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Política | 27/11/2023

|ENSAYO|Evolución del liberalismo en Bolivia: luces y sombras|Erika J. Rivera|

|ENSAYO|Evolución del liberalismo en Bolivia: luces y sombras|Erika J. Rivera|

Brújula Digital |27|11|23|

Especial de Erika J. Rivera

La filosofía política analiza las complejas relaciones entre el individuo, la sociedad y el Estado. Desde un comienzo la filosofía política liberal se ha nutrido de los principios más importantes del humanismo y del racionalismo. El liberalismo político alcanzó una importancia decisiva, primeramente en Gran Bretaña y luego en el resto de Europa Occidental a partir de 1688, cuando tuvo lugar la llamada Revolución Gloriosa, la instauración de un régimen parlamentario de gobierno y la proclamación de los Derechos Humanos como parte central del derecho constitucional inglés.

El liberalismo creció con los avances de la investigación científica y del desarrollo tecnológico a partir del siglo XVIII, fomentado todo ello por el principio racionalista de la duda sistemática y la crítica de las certidumbres tradicionales en los ámbitos del pensamiento, la religión y la conformación de la vida cotidiana. El individualismo, que es considerar a la persona por encima de entes colectivos, pertenece también a los valores rectores más importantes del liberalismo hasta hoy y es tan relevante como la organización económica alrededor de la propiedad privada y el libre comercio.

La filosofía política en la actualidad nos permite recuperar lo producido por pensadores y movimientos liberales bolivianos desde el siglo XVIII y reconocer la riqueza teórica y práctica que también se generó en nuestro país. Tanto el Partido Liberal, fundado en 1883, como algunos notables pensadores de esta tendencia, se adhirieron casi siempre a algunos objetivos básicos, que son, al mismo tiempo, los fundamentos de la filosofía política en todo el mundo. Estos son: el respeto irrestricto a la persona, a la libertad y a la vida, por un lado, y la programática económica derivada de la propiedad privada y de su protección. Casi todos los aportes de la filosofía política liberal enfatizan la necesidad de que los asuntos económicos estén basados en la propiedad privada de los medios de producción, en el libre comercio y en el respeto inalterado del Estado a estos principios. Históricamente el liberalismo evolucionó como la parte público-política del racionalismo y del humanismo. Este enfoque nos obliga también a pensar en perspectivas de largo plazo, como ser la preservación de los recursos naturales y de los bosques como la fuente principal para la reproducción del oxígeno atmosférico y como la mejor medida para la mitigación del cambio climático. Esta perspectiva de largo aliento es también la que nos aconseja adoptar una posición favorable a los nuevos sectores sociales y opciones de género, que reclaman sobre todo los sectores juveniles.

Liberalismo igual a progresismo

Históricamente los partidos liberales han representado una tendencia progresista en el espectro político-partidario de la mayoría de las naciones, una tendencia que debe pasar obviamente por el tamiz de la crítica racionalista. Con reservas, nosotros debemos ser fieles a la tradición humanista y racionalista de nuestra línea. Por ello debemos pensar en la construcción de un partido o movimiento liberal moderno, en constante interrelación con la ciudadanía y con los deseos de numerosos sectores sociales y construir ejes programáticos que correspondan a las necesidades reales del país. Entre esos puntos se halla la demanda muy razonable de reducir el aparato estatal, transformando nuestra burocracia en un sistema meritocrático, con alta eficiencia técnica y con reconocida autoridad ética. También debemos buscar la integración efectiva en el mercado internacional y en las instituciones supranacionales, evitando las alianzas políticas, no me refiero, por supuesto, a las comerciales, con estados claramente autoritarios como Rusia, China, Irán, Venezuela y Cuba.

En Bolivia tenemos una rica herencia liberal, que valdría la pena estudiar y parcialmente adaptarla a las necesidades del momento. Ya a fines del siglo XVIII se distinguió, por ejemplo, Victorián de Villava, quien hizo notar que la mita potosina y la administración ineficiente y corrupta de la era colonial, representaban obstáculos al progreso histórico y al ingreso a la naciente modernidad. Villava produjo una reflexión sobre las dificultades que tuvieron España y sus dominios coloniales para ingresar al ámbito moderno, como ya se perfilaba en su época. Durante el siglo XIX nuestro país produjo pensadores liberales de indudable calidad como Eliodoro Camacho, Nataniel Aguirre y Mamerto Oyola. En los siglos XX y XXI se distinguieron por su originalidad intelectual los escritores Alcides Arguedas, Guillermo Francovich, H. C. F. Mansilla, Roberto Laserna y Jorge Lazarte. Todos ellos aportaron a un liberalismo concebido como un programa que respetaba el Estado de derecho, la democracia representativa, la educación moderna, el rol fundamental de la propiedad y del empresariado privado y del pluralismo ideológico, que son, en el fondo, pilares de un liberalismo adecuado a nuestro tiempo.

Recordemos la persona y la obra del fundador del Partido Liberal, el general Eliodoro Camacho, quien luchó por la eliminación del caudillismo en el siglo XIX, insistió en la instauración efectiva del Estado de derecho, abogó por las libertades económicas (conocidas entonces bajo el rubro del librecambismo) y por la separación entre Estado e Iglesia y finalmente proclamó la imperiosa necesidad de una educación gratuita, laica y universal.

