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10/07/2021
Articulista Invitado

Los recursos naturales son del estado, pero el oro, ¿sólo de los cooperativistas?

Joshua Bellott Sáenz
Joshua Bellott Sáenz

El proyecto de ley que se encuentra en Parlamento, sobre la compra y venta de oro por parte del Banco Central de Bolivia, ha dado mucho que hablar en los últimos días, especialmente por la incertidumbre que significa vender el oro que respalda el futuro de los bolivianos.

Por otro lado, salió una investigación del CEDIB acerca de la explotación del oro aluvional, la utilización de mercurio y otros aspectos referidos a esta importante industria de exportación.

Lo cierto es, que la participación de varias instituciones y analistas, abrieron nuevamente un debate en torno a la explotación de oro y su aporte a la economía y al desarrollo del país.

El oro en la actualidad, es uno de los principales productos de exportación boliviana; y de hecho, debido a una sostenida escalada de los precios internacionales, una industria muy atractiva para explotadores de oro prácticamente informales. Siendo esta, una particularidad de nuestra economía y nuestra pobre institucionalidad que trae más problemas de lo que pensamos. Una empresa en Bolivia, no puede sobrevivir en la formalidad.

El 2010 el precio de venta de una onza de oro exportada por Bolivia, alcanzaba a 893 dólares promedio anual, pero fue subiendo paulatinamente (EL 2012 el precio ascendió a 1.396 usd), llegando al primer pico en cuanto al valor de nuestras exportaciones: el 2014 exportamos 1.361 millones de dólares de oro metálico a un precio de 1003 dólares la onza, equivalente a 42 toneladas de oro. El próximo año, la exportación bajó abruptamente a 725 millones de USD y 24 toneladas vendidas a un precio de 922 dólares la onza.

El segundo pico que alcanza la exportación de oro metálico, fue el 2019, con un valor de 1.739 millones de dólares, a un precio promedio de 1.111 dólares la onza, equivalentes a 49 toneladas. El 2020 se exportaron 1.230 millones, a un precio de 1.400 dólares la onza.

Para que quede claro lo atractivo del negocio, resulta que el 2010 exportamos 3 toneladas de oro metálico y para el 2019 el volumen de exportación se multiplicó 17 veces. El valor de exportación en 2010 alcanzó a los 94 millones de dólares, por lo que hasta 2019 se multiplicó 19 veces.

Lo que preocupa; pese a los excelentes datos expuestos, como publica la Fundación Jubileo, es la precisión de los datos de contrabando del Perú referidos por el mencionado proyecto de Ley al inicio de este artículo, afirmando que la mitad de lo que exportamos es en realidad una reexportación. Además, afirman que, de lo registrado, sale como exportación ilegal, un monto similar; o sea, el 2019 habrían salido del país casi 100 toneladas, equivalente a casi 3.500 millones de dólares. Como referencia para comparar la cifra, la exportación de gas ese mismo año fue de 2.741 millones de dólares. Refrendando estos datos, Alfredo Zaconeta afirma que el 2014, Bolivia produjo 25 toneladas, pero exportó  34 (aunque en este caso, la exportación ese año alcanzó a 42 toneladas de oro metálico y un poco más de 5 toneladas de mineral de oro, según datos del INE).

Lo que debe quedar claro es que estos problemas ocurren, primero por la escasa capacidad institucional para el control de la importación y exportación del oro; y, además, por condiciones favorables en el tema impositivo y de regalía minera.

En otro ámbito y según el mismo autor -mencionando como fuente a la Gobernación de La Paz-, el 2010 se tenían registradas 459 cooperativas y el 2020 1.300, con una producción de 21,8 toneladas; que comparando con las 27 toneladas exportadas ese año, representa un poco más del 80%. Precisamente, estos productores, fueron favorecidos por la Ley 535 del gobierno del MAS y consiguieron fijar una alícuota de 2,5% de regalía, muy por debajo de lo fijado por la Ley 1777 que la fijaba en un 7%.

Para ampliar un poco el panorama y a propósito de las publicaciones mencionadas, uno de los problemas colaterales a la explotación de oro, es la contaminación ambiental por la utilización de mercurio y cianuro, ya que ambos compuestos permiten obtener oro, ya sea por amalgamación o gravimetría.

