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04/06/2021
Articulista Invitado

“Lolita” a la boliviana

Hernán Cabrera
Hernán Cabrera

En 1955, la Iglesia Católica, los grupos conservadores, los escritores del sistema, la cultura oficial se rasgaría las vestiduras y condenarían al escritor ruso Vladimir Nabokov, porque ofreció su novela más atrevida y conocida: “Lolita”, publicada por primera vez en 1955. Una obra maestra y un clásico de la literatura moderna. Blasfemia, herejía, se merece el infierno, decían los obispos.

¿Por qué generó la tormenta de críticas de apoyos y rechazos? Relata magistralmente la relación incestuosa y abusiva de un cuarentón con una niña de 12 años, a quien le dedica las mejores prosas de amor, erotismo y sexo que una mente haya podido imaginar.

“Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes Lo. Li. Ta.”, señala Nabokov.

Imagínense ustedes amables lectores semejante ofensa a la moral que cometió el escritor ruso, nacionalizado estadounidense, que solo imaginando esta relación incestuosa, generó desprecio, rechazos, cuestionamientos y movilizaciones en muchas partes del planeta.

Pero no solo hay “Lolita” en la imaginación del escritor, en Bolivia hay varias Lolitas de todos los días, que caen seducidas por el dinero, por el poder, por los ofrecimientos de lujo, bienestar. Lolitas que son víctimas de violencia sexual, de abusos y  maltratos. Cada día se registran en el país entre 5 a 7 casos de violaciones a niñas y adolescentes. Cada año desaparecen entre 300 a 400 niñas y mujeres que son objetos de trata y tráfico de personas.

Es obvio, que la creación literaria es una cosa y la realidad es terriblemente otra. En Bolivia esa realidad es más poderosa y rica en acontecimientos.

A ese paso la sociedad boliviana, las instituciones públicas defensoras de los derechos humanos, las organizaciones sociales, las llamadas ONGs, la prensa, los grupos feministas han caído en una especie de anomia y de complicidades, que ya esas estadísticas y las denuncias de pedofilia, incesto, abusos a niñas y adolescentes, lo están viendo como si fuera normal y no reaccionan como debería ser en aras del mandato constitucional; “Es deber del Estado, la sociedad y la familia garantizar la prioridad del interés superior de la niña, niño y adolescente, que comprende la preeminencia de sus derechos…”. (Art. 60, CPE). “Se prohíbe y sanciona toda forma de violencia contra las niñas, niños y adolescentes, tanto en la familia como en la sociedad” (Art. 61, CPE).

“Art. 2. La finalidad del presente Código es garantizar a la niña, niño y adolescente, el ejercicio pleno y efectivo de sus derechos, para su desarrollo integral y exigir el cumplimiento de sus deberes”. (Código niña, Niño y Adolescentes, Ley No 548).

“Art. 11. Tratamiento especializado. Las instituciones del Estado en todos sus niveles, involucradas en la protección de los derechos de la niña, niño y adolescente, garantizarán a favor de las niñas, niños y adolescentes el tratamiento especializado, para lo cual desarrollarán programas de capacitación, especialización, actualización e institucionalización de sus operadores”. (Código niña, Niño y Adolescentes, Ley No 548).

Eso señalan la Carta Magna y la Ley 548, pero en la realidad se vienen sucediendo varios hechos contradictorios, que no merecen la atención debida de parte de las instituciones competentes, que al igual que el avestruz, prefieren esconder la cabeza y que pase la tormenta. Esa tormenta que los medios de comunicación y las redes sociales se encargaron de difundir y amplificarla, cometiendo muchas veces vulneraciones a la dignidad de una niña o adolescente comprometida en una situación delicada, como el caso de la adolescente que publicó un tik tok, donde cantaba al lado de un expresidente de Bolivia. Un video por demás claro que entre ambos no solo había una relación amistosa, sino mucho más, es decir, incestuosa y escandalosa.

Pero lo que llama la atención es la reacción que adoptaron varias mujeres de una llamada “Articulación Feminista campaña 28 de septiembre”, que dirigieron una carta a la Defensora (ai) del Pueblo, que hace muchos meses ya cumplió con  su ilegal interinato, en la que cuestionaban la cobertura de ese hecho en algunos medios de prensa, pero no decían nada del hecho en sí, que obviamente es más grave, delicado y violatorio a los derechos, por donde se lo mire: Una Lolita en manos de un cincuentón, pero para ellas, eso no es delito, ni merece un mínimo de comentario.

“Nos dirigimos a su autoridad para solicitar su intervención ante el atropello a los derechos de las niñas y adolescentes que se evidencia en la noticia que difunde el periódico El Deber, sin protección  en su cuenta de twitter, (https://www.facebook.com/watch/?v=3955726851191993) relacionada a un supuesto vínculo entre el expresidente de Bolivia, Evo Morales y una adolescente.

La situación de violencia que viven las niñas y las adolescentes en el país es demasiado alarmante y cruel. Los derechos y la lucha contra las violencias machistas y patriarcales deben efectuarse en los hechos y no pueden quedarse en textos de leyes que hemos conquistado.

Los derechos de las mujeres y las niñas no pueden ser un instrumento para legitimar o deslegitimar la figura o trayectoria de un político, sea de la tendencia política que sea. Muchos medios de comunicación se prestan para estos juegos políticos y actos ilegales, en este caso el periódico El Deber muestra de manera burlesca y sensacionalista un hecho que debería ser investigado, evidenciando toda falta de criterio periodístico y de ética”, señala la carta del 31 de mayo de 2021.

Es decir, atacaron al mensajero, que obviamente cometió una grave violación al derecho a la dignidad y privacidad de esa adolescente, pero justifican al agresor o por lo menos tratan de protegerlo. Ambos deben ser sancionados, si la justicia fuera eficiente, responsable y valiente. Y no fuéramos de doble moral.

Recordarles a ellas y a la sociedad que toda niña y adolescente tiene el supremo y sagrado derecho a la integridad, a la vida, a la felicidad y al desarrollo integral y que todo abuso, uso, atropello y violencia que se haga contra ellas, debe ser sancionado severamente, venga de donde venga. Sino lo asumen así, lo siento, están totalmente equivocadas y son cómplices.

Volviendo al libro de Nabokov, comparto estas palabras del prólogo que hizo John Ray, doctor en Filosofía de la Universidad de Massachusetts: “Lolita hará que todos nosotros -padres, trabajadores sociales, educadores- nos consagremos con interés y perspectiva mucho mayores a la tarea de lograr una generación mejor en un mundo más seguro”. 

*Lic. en Filosofía y Periodista 




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