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Surazo | 28/08/2025

Bumerán Maduro

Juan José Toro
Juan José Toro

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se formaron en 1964 y desde entonces hasta 2016 enfrentaron a los gobiernos de su país en un conflicto interno que causó 262.197 muertos. El Centro Nacional de Memoria Histórica atribuye 35.683 de esos fallecimientos a las FARC.

Pero vamos por el lado de la “bona fide” y digamos que las FARC perseguían un propósito noble: la liberación de Colombia. El detalle es que, para eso, necesitaban dinero, así que pasaron a controlar territorio, uno al que las fuerzas de seguridad del gobierno colombiano no podían entrar.

Sin falta de control, el territorio controlado por las FARC fue utilizado para sembrar y cosechar cocaína cuya venta solventó sus gastos “revolucionarios” que incluían el mantenimiento de su ejército irregular. Con el tiempo, sus líderes encontraron que el narcotráfico era un buen negocio y decidieron expandirlo.

En 2007, poco antes de la muerte de Pedro Antonio Marín, alias “Manuel Marulanda”, otros tres altos dirigentes de las FARC –Iván Márquez, Rodrigo Granda y Rafael Reyes– se reunieron en una finca de Barinas, Venezuela, con el entonces presidente de ese país, Hugo Chávez. Un testigo de esa reunión, Leamsy Salazar, le contó a la DEA, años después, que el presidente acordó entregar armas a la guerrilla y comprarles droga por un alto valor, cuyo primer pago fue de 500 millones de dólares.

El detalle de esa entrevista está en el libro “Bumerán Chávez”, del periodista Emili J. Blasco, que cuenta cómo es que el “comandante” convirtió a Venezuela en un narco Estado que, no conforme con usar su propio territorio para la producción de droga, se extendió a países vecinos bajo el paraguas del “socialismo del siglo XXI”.

Su sucesor, Nicolás Maduro, no solo amplió el negocio, sino que lo extendió a prácticamente toda la cúpula del ejército de su país. Los generales venezolanos no usan estrellas para sus grados puesto que optaron por insignias en forma de sol. Por eso es que a la enorme y poderosa organización narcotraficante encabezada por Maduro se la conoce como el cártel de los soles.

¿Exageraciones? ¿mentiras del imperialismo? La DEA tiene centenares de archivos sobre el narcotráfico colombiano con suficientes testimonios como para darle cadena perpetua a Maduro si lo somete a la justicia estadounidense. Recién nomás informaron que se incautó 700 millones de dólares al presidente venezolano y este no desmintió la noticia. 

Maduro ha rebasado los límites que ni siquiera el más avezado criminal se atrevería a pasar, pero, además, ha conformado toda una transnacional del narcotráfico con otros gobiernos de su línea ideológica, como el de Daniel Ortega. ¿Dónde más?... ubiquen ustedes, lectores, dónde existen territorios a los que no pueden entrar las fuerzas de seguridad, como los que controlaban las FARC.

Por mucho que rebuzne más fuerte que nunca, Maduro ya está acorralado y sus horas contadas. De nada le servirá la “solidaridad” (muchas veces sincera) de quienes creen que ser revolucionario es despotricar contra los imperios, sin fijarse en los delitos que se cometen en nuestras narices. ¿Saben lo que es el Tren de Aragua?, ¿por qué creen que hay tantas desapariciones de personas en nuestro país? 

Tras la caída de Maduro, todo su aparato criminal saldrá a la luz, pero no será el único país donde eso ocurra. Otros lugares donde los “socialistas” dejarán el poder también escucharán grandes revelaciones.

Ahíto de soberbia, Maduro lanzó proyectiles sin ton ni son y ahora vuelven hacia él como un bumerán que, si no se agacha, puede cortarle la cabeza.

Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo.



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