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11/11/2023
Lo que pienso

¿Corderos o “inocentes”?

José Rafael Vilar
José Rafael Vilar

The Silence of the Lambs –en los países de habla hispana difundida como El silencio de los inocentes– es una película estadounidense de 1991 de los géneros de terror y suspenso psicológico que reconfirmó al galés Anthony Hopkins como uno de los más grandes actores contemporáneos y consagró a Jodie Foster como una estupenda actriz.

No voy a aburrirlos narrando o comentando el filme –que, como a muchos, me impactó– pero sí voy a decir que estos días, lamentable y penosamente, vino a mi mente reiteradamente su título.

El martes, el presidente evista del Senado fue reelegido. Un presunto acuerdo entre los sectores evista y de las dos oposiciones –sin participación de las disidencias de Comunidad Ciudadana ni de Creemos– viabilizó el compromiso de voto y derivó en una Agenda Legislativa de nueve puntos presuntamente consensuada. Pero no lo estaba, a pesar de los firmantes. Y fue entonces la algarabía de Evo, Arce y toda la laya.

Aunque se difundió ampliamente “el acuerdo” y la presunta Agenda acordada –firmada por los jefes de bancada de ambas oposiciones–, Andrónico Rodríguez negó que hubiera sido consensuada porque había puntos que salían de su tuición –o del interés del evismo, se entiende–. Evo denunció un “acuerdo para beneficiar a Carlos de Mesa y a Luis Fernando Camacho” –además de Jeanine Áñez y los involucrados en los casos Senkata y Sacaba–, rotundamente negado por Rodríguez; Arce –y su vocero– denunciaron una “alianza opositora” que incluía al evismo, CC y Creemos.

¿Qué pasó?

Indiscutible que para analizar qué sucedió –y por qué sucedió– debemos dividir el análisis desde dos actores: las bancadas de CC y CREEMOS, de un lado, y del otro Evo Morales (con Rodríguez en escena).

El arcismo, pocos días antes, había conseguido conservar el poder en la Cámara de Diputados con el apoyo numérico de las bancadas opositoras o, al menos, de parte de ellas. Quizás por eso –y por las atribuciones características de Diputados– no se habló de ningún acuerdo o pacto.

Pero el Senado era otra historia. El evismo lo controlaba desde 2020, pero las “migraciones” hacia el arcismo había reducido el bloque evista, aunque seguía siendo la primera mayoría de los cuatro bloques: evistas, arcistas, CC y Creemos (descontando sus disidencias). Tres votaciones demostraron el bloqueo para la pretensión del evismo y dieron posibilidades a una candidatura arcista, lo que podría significar la pérdida del control del Senado para el evismo. Y eso Evo y su entorno –incluyo Rodríguez y algunos otros líderes– no podrían soportarlo, sobre todo en este momento en que el liderazgo de Morales y del poder chaparista estaban en juego.

Y fue cuando las dirigencias de las bancadas opositoras en el Senado entendieron que reforzar el arcismo con el poder en ambas Cámaras les era contraproducente y negativo si hubiera que negociar con el Gobierno y coligieron que era el momento de actuar, presionando y “vendiendo caro su voto”. Y ahí apareció la mencionada Agenda “de consensos democráticos”.

Entre los puntos acordados están restituir los dos tercios para los trámites legislativos, garantizar las elecciones judiciales, ejecutar una reforma para que los actuales magistrados dejen sus cargos a fin de año sin posibilidad de prórroga, confeccionar un nuevo padrón electoral, además de (entre otros) cambiar las primarias cerradas a otras abiertas, simultáneas y obligatorias –como las PASO en Argentina– aunque en mi modesta opinión las de 2019 demostraron haber sido un mero “saludo a la bandera” porque ninguna organización presentó más un candidato.

La perla del acuerdo es que se respetará el “debido proceso para presos políticos”, en consonancia con el reclamo de que la expresidenta Jeanine Añez sea beneficiada por un juicio de responsabilidades y que reapareció con la decisión del tribunal de El Alto –y luego del de Sacaba– de considerarse no aptos para un nuevo juicio ordinario contra ella (parte de lo que ya mencioné en mi anterior columna: “MAS … ¿o menos?”).

Antes de la elección de la directiva, el Senado debatió durante más de cinco horas los puntos de esa “agenda legislativa” planteada por las bancadas opositoras; su aceptación llevó consigo la votación de las bancadas opositoras a favor del senador Rodríguez; después de elegido, Rodríguez dijo que solo se aceptó una “propuesta de agenda legislativa” de Comunidad Ciudadana y Creemos para discutirla. (La senadora y candidata del arcismo a la presidencia del Senado, la masista Ana María Castillo, aseveró que los opositores le ofrecieron también a ella la agenda de nueve puntos, pero que la bancada arcista la rechazó).

¿Rodríguez aceptó un acuerdo pero la diatriba furibunda de Morales lo hizo recular aceleradamente, desdiciéndose y “madrugando” a las oposiciones? ¿Acaso fue para paliar los efectos de la pachotada bravucona de Evo sobre la “toma de las TED? ¿O siempre fue su intención desdecirse por aquello de “métele nomás”, que es la posición inmoral de siempre de Evo?

Y de las oposiciones, ¿las obnubilaron los “buenos deseos” y un muy falso “sentido de oportunidad”, que las llevó a una aventura írrita a la postre? ¿O, peor, fue otro mal cálculo estratégico –como, por citar sólo uno, la chorrera de proyectos sobre el censo cuando, aparentemente, todo había sido acordado antes– y, dicho en criollo, se los mamó Rodríguez? ¿Actuaron como corderos o como inocentes los opositores?

Decida usted.



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