09/12/2019
El Tejo

Los desafíos del periodismo, un asunto de todos

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco

El ejercicio del periodismo es dar, en forma permanente, un examen. Lo que hacemos y dejamos de hacer es objeto de discusión, crítica y, pocas veces, aplauso en la rutina diaria de la gente.

Probablemente esa sea una de las razones por las que la susceptibilidad está a flor de piel y nos resistimos a aceptar cualquier crítica si viene de fuera de los gremios, pero que parecería que nos deleitamos cuando ésta es interna.

El tema viene a cuento porque, aunque intentemos creer que somo inmunes, en la sucesión de acontecimientos que hemos vivido en el país, se ha podido comprobar una vez más que los periodistas sufrimos los mismos males de la sociedad. Y ahora, mientras dura la agonía del ciclo del MAS, los periodistas también estamos sufriendo un proceso de intensa interpelación que, en algunos casos, cae en intentos de hacer leña del árbol caído. El resultado es que, como se dice, la principal víctima de esta situación es la ciudadanía y la probable verdad.

La radicalidad se agrava porque desde principios de siglo algunos colegas repusieron en la agenda del debate periodístico el cuestionamiento a una supuesta independencia partidaria/sectaria del periodista para informar de mejor manera. Sin mayor reflexión, muchos aceptaron que había periodistas que eran utilizados, con excelentes maquillajes de “objetividad”, por el gran capital, las roscas mediáticas y las ideologías conservadoras, versus los periodistas que asumían una identificación con el proceso de cambio al que había que sacrificar, de ser necesario, algunos principios del periodismo documentado.

Hemos vivido 14 años en esta tensión y no es fácil salir del maniqueísmo que se ha establecido entre buenos y malos periodistas, en función a su adhesión político-ideológica.

Mientras tanto la ciudadanía, que no tiene por qué seguir esas disputas, quiere y necesita un periodismo que le informe correctamente para comprender su realidad. Más aún con el imparable crecimiento de las redes sociales y su conversión en un espacio de inescrupulosa agresión político-ideológica que invade su rutina y tiene pocos instrumentos (uno de ellos es el buen periodismo) para defenderse.

En ese contexto, han aparecido algunas sugerencias para organizar espacios de reflexión sobre nuestro oficio, en los que a través del debate aparezcan luces que nos permitan ejercer mejor la profesión. Obviamente, la condición sine qua non para alcanzar ese objetivo es que el debate interno deje atrás la agresión ideológica y se pueda encontrar áreas comunes de diálogo.

Otra condición es que asumamos el desafío de autoevaluarnos respecto al trabajo que realizamos y de la necesidad de impulsar procesos de capacitación permanente porque los cambios son vertiginosos y nos exigen mayor investigación y esfuerzo, de manera que evitemos que nos rebasen y optemos en algunas oportunidades por el facilismo o el sensacionalismo, rompiendo principios éticos y estéticos fundamentales para el buen ejercicio del oficio.

Además, la realización de elecciones generales y regionales el próximo año no sólo tienen la importancia en sí mismas de ser las que permitan renovar a muestras autoridades y consolidar el sistema democrático en el país, sino, por las particularidades de la actual situación, el de recuperar el valor del debate entre adversarios sobre sus propuestas y visiones.

En ese escenario, el periodismo debe recuperar el papel que cumplió desde mediados de los 80 del siglo pasado en la organización de debates entre los candidatos, eventos de gran utilidad para que la gente los conozca y aprecie sus capacidades para poder dirigir y aplicar sus propuestas.

En fin, como todas las instituciones del país, el periodismo debe reciclarse en estos nuevos tiempos, manteniendo la premisa de que lo que hacemos en nuestro oficio afecta a la ciudadanía en general, por lo que requerimos, insisto, recuperar con convicción la noción de que nuestra tarea fundamental es buscar la verdad para difundirla en la sociedad y no utilizar el oficio para servir a intereses parciales, por más legítimos que creamos que estos sean.

Juan Cristóbal Soruco es periodista.