06/12/2020
El Tejo

Mal con ellos, peor sin ellos

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco

Lanzada la convocatoria para las elecciones subnacionales (en las que se elegirá a gobernadores, consejeros, alcaldes y concejales) ha aparecido una increíble cantidad de candidatos, mujeres y hombres, a gobernadores de departamento y alcaldes.

Tal interés muestra una incoherencia de base: casi todos ellos se presentan como parte de la renovación de los viejos políticos y como prenda de garantía aseguran que siempre han sido tecnócratas, dirigentes cívicos o sindicales, y que “nunca” han hecho política. Pocos son aquellos que declaran que son candidatos precisamente porque quieren hacer política como el arte del manejo del poder para buscar el bien común.

Dejando a un lado la posición político-ideológica, son estos candidatos los que me generan simpatía. En cambio, los que juran y rejuran que no son políticos me provocan automático rechazo porque, a mis 67 años, son estos, precisamente, los que más han pervertido la acción política, comenzando por los militares cuando se sentían llamados a conducir al país, seguidos de caudillos que se sienten iluminados, terminando en quienes entran a la política no por vocación de servicio sino porque conciben la administración pública como un espacio para el rápido enriquecimiento o de defensa de intereses particulares.

Soy, en consecuencia, de los que extrañan a los operadores políticos porque creo que son más aptos para administrar el poder racionalmente y están predispuestos a la concertación, aceptan que debe haber controles institucionalizados (entre ellos el propio partido) que hagan seguimiento a su actuación y finalmente saben que deberán someterse al dictamen de la ciudadanía de quien depende si se mantienen en su oficio.

Pero, el hecho de que los extrañe no me impide estar consciente de sus defecciones, que se dan sobre todo cuando su acción política se va encerrando en pequeños grupos de poder que los insensibiliza frente a las demandas ciudadanas, como demuestra la actuación de los dirigentes políticos (no me refiero a los outsiders improvisados) en el proceso de derrocamiento del sistema político-partidario que se creó a partir de 1982. Así como los 14 años de gobierno del MAS que nos han hecho ver cómo una propuesta de cambio que sedujo a parte importante de la ciudadanía se frustró por obra de un grupo de cortesanos que utilizaba al ex presidente fugado (no derrocado) para beneficiarse de las mieles del poder.

Recordando esas experiencias, ojalá se presenten en estas elecciones ciudadanos que de verdad quieran hacer política, que tengan vocación y capacidad de traducir en acciones concretas sus propuestas si son elegidos y no caigan ni en la tentación de usufrutuar de las arcas públicas ni de someterse vilmente al caudillo de turno del nivel central, como ha sucedido en Cochabamba.

En fin, la experiencia que estamos atravesando nos permite repetir aquello de que “mal con ellos, peor sin ellos”. En este sentido, creo que es una injusticia que se achaque a los operadores políticos todas las culpas de una gestión, librando de culpa a quienes los elegimos, cuando es hora de que también asumamos nuestra importante cuota de responsabilidad.

Así, las próximas elecciones subnacionales pueden ser el escenario en que se exprese la voluntad política ciudadana y se elija a los candidatos que creamos que mejor podrán atender los temas que nos atañen directamente porque estamos convencidos y no sólo seducidos.

También son una oportunidad para que quienes se adscriben o militan en diversos grupos de presión urbana y se sienten con capacidad de interpelar u obstaculizar la acción pública, dejen de lado la cómoda posición de la crítica y se animen a postular a sus líderes (que, en verdad, son operadores políticos) como candidatos y puedan aplicar sus propuestas en el ámbito público si son elegidos.

Se vienen, sin duda, momentos aún más complicados que los que ya hemos pasado, y sólo superaremos las dificultades que provengan de los ámbitos estatal (el expresidente fugado no duerme), económico, de salud y educación, si logramos concertar visiones. Por eso, las elecciones subnacionales pueden ser clave para que los costos de enfrentar esos problemas sean equitativamente distribuidos, preservando el sistema democrático y los derechos humanos que ello implica.

Juan Cristóbal Soruco es periodista.



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