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Sociedad | 20/03/2022

Unfit, Trump y los genios de Harvard

Unfit, Trump y los genios de Harvard

Diego Ayo / Brújula Digital

|20|03|22|

Me he solazado con Unfit, genial documental de Dan Partland. ¿Por qué me encantó? Por lo que muestra y deja de mostrar. ¿Qué muestra? Exhibe con orgullo a un repertorio abundante de pensadores, sabios y profesionales egresados, en su mayor parte, de la prestigiosa universidad de Harvard, dando su opinión sobre Trump, el presidente de Estados Unidos. Es este el momento que más goce he tenido. La razón es apabulladora: se traen expertos en psicología social para que den criterios sobre política. Psicólogos de enorme categoría dedicados a ofrecer su opinión sobre el rol del político, aquel republicano vencedor en las elecciones de Estados Unidos de 2016.

Jamás hemos logrado esta perfecta combinación en Bolivia. ¿Se imaginan ustedes tener un veredicto médico sobre Víctor Paz, Jaime Paz, Hugo Banzer o Carlos Mesa descontando la imperiosa necesidad de atender psicológicamente a Carlos Palenque o a Max Fernández? Me pregunto por qué no hay ese estudio o ese conjunto de estudios. ¿No era imprescindible comprender cómo transcurrieron sus infancias, adolescencias (y algún tiempo posterior) nuestras máximas autoridades? Max se chachaba de colegio y no salió nunca bachiller, Goni tuvo de héroes a Flash Gordon y a Batichica y ni se enteró de que había un señor llamado Ekeko, Banzer se volvió malito y autoritario cuando le dijeron que no iría a crecer más que el 1,65, Mesa no quiso defender su tesis de licenciatura en la UMSA pues “se sentía muy por encima que el mediocre sistema universitario boliviano”, Jaime Paz jamás quiso hacer un pacto con el MNR porque no admitió ser infinitamente menos inteligente que el líder del MNR, don Sánchez de Lozada? Si, la idea central es sumergirse en esa vorágine micro-política.

Nuestro documental Unfit abunda en esa trama de desamor entre la política y la psicología. ¿No es sensacional? Lo es. Las imágenes del filme son grandiosas. Cabe recordar el enfoque de un segundo sobre el currículum de los entrevistados. Da gusto este juego estético sólo para ilustrar el bagaje universitario y profesional de los entrevistados, provenientes de las mejores universidades del país y, sin lugar a dudas, del mundo. ¿Qué nos dicen estas súper estrellas del firmamento del conocimiento? Nos dicen algo simple: “Trump es una mierda”. ¿Lo dicen así, sin el menor tapujo? No. Lo dicen con una elegancia inmejorable resumiendo el carácter presidencial en cuatro rasgos: Donald es paranoico, narciso, antisocial y sádico. ¿Algo más? Sí, es un mordedor compulsivo de senos, muslos y nalgas. ¿En serio? Claro que no. Ya bastante con esas cuatro puntualizaciones tan científicas. ¿Paranoico? Sí, el sujeto cree que ¡todos los envidian!, ¡todos quieren verlo derrotado!, ¡todos desean apropiarse de sus hoteles!, ¡todos lo sindican de ser un espía ruso! Él es el mejor, más noble e inteligente (algo que él repite constantemente) y todos lo aborrecen. ¿Narciso? Claro, el hombre se cree hermoso y tiene la certeza de que las mujeres que lo atrincan son individuos del sexo femenino verdaderamente beneficiadas.

Él, incluso, se puede dar el lujo de insultarlas: “¿vos fea me estás mirando? ¡Ni te atrevas!”. ¿Antisocial? En grande: mexicanos, árabes, judíos abstenerse: él es mejor y esa cáfila de migrantes pobres, ladrones y asesinos sólo pueden ser la perdición de un país magnífico como Estados Unidos. ¿Sádico? Sí, tanto como lo podrían ser Putin, Kim Jong o el mismo Xi Jinping con quienes establecer lazos de hermandad. Le fascina el poder omnímodo de estos colegas. Quiere lo propio. ¿Asemejarse a los líderes de las repúblicas democráticas? No, para nada: asemejarse a estos ídolos unívocos de la política.

Hasta ahí, podemos estar de acuerdo. Más allá de poder alargar la lista con dos o tres rasgos más: frívolo, esquizoide e histriónico. ¿Gusta? Claro, y por qué no yapamos otros calificativos: desquiciado, patético y morboso. ¿Se puede? Sí, pero lo pertinente es comprender que estamos frente a un loquito: arrogante, mamón, machista, grosero y pedante. ¿Alguna manera científica de demostrarlo? Claro, comparando a este gringo con Hitler, Stalin y Mussolini. No digo que no se parezca, pero siempre me resulta sospechosa toda comparación con estos tres campeones (y, en especial, con el primero). El cientifismo no termina pues de cerrar.

