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16/10/2023
Emergencias y esperanzas

Movimientos sociales del MAS, decantados y pusilánimes

Manuel Morales Álvarez
Manuel Morales Álvarez

La arquitectura política corporativa del gobierno y del MAS-IPSP ha tardado 18 años en decantar a las organizaciones sociales, ya sean estas agrupadas o desagregadas en orden de jerarquía. Uso decantar en este contexto, para significar “separar”, “dejar a un lado”, en fin de cuentas, “depurar”.

Durante los 18 años analizados, que conforman hoy en día un ciclo decadente, se afirmó desde el discurso oficial que este era “un gobierno de los movimientos sociales”; sin embargo, en la realidad la toma de decisiones, las políticas públicas, el soporte normativo y la estabilidad económica, fueron obra de círculos estrechos de poder en torno a la presidencia de Evo Morales y de Luis Arce. Ambos mandatarios nunca dejaron en manos de las “trillizas” (Bartolinas, CSUTCB e interculturales), menos del Pacto de Unidad (junto al CIDOB y CONAMAQ) y la COB la toma de decisiones gubernamentales.

La política económica populista, con sus medidas de subvención del precio de alimentos y de los carburantes (diésel y gasolina), nunca dejaron de ser pensadas como un umbral de estabilidad política del gobierno frente a los posibles levantamientos populares que devendrían de procesos inflacionarios o devaluatorios del boliviano frente al dólar, es decir, lo “nacional popular” nunca fue un sentimiento genuino sino un simple cálculo de auto preservación.

Una arquitectura política corporativa ha sido la inclusión de diferentes sectores como base de apoyo del gobierno, inclusión instrumental de corte populista, rematada por un caudillo autoritario y patrimonialista. De ahí las potencialidades de generación de una nueva élite política que en el caso de Evo Morales fue su entorno de operadores y funcionarios públicos leales (Quintana, Romero), al tiempo de sostener una sólida base geopolítica en el Chapare, en las zonas auríferas y mineras y en las tierras bajas.

Luis Arce, aprovechando la segregación política de Evo Morales y sus colaboradores como emergencia de la insurgencia ciudadana de octubre y noviembre de 2019, también conformó su círculo concéntrico de colaboradores manteniendo el mismo esquema, pero con nuevos protagonistas (Eduardo Del Castillo, Iván Lima y Johnny Aguilera entre otros).

Un gobierno corporativo es aquel que deja de lado el servicio al bien común para conceder favores y políticas públicas a los intereses de determinados sectores con los cuales tiene una relación “filial”, si se quiere. Prueba de ello es que el gobierno no cobra impuestos a cocaleros, agronegocios, cooperativistas mineros, por ejemplo. En un gobierno corporativo se intercambian ayudas, mismas que no son de beneficio de los intereses y necesidades nacionales. Si el Gobierno es el papá, pues a los hijos (movimientos sociales) no se les exigen responsabilidades.

La división del MAS IPSP no se fundamenta en razones ideológicas, se trata de una pugna entre dos grupos: uno en el gobierno (Arce) y otro desplazado del mismo (Evo).

La batalla por la sigla y la candidatura ha decantado a los aliados corporativos. Ni la COB, las COD, confederaciones de fabriles, petroleros ni el Pacto de Unidad o las trillizas son parte de la estructura política del MAS-IPSP. Evo Morales puede prescindir de estas corporaciones (tal como lo evidencia el Congreso en Lauca Ñ) y Luis Arce los mantiene como aliados en tanto es Gobierno, como un simple apéndice.

La decantación del MAS-IPSP de las organizaciones sociales es una realidad y queda para el registro las declaraciones de los dirigentes del ala renovadora del MAS aquellas declaraciones de que son “fundadoras del MAS”, cuando en realidad ya están fuera de la estructura estatutaria reconocida por el Tribunal Supremo Electoral.

Ahora, queda preguntar: ¿cuál el papel del sindicalismo y de las corporaciones políticas?

Durante 18 años se ha subordinado el sindicato al gobierno. Los dirigentes cobistas, campesinos e interculturales pusilánimes con su clase o sector social, se han entregado de cuerpo entero a las migajas prebendales del Estado, han recibido dádivas, pegas y favores a cambio de traicionar sus demandas históricas y desestructurar el tejido social, organizacional y reivindicativo del país.

En estas condiciones ¿podrán recrear la política boliviana dando nacimiento a un instrumento político que responda a sus intereses históricos? No lo creo.



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