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14/09/2023
Desde el faro

Ovejas negras y sus matices: FFAA y democracia

Erika Brockmann
Erika Brockmann

Esta semana fue la última de la primera ronda de presentaciones del “El color de las ovejas negras, crónica de un parricidio”, obra escrita por Cecilia Lanza Lobo. Ocurrió en Cochabamba y fue un privilegio comentarla tras su exitoso lanzamiento en las ciudades de La Paz y Santa Cruz.

No hice una reseña del libro. Opté por dar elementos que despierten el interés de los lectores y comentarlo desde una perspectiva política por considerarlo un aporte que amplía la mirada y comprensión de hechos que no pueden quedar en el olvido. Con una prosa fluida y amigable, Cecilia nos cuenta las circunstancias de la rebelión militar gestada en suelo cochabambino en mayo de 1981, la que fue liderada por Emilio Lanza, quien además de padre de la autora era comandante del Centro de Instrucción de Tropas Especiales en Cochabamba (CITE). Nos enteramos de los pormenores de este levantamiento y de los que siguieron en distintos recintos militares que remataron en la renuncia de García Meza el 4 de agosto de 1981.

El fin de la dictadura cerró la larga y dolorosa transición del ciclo de gobiernos de facto militares a la instauración del ciclo democrático en octubre de 1982. Desde el punto de vista histórico y político, el libro nos llega en un buen momento. No solo tras cuatro décadas de vigencia ininterrumpida, aunque accidentada, de la democracia en el país, sino también a dos años de celebrarse el bicentenario de la constitución de Bolivia como país soberano e independiente, al que nos acercamos con incertidumbres, desafíos, viejas y muevas preguntas. 

Es políticamente relevante porque con rigurosidad histórica y en un intento novedoso de superar el enfoque meramente biográfico de la vida de Emilio Lanza, concentra su atención en un periodo histórico clave para entender la reconfiguración del poder político en el país. Cabe resaltar que, al igual que la guerra del Chaco, la revolución del 52, la inauguración de la era democrática fue un momento constitutivo, y de inflexión histórica sobre la que se proyecta la historia contemporánea del país y que muchos quisieran borrar con argumentos refundacionales.

Con fuentes confiables e información novedosa nos narra detalles sobre la gestación del golpe de 1980. Sobre la penetración y complicidad del narcotráfico en las estructuras que llevo a definirlo como “Narco gobierno” y la semblanza de tenebrosos personajes y otros menos oscuros del gobierno de Luis García Meza.

La autora lo hace con pinceladas grises, algunas coloridas y con palabras certeras. Varias sórdidas y estremecedoras, es el caso de la masacre de la masacre de la calle Harrington el trágico 15 de enero de 1981. Nos transporta al escenario donde discurre la dinámica de las FFAA, “ese mundo” cuyo estudio se soslaya o al que se acercamos con prejuicios, resistencias y aproximaciones maniqueas al colocar a las FFAA como la villana de la historia. El libro posibilita entender desde dentro el papel que jugaron sectores institucionalistas, con visión prorrepublicana de las FFAA en el derrocamiento de la cruenta y última dictadura militar.

“El color de las ovejas negras” es un texto cuyo valor histórico y político descansa en aquilatar el rol de las FFAA, de su estructura jerárquica, de la disciplina de los que obedecen y no deliberan, de los que confabulan, conspiran o traicionan, de la grandeza y miserias de los conductores de una institución que, nos guste o no, fue central en la conducción política de los 90 gobiernos que reporta la historia boliviana desde agosto de 1825. 39 de un total de 67 presidentes, algunos con más de un periodo de gobierno, vistieron el uniforme militar alineados a distintas corrientes del arco ideológico, accediendo al poder mediante golpes y en algunos casos mediante el voto censitario de la democracia restringida. Esta referencia cuantitativa no es un dato menor. Los militares hacían política no estuvieron al margen de un oficio que no es ciencia, es un arte, es química y física compleja, alquimia y resortes a veces explosiva.

Habida cuenta del protagonismo histórico y político de las FFAA durante 150 años no extraña que sus mandos se hayan visto en el espejo de la historia como los auténticos salvadores y “padres de la patria”. Fueron desplazados, en democracia por los padres y madres de la patria, representantes electos para conformar el órgano legislativo.

En este punto, cobra sentido el subtítulo del libro “Crónica de un parricidio” y la alusión al “Aleteo final de los padres de la patria” como encabezamiento del penúltimo capítulo. La rebelión del CITE y el memorable carajazo que su comandante lanzó al Dictador, quien perdió por un instante la compostura y la prepotencia consabida y su posterior caída ¿fue solo “un” parricidio? Metafóricamente el parricidio fue múltiple y tuvo efecto ampliado. La transición y la instauración democrática arrancada por el pueblo boliviano, fue el jaque mate que llevo al repliegue definitivo de los militares del poder, para finalmente regir la constitución de 1967 y posteriores, como la suprema norma que define los límites y funciones de la FFAA.

El libro permite revivir un momento histórico marcado por el aleteo final de los padres de la patria, aquellos que con botas y no siempre con votos definieron el destino del país. Que su lectura contribuya no solo a recuperar la memoria, a mirarnos en el espejo de la historia, a fortalecer la capacidad de asombro y de propósito para construir democracia, combatir la violencia y evadir la simplificación caricaturesca de la historia, que en distintos ordenes se instala y normaliza en la política y la sociedad boliviana.  



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