10/11/2019
El Tejo

Hacia la reconstrucción de la democracia

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco

A las 11:38 horas de este sábado 9 de noviembre, cuando escribo la columna, no se puede vislumbrar aún hacia dónde marchamos. Me hago eco del último documento de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), que llama “a las instancias de Gobierno, que tienen la responsabilidad principal de conducir al pueblo por caminos de paz, a instalar con urgencia un diálogo de todas las partes”; que recuerda a los partidos de oposición “que el camino mejor es siempre el de la concertación”, y que invita a los comités cívicos “a crear condiciones favorables para el diálogo y a toda la población a cuidar el don de la vida, que es un don de Dios y a manifestar sus ideas en paz y sin agresiones”.

Vivimos momentos en los que si bien se mantiene la incertidumbre ha habido un cambio: el régimen de Evo Morales y el MAS ha llegado a su fin, pues para mantenerse en el poder tendrían que desatar una violencia generalizada que mucha de su gente ya no acepta.

Como se ha dicho en diversos espacios, Morales tuvo la posibilidad de proyectar al futuro el proyecto político que dirigió y que tuvo efectos concretos de transformación social. Pero, el rencor, el egocentrismo, la creciente corrupción y el endiosamiento al que fue sometido por su cohorte de áulicos, impidieron que esa propuesta se renueve. Más bien, como ha sucedido en otros episodios de nuestra historia, perdió norte sumido en el goce inmoral del poder.

Sin cerrar aún la posibilidad de que Morales y el MAS mantengan la decisión suicida de arrastrar al país al abismo y la violencia, sin que se les mueva un solo músculo, lo cierto es que comienzan a ser el pasado y la ciudadanía tiene el desafío de construir el futuro en medio de profundos problemas internos y externos.

Es una tarea formidable la que se presenta al frente que exigirá claridad en la definición de metas de corto y mediano plazo, y parar con decisión cualquier atisbo dictatorial y autoritario que se quiera imponer en esta nueva etapa. El desafío principal es reconstruir una institucionalidad democrática cuyo pilar sea el respeto a los derechos humanos y garantizar la convivencia pacífica entre los bolivianos.

En ese camino, se debe ayudar a que no haya iluminados ni endiosados. Para ello, hay que recordar permanentemente que lo que ahora estamos viviendo es producto de un largo proceso que tiene varios hitos. Uno, las elecciones regionales de 2015, en las que el MAS perdió varios de sus bastiones; otro, el resultado del referendo del 21 de febrero de 2016, como también el rechazo, a través de voto blanco y nulo, de las dos elecciones judiciales que impuso el régimen. En Cochabamba y Beni, el rechazo a la construcción de la carretera por el Tipnis. En Santa Cruz, la rearticulación del movimiento democrático que tuvo en Demócratas y el Gobernador de ese departamento un soporte decisivo, pese a las críticas de sus actuales detractores.

Para los afiebrados, olvidadizos y autoritarios, casualmente identificados con sectores defenestrados que quieren pescar en río revuelto, fue clave para llegar a este momento la valiente decisión de personalidades como Carlos Mesa, Óscar Ortiz, Víctor Hugo Cárdenas por citar a los más importantes (cuyo liderazgo –más allá de las simpatías o antipatías que puedan provocar– no nace de la casualidad sino de un trabajo político permanente) de participar en las elecciones generales pese a las evidentes desventajas existentes. Fue esa decisión el factor central para que se haya podido concretar la movilización nacional que esté logrando derribar al autoritarismo masista, movilización en la que aparecieron nuevos actores, sobre todo mujeres y jóvenes que pueden dar a la nueva etapa que está por comenzar mucha fuerza y proyección.

Se debe insistir en que el camino que toca recorrer está lleno de obstáculos. Si algo logró el MAS con efectividad fue destruir la institucionalidad democrática que el país fue construyendo desde 1982, y es preciso reponerla ampliando y mejorándola, como base para que el país, recuperando lo positivo de su historia, se desarrolle en un contexto de equidad y justicia.

Tenemos una ventaja: ya lo hicimos y hay muchas condiciones para que lo volvamos a hacer con éxito. Pero… también recordemos que los dados aún no han terminado de ser echados.

Juan Cristóbal Soruco es periodista.