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14/02/2021
El Tejo

Ecuador y Bolivia

Juan Cristóbal Soruco
Juan Cristóbal Soruco

Los resultados de las elecciones que se realizaron en Ecuador el domingo pasado y las consiguientes reacciones que han provocado muestran que, pese a que bolivianos y ecuatorianos nos sentimos muy diferentes, tenemos eventos políticos muy parecidos.

Por ejemplo, estas elecciones me hicieron recuerdo a las que vivimos en Bolivia en 1985, en las que, luego de la truncada gestión de la Unidad Democrática y Popular (UDP), el candidato Hugo Banzer Suárez obtuvo la primera mayoría… sí el dictador que gobernó el país entre 1971 y 1978. Le seguían el MNR, con el 26,4% y, a mayor distancia, el MIR que obtuvo el 8,8% y el MNRI, el 4,7%.

El domingo, en Ecuador, el delfín del correísmo que gobernó ese país arrasando con la institucionalidad democrática, ha obtenido la primera mayoría. Hasta ayer (cuando escribí esta columna), Andrés Arauz obtuvo el 32,70% de los votos, seguido de Guillermo Lasso, liberal, que alcanza el 19,74%, Yaku Pérez, líder indígena, con el 19,38% y Xavier Herbas, socialdemócrata, con 15,59%.

En 1985, en Bolivia, siendo predominante el sentimiento antibanzerista, el MNR logró, para la segunda vuelta en el Parlamento –como entonces mandaba la Constitución– el apoyo de los otros partidos, alcanzando la mayoría absoluta para que su candidato, Víctor Paz Estenssoro, fuera elegido presidente de la República.

En Ecuador se está gestando un acuerdo para que el candidato que finalmente ocupe el segundo puesto reciba en la segunda vuelta electoral el apoyo de las otras fuerzas políticas como una acción de defensa de la democracia en contra del proyecto autoritario del Socialismo del Siglo XXI, del que es parte Rafael Correa.

En resumen, como en 1985 en el país se forjó una circunstancial alianza alrededor del MNR para evitar que el ex dictador asuma el poder, hoy en Ecuador se juntan las corrientes anti autoritarias.

Más allá del resultado final, en Ecuador ha emergido Yaku Pérez como un líder indígena con el que nuestro ex presidente fugado deberá compartir el espacio de los presidente o líderes indígenas de la región. Será un escenario en el que se podrá comparar estilos de liderazgo y consecuencia que seguramente no gustará a Evo Morales.

Antes de poner un punto final a este artículo, quiero recordar dos hechos históricos similares que sucedieron en Bolivia y Ecuador. En 1984, fue secuestrado el entonces presidente Hernán Siles Zuazo en un felizmente fallido golpe de Estado, aunque precipitó su renuncia un año antes de que termine su mandato constitucional. Pasados los momentos de tensión e incertidumbre y una vez que el mandatario retornó al Palacio Quemado, el hecho intentó ser caricaturizado, especialmente en algunos países de la región, como una anécdota más de la vida política del país andino… como muchas veces nos denominan.

Pasaron pocos años, y en 1987, el presidente ecuatoriano León Febres Cordero fue secuestrado mientras visitaba una instalación militar, y para ser liberado tuvo que hacer varias concesiones...

Para mal de todos, en ambos países los ejecutores intelectuales y materiales de los secuestros gozaron de impunidad, salvo algunos jefes que optaron por el exilio durante algunos meses.

Lo más importantes, empero, es que resurge la esperanza de que en ambos países, pese a las vicisitudes, hay no más una fuerte convicción democrática que, en el mediano plazo, podría volver a imponerse en toda la región.

Juan Cristóbal Soruco es periodista.



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