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25/01/2022
De frente

Sustituir importaciones o desarrollar exportaciones

Oscar Ortiz
Oscar Ortiz

El discurso presidencial del 22 de enero ha vuelto a colocar la estrategia de sustitución de importaciones como un elemento central del modelo económico impulsado por el gobierno. Lamentablemente, esta es una apuesta equivocada que, desde que fue promovida por la CEPAL en los años sesenta, ha fracasado reiteradamente como vía hacía el desarrollo. Por el contrario, lo que Bolivia necesita es una estrategia de desarrollo de exportaciones que diversifique la producción nacional conquistando mercados internacionales, lo que al mismo tiempo generará empleos, divisas y abastecerá la demanda nacional en los rubros en los que seamos competitivos.

Somos un país inmenso en territorio con una población pequeña y de ingresos limitados, por lo cual nuestro mercado es muy reducido. Apostar el desarrollo del país a vendernos sólo entre nosotros, nunca será suficiente para construir una base productiva que satisfaga las necesidades de creación de empleos de calidad para los bolivianos. Basta comparar que tenemos un territorio equivalente al de Colombia, Perú y Venezuela, con la cuarta parte de la población. Guatemala, con un 10% del territorio que ocupa Bolivia, tiene 17 millones de habitantes, 50% más que lo que tiene nuestro país.

Por otro lado, una economía basada en el desarrollo de exportaciones promueve condiciones propicias para el crecimiento de un sector privado fuerte, competitivo e innovador que busca permanentemente nuevas oportunidades. En Bolivia, sólo una mínima parte de la población trabaja en las empresas públicas, en su mayor parte empleo político, mientras que la inmensa mayoría se sostiene como trabajadores por cuenta propia o trabaja en las empresas privadas.

Una economía exportadora no solo atendería la imperiosa necesidad nacional de generar nuevas divisas, sino que se orientaría a elevar sosteniblemente el nivel de vida de la población mayoritaria mediante empleo de calidad. Los mercados externos generarían los incentivos necesarios para la creación y la sostenibilidad de estos empleos, sin que esto esté reñido con el crecimiento y la dinamización del mercado interno, el que también crecería, no como efecto del gasto público sino como resultado del crecimiento de una clase media con mayor nivel de consumo y, consecuentemente, con un mejor nivel de vida.

Oportunidades para ello hay muchas, los datos de crecimiento de las exportaciones no tradicionales en el 2021 son prueba de ello. El que hayan superado a las exportaciones por hidrocarburos demuestra su inmenso potencial.

Lo mejor de todo es que para ello no se necesitan grandes inversiones estatales. Por el contrario, se necesitan simplemente condiciones adecuadas como ser seguridad jurídica, derechos de propiedad, estabilidad en las reglas de juego, un nivel de tributación competitivo con el que ofrecen otros países, normas claras y tramites fáciles y transparentes. Si además el Estado ayuda promoviendo la imagen del país mediante el sistema de relaciones exteriores mejor. En realidad, la experiencia indica que el estado apoya más a su sector productivo dejando de poner trabas que tratando de intervenir.

Si a esto le sumamos que vivimos en un mundo de digitalización de la economía en el cual las nuevas empresas que brindan servicios mediante las tecnologías de la información y la comunicación valen mucho más que las grandes industrias del siglo veinte, nos daremos cuenta de que hoy el activo más valioso de un país es su talento humano y la libertad que la gente encuentre para desarrollar su iniciativa e inventiva. Pensemos, por ejemplo, en el inmenso potencial de la industria del software de Cochabamba que compite en el mercado internacional sin que se la reconozca como exportación, lo que la deja en desventaja para competir frente a los otros países que eximen de impuestos la exportación de desarrollos informáticos.

Es hora de abandonar los paradigmas latinoamericanos de desarrollo que prevalecieron en el siglo XX y asumir los que cimientan el camino hacía el progreso en el siglo XXI.

*Óscar Ortiz ha sido senador y ministro de estado. 



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