genes impulsos que permitirán enfrentar tanto la pandemia como los desafíos que tiene la construcción imparable de un sistema democrático y equitativo…

Juan Cristóbal Soruco es periodista.



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