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Sociedad | 30/11/2023

Después de las quemaduras que cambian la vida, una tenue luz de esperanza



Brújula Digital |30|11|23|

Por: Milton Condori Apaza

A sus cinco años, Gabriel Mamani (nombre ficticio para proteger la identidad del niño) fue alcanzado por el fuego mientras quemaba basura en un terreno baldío cerca a su casa en Larecaja de Tipuani.

Él y sus amigos jugaban a avivar las llamas que consumían los residuos sólidos de su familia y, cuando le tocó el turno a Gabriel de echarle más alcohol al fuego, este saltó a la ropa que llevaba puesta ese día y con ello, su cuerpo quedó envuelto en el fuego.

El hecho sucedió el 2013, cuando Gabriel solamente tenía cinco años; 10 años después entró en una cirugía para controlarle el crecimiento de los queloides. Fue intervenido el martes, 28 de noviembre, en las salas del Centro de Rehabilitación del Quemado (Cerequem), ubicado en Alto Irpavi, justo en frente de la plaza del Deportista.

El Cerequem fue fundado el 8 de junio de 1975, actualmente tienen 48 años de funcionamiento y, dentro de todo ese lapso, brindaron tanto ayuda en cirugías, atención psicológica y fisioterapias para personas de bajos recursos que sufren las secuelas de las quemaduras.

Una de esas secuelas son los queloides, que es el crecimiento de tejido cicatricial adicional y se presenta en donde la piel ha sanado después de una lesión.

La historia de Rodrigo no es la única dentro del Cerequem, sino que existen muchas más. Una de ellas es la de Isabel Infante.

A sus 26 años, mientras trabajaba en una chicharronería, a Isabel le habían pedido que calentara la garrafa de gas en un perol que tenía agua hirviendo. Al momento de hacerlo, la garrafa soltó un estremecedor ruido, la manguera que estaba conectada empezó a soltar gas y con eso el fuego empezó a consumir el local y a Isabel.

“Salí cómo pude de ese lugar. Lo único que vi fue fuego, todo lleno de fuego y yo estaba ahí envuelta en ello. Salí a gatas en ese momento”, contó Isabel a Brújula Digital.

La dueña del lugar llevó a Isabel al centro de salud Señor de Exaltación. Ahí le dieron analgésicos para calmar el dolor, pero Isabel sentía que todo su rostro se le empezó a hinchar, al igual que las manos y otras partes del cuerpo. Del centro médico la trasladaron al Hospital General. Isabel tenía quemaduras de tercer grado en su rostro y manos.

“En mi caso, los médicos no actuaron como debieron actuar. En ese momento me ponen algunas cosas en el rostro y la atención que recibí era horrible. La doctora que se hizo cargo de mí me gritaba a cada momento”, señaló.

Luego de su curación, los queloides empezaron a crecer en la boca y en el mentón de Isabel. Los doctores nunca le dijeron que debía seguir con un tratamiento para evitar el crecimiento de las cicatrices.

Su exjefa nunca cumplió con su promesa de pagar por las cirugías y quedó ahí. Nada evitó que los queloides empezaran a crecer en el rostro, manos y piernas de Isabel.

La mujer se enteró de la existencia del Cerequem a través de una madre de familia del colegio al cual asistía su hijo. Le indicó que el Centro atendía a pacientes con secuelas de quemaduras.

Actualmente Isabel tiene 40 años y se sometió a 14 cirugías dentro del Cerequem. La primera operación a la que se sometió fue el 14 de enero de 2014. “Cuando me sometí a la operación, pude ver una luz de esperanza para mi vida”, dijo la mujer.

La institución no recibe el apoyo de la Gobernación de La Paz, administrada por Santos Quispe, y tampoco de la Alcaldía, bajo supervisión de Iván Arias.

Subsisten gracias a apoyo internacional y de fundaciones. Es de tercer nivel y está administrado por la Fundación Pro Centro del Quemado-Fund Acción, entidad sin fines de lucro.

Para poder cubrir algunos gastos adicionales, el Cerequem cuenta con un taller de costura de prendas compresivas, que evita el crecimiento de los queloides en las partes quemadas, además realizan ropa hospitalaria.

Dicho taller está administrado por el Grupo Solidario, un conjunto de mujeres que realiza tales tareas para recaudar fondos para el tratamiento de los pacientes con secuelas de quemaduras.

“Es una actividad más que hace el Cerequem para cubrir gastos. Hacen muchos voluntariados y el Grupo Solidario hace mercado para recaudar fondos y así ayudar a los pacientes”, mencionó Gladys, comunicadora de la institución.

Las prendas compresivas las realiza Basilio Aquino que está en la institución desde hace ocho años.

“Lo hacemos a medida, no sacamos en serie, solo a medida, porque los niños vienen solamente en diciembre, porque en los colegios no les dan permisos para que vengan a sus tratamientos”, señaló Aquino al medio digital.

El costurero dice que las prendas, en el mercado están entre 200 a 250 bolivianos, precios que no pueden pagar las familias que vienen al Cerequem, por lo que la institución los vende con precios subvencionados.

Existen varias historias dentro del Cerequem, la mayoría son de niños (en un 80%) ya que es el sector con mayor índice de accidentes provocados por el fuego, o agua caliente; el 20% es de adultos que sufrieron un incidente con el motor de su auto o quemaduras por corrientes eléctricas.

La institución se convirtió en es lugar que, después de las quemaduras que cambian la vida, hay una tenue luz de esperanza

BD/MC



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