El año 2010 importábamos 2 toneladas de mercurio y el 2016 llegamos a un pico de 238 toneladas (120 veces más), para ir disminuyendo paulatinamente hasta el 2020, cuando importamos sólo 165 toneladas. Respecto a los precios, el 2010, el kilo de mercurio costaba casi 24 dólares, el 2012 38 y el 2013 60, para ir reduciendo aceleradamente, ya que el 2016 costó 26,8 dólares y el 2017 16,5; el precio más bajo durante todos estos años. El 2019 costaba 49 dólares, el 2020 46 y durante los primeros 4 meses del 2021, en promedio, se compró el kilo de mercurio a 47,5 dólares aproximadamente.

Según el ministro de minería y consultando algunos pappers técnicos, en Bolivia se utiliza entre 5 a 10 kilos de mercurio para recuperar 1 kilo de oro, pudiendo llegar en un extremo a 25 kilos. Si el 2016 se exportó solamente 23 toneladas, resulta que con todo ese mercurio importado se podía obtener casi 30 toneladas de oro metálico, si a esto adicionamos que se exporta ilegalmente un volumen similar, entonces la cantidad importada de mercurio no abastece para dicha exportación (tomamos 8 kilos de mercurio por kilo de oro). Por otro lado, si sabemos que la producción nacional es sólo la mitad de lo exportado, importamos como 130 toneladas de mercurio en demasía.

De estas publicaciones, además extraemos el dato de que el mercurio se vende en el país, entre 1.100 a 1.500 Bs el kilo, por lo que, tomando el precio de importación de 2020, la utilidad por kilo superaría un 200%, después de cubrir el costo.

Sólo como referencia, el 2010 importamos casi 6 mil toneladas de cianuro y llegamos a un pico el 2017, con casi 6.500 toneladas. El 2019 la importación fue similar a la de 2010 y el 2020 importamos 4.100 toneladas aproximadamente. El kilo de cianuro, desde el 2005 hasta la fecha, nunca superó los 2 dólares. Al no tener conocimiento, respecto a si la totalidad del cianuro es destinado a la industria del oro, es difícil saber cuánto de oro se puede obtener, pero sin duda queda la pregunta en el aire: si la cantidad de mercurio cubre sobradamente la producción de oro actual, ¿cuánto más se está produciendo con esta cantidad de cianuro?

Por último; después de constatar la magnitud del negocio, la inoperancia de la institucionalidad boliviana y los miles de millones de dólares que no son registrados y se constituyen en una pérdida para el Estado, quiero hacer una aproximación de las grandes ganancias de esta industria casi subterránea.

Resulta que el 2005 la empresa que explotaba oro en Oruro, Inti Raymi, publicaba en su propio Boletín Estadístico, que explotarían del cerro Kori Chaca 224 mil onzas de oro, que obtendrían una utilidad de más de 10 millones de dólares, y con el precio a ese año (420 dólares la onza), pagarían una regalía de un poco más de 4 millones de dólares. Si esto fuera así, el precio de costo por onza de esta empresa, no podría pasar los 270 dólares la onza. Si pensamos que las cooperativas tienen costos más altos, debido a la baja inversión y tecnología, pese que en el caso de esta empresa el sistema es a cielo abierto y no aluvional (que debería ser incluso más barato), podríamos pensar que el costo de una onza de oro producida por una cooperativa, alcanza a 600 dólares. Si esto fuera así, las utilidades para el año 2020 habrían superado los 600 millones de dólares, y del total de ingresos (1.230 MM de USD), habrían pagado sólo 34 millones de dólares, correspondientes a regalía.  Si a esto sumamos que la salida de oro se duplica sumando el contrabando, resulta que las utilidades podrían superar los mil millones de dólares, de los cuales, tampoco pagaron el impuesto a las utilidades.

Por lo tanto, al parecer, los recursos naturales son de los bolivianos, sólo para el discurso, ya que pertenecen a unos cuantos que prácticamente son informales y no contribuyen al desarrollo de las mayorías. Debemos cobrar, por lo menos un 10% de regalía para el caso específico del oro, y debemos mejorar el control de la producción, las fronteras, y el medio ambiente.


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