El Partido Liberal boliviano estuvo en el poder entre 1899 y 1920, cuando se realizaron algunas reformas importantes desde el punto de vista de la filosofía política: la reforma educativa a partir de 1908 (que fue hasta hoy la más importante en el campo de la enseñanza), la eliminación de los fueros especiales eclesiástico y militar, la limitación de la influencia cultural de la Iglesia católica y algunas mejoras importantes en el orden familiar, como la posibilidad del divorcio y la instauración del Registro Civil. El Partido Liberal tuvo una participación moderada y a veces marginal en algunos gobiernos hasta 1943, en lo que hay que señalar ante todo la presidencia de José Luis Tejada Sorzano (1934-1936) un notable economista que anticipó en el plano teórico algunos de los lineamientos liberales de la actualidad. Finalmente, el programa del Partido Liberal de 1944 fue la última declaración de principios de esta tendencia.

Renacimiento de ideas liberales

Actualmente se puede constatar un renacimiento de ideas y programas liberales en América Latina, debido sobre todo al mal desempeño de regímenes populistas y socialistas, por un lado, y a la mayor conciencia ciudadana sobre los Derechos Humanos y de las ventajas del individualismo, por otro. Estos movimientos, como el nuestro, propagan, entre otros aspectos, la reducción del aparato estatal, la racionalización de la administración pública y la eliminación de todo trámite superfluo. Son postulados estrictamente racionales que derivan su razón de ser de los resultados muy mediocres que se alcanzaron en todos los regímenes socialistas y populistas. La crítica de estos fenómenos, apoyada por sectores importantes de la opinión pública, llevaron entre 1989 y 1991 a la terminación de la mayoría de los regímenes socialistas en Europa Oriental, África y Asia. Los modelos estrictamente socialistas que aún quedan, como Cuba y Corea del Norte, han demostrado su rotundo fracaso en los campos de la economía, la cultura y la política.

Desde la filosofía política mi deber consiste, sin embargo, en señalar que la reducción del aparato estatal es una tarea muy compleja, que no siempre conduce a la meta deseada, que sería el bienestar de la población económicamente activa. En Bolivia hay varios proyectos para limitar las funciones y prerrogativas del Estado, pero ninguno de ellos ingresa en los detalles operativos que son los realmente importantes. Por ejemplo: hay que restringir el número de funcionarios públicos, pero las propuestas de los pensadores liberales no indican cuales sectores de la administración pública van a ser eliminados, bajo qué criterios se va a prescindir de las muchas personas que estarían involucradas y tampoco se sabe a ciencia cierta si esta reforma radical redundaría en beneficio de la sociedad boliviana. En nuestro país tenemos un aparato estatal amplio, con funciones superfluas y a menudo superpuestas, con funcionarios mal preparados, y con procedimientos burocráticos que conforman un trámite excesivo e improductivo. Pero al mismo tiempo este aparato estatal es débil, no está presente en todo el territorio nacional, no fomenta proyectos valiosos en las zonas fronterizas y tampoco está en la condición de brindar prestaciones públicas realmente adecuadas en los terrenos de la salud pública, la seguridad ciudadana, la protección al medio ambiente y la educación en todas sus fases. Una reducción no pensada convenientemente de este aparato podría llevar a reducir aún más el nivel de vida de diferentes grupos sociales.

Nexo entre liberalismo y racionalismo

Este ejemplo pretende mostrar que a menudo las buenas intenciones programáticas se quedan en el nivel de meros proyectos y discurso ideológico. El nexo clásico entre liberalismo y racionalismo sirve precisamente para criticar los aspectos débiles de la programática, para aprender de las experiencias de otros países y para minimizar los costos de la instauración de medidas que pueden resultar contraproducentes. Este mismo nexo entre racionalismo y liberalismo debe ser preservado en tres campos:

1) La protección a los ecosistemas naturales es algo indispensable para que nuestros descendientes puedan vivir todavía en un mundo habitable, donde no se den los fenómenos de hacinamiento demográfico, polución atmosférica y eliminación del manto vegetal. El tratamiento racional-científico de esta temática es relevante porque a nivel mundial los intentos de algunos liberales de privatizar los bosques y la naturaleza en general, no han dado los resultados positivos que se esperaban.

2) Un partido liberal en el siglo XXI debería considerar las demandas de muchos grupos juveniles totalmente justificadas, como por ejemplo, la plena emancipación femenina, la libre elección de la identidad personal y sexual y el derecho a desarrollarse de acuerdo a principios propios que pueden chocar con las tradiciones sociales fuertemente arraigadas. Dentro del amplio movimiento liberal perviven grupos grandes que son partidarios de una visión profundamente conservadora y anacrónica acerca de los roles femeninos y de la estructura familiar. Para no recaer en modelos anticuados de ordenamiento social, los liberales del siglo XXI deberíamos considerar seriamente las demandas de estas tendencias.

3) El liberalismo nació en Gran Bretaña y Francia con la formulación de los Derechos Humanos y con medidas legales y prácticas para implementarlos en la vida cotidiana. No podemos hoy dejar de lado los Derechos Humanos con el pretexto de defender proyectos de empresarios privados, que no tienen una consciencia real de la importancia de estos derechos. Precisamente la mala situación de los Derechos Humanos en el ámbito islámico, conjuntamente con un desarrollo económico basado en la propiedad privada y los lineamientos liberales, nos muestra que debemos evitar esa fatal conjunción de empresa privada exitosa y conculcación de las libertades públicas.

Las tendencias liberales de la actualidad latinoamericana olvidan a veces de que en elecciones libres, la mayoría de la población votó en contra de regímenes neoliberales a comienzos del siglo XXI (ejemplos: Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina), porque estos gobiernos se destacaron por la ineficiencia técnica y la corrupción ética en el ejercicio mediocre de sus funciones. Tenemos que desarrollar una conciencia crítica con respecto a algunos aspectos poco promisorios que están asociados a la memoria de los experimentos neoliberales.

Erika J. Rivera, docente, es abogada y magister en filosofía.



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