¿Entonces? Entonces me voy a la segunda parte de este comentario: la menos agradable: la que dice sin mostrar. A ver: no se dice cómo semejante bichazo ganó a sus competidores republicanos. No, no se dice. Situémonos en la tesis central del documental: el hombre es un peligroso ególatra. Ya, ya, perfecto. ¿Ese es el problema? Sí, pero no. Es un problema enorme, sin dudas, pero no es el más urgente a resolver. Es destacable hacernos comprender qué el tipo es un desquiciado in-apto para gobernar. De acuerdo. Pero hay algo más relevante: ¿cómo semejante sujeto consiguió ser el máximo líder del planeta? Sería genial que alguno de esos doctorcitos y magísteres de Harvard nos dijera la tesis más descollante, alevosamente olvidada: ¿cómo es que el sádico, pedófilo, masca-tuercas, come-mierda y lo que sea, consiguió convertirse en el presidente de los Estados Unidos? No es que subió al cargo y se volvió malito. He ahí el defecto más imperioso de la cinta. En el afán de desprestigiar al presidente Trump, a pocos días de las elecciones de 2020, apareció este documental. Vaya.

Tampoco se menciona que al patológico de circo lo apoyan aproximadamente ¡70 millones de personas! O sea, podemos estar de acuerdo en que el trumpero es un cojudo de marca mayor. ¿Sí? Seguro que sí. ¡Lo ratifican 20 profesionales de Harvard! Genial, pero, ¿y las damitas, jovencitos y caballeros que lo apoyan? No son 45 insufribles que los puedes meter a Chonchocoro para enmudecerlos. ¡Son 70 millones! El sadista de marras, el congénitamente insoportable, el mitómano de carrera y el porno-político ¡tiene 10 veces la población electoral de Bolivia en sus manos! Ese es el entuerto que merece resolverse. ¿Cómo ganan los Trumps, Evos, Dutertes, Bolsonaros? Imagino que estos cineastas de profesión están haciendo el tomo 2 de esta serie acercándose a Bolsonaro. ¿Qué van a decir? Qué es un hijo de puta. ¿Sí? Sí, claro, pero se van a callar con la segunda tesis: va a ganar las elecciones (o va a tener un respaldo inmenso). Y se van a ir lueguito a Filipinas a filmar los excesos verbales del líder. ¿Se van a dar cuenta que es un enfermo mental (de otro tipo al delineado acá, pero enfermo)? Claro, pero se les va a pasar un detallito: ¡va a arrasar! ¿Algo más? Claro, el mediocre de Putin. A decir, del erudito chileno Fernando Mires, estamos frente a “una persona sin dotes emocionales, un ser inculto pero obsesivo, un criminal con delirios de grandeza”. Ajá: coincidimos, pero su triunfo se vislumbra hasta el 2036. ¿Y en Bolivia? ¿Se van a dar cuenta que don Evo tenía al narcotráfico como el eje de su política? Claro, lo van a hacer, aunque sin percatarse del Evo electoral retomando angurrientamente el poder (o rondando por ahí).

Me acordé, pues, viendo a estos sabios harvardianos, de la presencia del Mesa o el Tuto, dos cerebros indiscutibles. ¿Sirven políticamente? Estoy seguro que el director Dan Partland los colocaría de entrevistados y la derrota electoral sería nuevamente segura. ¿Con qué pues vale la pena concluir? No hay duda: lo afirma Masha Gessen en Sobreviviendo a la autocracia: lo de Trump no es una excepción como parece querer demostrarse en este documental. Matices más, matices menos, este político se perfila como la regla de la política del siglo XXI (o de esta primera mitad de este siglo). La profesora Ece Temelkuran va más allá y sentencia lo siguiente: este es el nuevo modelo de gobierno en el planeta. Lo analiza estupendamente en su provocativo Como perder a un país, los siete pasos que van de la democracia a la dictadura dejándonos en claro que mejor vayámonos acostumbrando al triunfo de los pajpakus, engreídos e ignorantes com0 su húngaro Orban.

Votemos por ellos y, más tardecito, veamos estos documentales auto-satisfactorios: nos vamos a auto-mamar en manada y dormir felices creyendo que todo va bien…

Diego Ayo es cientista político y le gusta el cine.





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