En la historia política boliviana, no son muchos los políticos con la hoja de vida de Quiroga. Fue vicepresidente, presidente y, en décadas de vida política, ha demostrado capacidad para proponer y, a la vez, defenderse de la persecución.
Brújula Digital|29|08|25|
Froilán Mercado
El 19 de octubre, Bolivia vivirá una segunda vuelta electoral inédita en su historia reciente: Jorge “Tuto” Quiroga y Rodrigo Paz se enfrentarán en las urnas para definir al próximo presidente. Ambos representan corrientes distintas de la oposición al MAS, pero no es lo mismo optar por una trayectoria consolidada que por una propuesta aún en ciernes.
Tuto Quiroga, exmandatario y líder de una corriente liberal-democrática, llega a esta instancia con un argumento central: experiencia, claridad programática y capacidad de liderazgo en un momento de crisis económica, institucional y social. Frente a un país fatigado por años de confrontación y de incertidumbre, su perfil se levanta como una alternativa de conducción con rumbo definido.
En la historia política boliviana, no son muchos los políticos con la hoja de vida de Quiroga. Fue vicepresidente, presidente y, en décadas de vida política, ha demostrado capacidad para proponer y, a la vez, defenderse de la persecución. Esa experiencia, lejos de ser un peso, es hoy un activo: el país no puede darse el lujo de improvisar en un escenario económico adverso y con demandas sociales acumuladas.
Rodrigo Paz, con una trayectoria que los propios vecinos de Tarija critican, representa renovación, pero aún sin demostrar la consistencia necesaria para gobernar un país de las dimensiones y complejidades de Bolivia. En cambio, Quiroga llega con un bagaje que otorga previsibilidad a sus decisiones y seguridad a los ciudadanos.
Otro de los aspectos que marcan la diferencia es la visión de gobierno. Quiroga ha expuesto con detalle sus propuestas en temas clave: políticas de ajuste, qué hacer con el subsidio a los combustibles, diversificación económica más allá del gas, fortalecimiento de la institucionalidad, lucha frontal contra la corrupción y una diplomacia activa que permita recuperar el prestigio internacional de Bolivia.
Rodrigo Paz ha planteado ideas interesantes, pero todavía dispersas, más enunciativas que ejecutables. La segunda vuelta exige comparar no solo rostros o estilos, sino sobre todo planes concretos de gobierno. Allí, la propuesta de Quiroga ofrece mayor solidez.
Bolivia necesita un liderazgo capaz de tender puentes, pero también de ejercer autoridad. Quiroga ha demostrado en el pasado que sabe dialogar, pero también que no evade las decisiones difíciles. Su firmeza frente a la defensa de la democracia y su capacidad de articular equipos con experiencia lo colocan en mejor posición para encarar la compleja transición que se avecina.
La figura de Paz, más bien, está unida a un candidato a vicepresidente lleno de excesos, irresponsable, agresivo e ignorante sobre la marcha del Estado.
El balotaje del 19 de octubre no se trata únicamente de elegir entre dos nombres. Se trata de definir si Bolivia apuesta por un liderazgo probado, con una visión clara de Estado, o si arriesga su futuro inmediato en una aventura con un proyecto todavía embrionario.
En democracia, el cambio debe estar acompañado de madurez, preparación y capacidad de gestión. Hoy, el escenario demanda certezas. Y esas certezas las ofrece Tuto Quiroga.
La segunda vuelta es, en esencia, un examen de responsabilidad ciudadana. Se decide el futuro del país en un momento decisivo. Apostar por Jorge “Tuto” Quiroga significa optar por un rumbo claro, por la experiencia que otorga seguridad y por un liderazgo capaz de conducir a Bolivia hacia un periodo de estabilidad y crecimiento.
El 19 de octubre, Bolivia tiene la oportunidad de elegir con madurez, mirando no solo el presente, sino también el porvenir. Y en esa disyuntiva, la opción más sólida y confiable es la de Jorge Quiroga.