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Política | 29/08/2025   02:53

|OPINIÓN|Dos sabios aciertos poselectorales de Samuel|Walter Guevara Anaya|

Por el bien del país, del propio Rodrigo y de su compañero de fórmula, habría que desear que este binomio acepte otros cuadros valiosos de Samuel, como por ejemplo el economista José Luis Lupo.

Samuel Doria Medina, candidato a la presidencia por Unidad, emitiendo su voto. Foto APG
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Brújula Digital|29|08|25|

Walter Guevara Anaya

 Al momento de conocer su derrota en primera vuelta Samuel anunció su apoyo al ganador con la justificación de que cumplía su promesa de apoyar al opositor que esté de puntero en las encuestas. Lo hizo ante la inesperada sorpresa de que Rodrigo pasó a segunda vuelta con Tuto Quiroga.

Su inmediato reconocimiento de la victoria de Rodrigo contrastó con el repetido rechazo de Tuto a aceptar el hecho de que en la gran mayoría de las encuestas Samuel estaba primero, así fuera con pocos puntos, casi siempre por encima de Tuto. 

Los partidarios de Tuto insistieron en que siempre hubo un empate y que además Samuel compró su ligera y repetida ventaja. Curioso argumento, ya que si Samuel compraba encuestas se hubiera asegurado de que mostraran una sustancial ventaja sobre Tuto.

A pesar de que Samuel demostró, una vez más, que es un hombre de palabra, mucha gente pensó que su apoyo al binomio Rodrigo-Edman era un gravísimo error. El programa económico de este binomio no parecía serio. Sus discursos de campaña propusieron recortar ingresos y aumentar gastos. Esta receta sirve para ganar elecciones, pero es un suicidio en el momento de gobernar.

Mucha gente se espantó con las palabras desbocadas de su candidato vicepresidencial Edman Lara. Amenazó con apresar a Rodrigo si lo encontraba en actos de corrupción. Declaró que si hubiera sido el candidato a la Presidencia, hubiera ganado en primera vuelta. Incurrió en una sarta de insultos contra un periodista y contra Tuto, mostrando una lengua incontrolable y una ambición desmedida.

Asumió, sin quererlo, el papel de jefe de campaña de Tuto. Cundió el pánico ante la posibilidad de que un binomio incompetente en lo económico y enfrentado en lo interno pudiera acceder al poder, justamente cuando la crisis demanda la seriedad y la coherencia que ofrece el programa de Tuto. 

En un principio se reconoció que la declaración de Samuel de apoyar al ganador demostró su cumplimiento de la palabra empeñada. Este reconocimiento se esfumó cuando, días más tarde, Samuel reiteró su apoyo al binomio Paz-Lara, a pesar de sus muy evidentes fallas.

Quedó sembrada la duda de si la decisión de Samuel de apoyar al binomio Rodrigo-Edman sería secundada por los que votaron por él, o si muchos optarían en segunda vuelta por el claramente superior programa económico de Tuto y de su destacado asesor económico Ramiro Cavero.

En algún momento de este creciente proceso de rechazo al binomio Paz-Lara empezaron a entrar dudas sobre si una presidencia de Tuto sería capaz de generar el apoyo necesario para sostener su duro programa de ajuste estructural. La encarnizada campaña de Tuto contra Rodrigo aumentó estas dudas. Pintó a su rival como un masista, un evista y un populista irresponsable.

Tuto reiteró sus ataques contra los evidentes errores y robos de los masistas, que ya estaban derrotados. Nunca tomó en cuenta ninguno de sus aciertos. El resultado fue que muchos de los que habían votado varias veces por Evo y por el MAS, y que se habían alejado del llamado proceso de cambio, optaron por apoyar la postura más moderada de Rodrigo.

Estos exmasistas configuran un tercio del electorado. Son lo que ascendieron a la clase media debido a las políticas redistributivas del MAS. Hoy temen caer de vuelta en la relativa pobreza, debido, sobre todo, a las duras, aunque necesarias, medidas propuestas por Tuto y por Samuel. 

Se apartaron de Samuel a último momento. Le dieron la victoria a un menos temible Rodrigo, al que percibieron como un populista más amigable con los pobres, sin las temibles taras de Evo y carente de la envidiable superioridad empresarial de Samuel. 

El triunfo de Rodrigo en la primera vuelta probó que nadie puede ganar una elección presidencial si no conquista una buena tajada del voto de esta clase media emergente. Rodrigo no los espantó. Les ofreció un programa económico azucarado, muy bien aliñado con una serie de ofertas costosas que no indicaban claras fuentes de financiamiento. 

Gracias a su oferta indolora Rodrigo fue un candidato excepcionalmente exitoso. Quedó claro que su compañero de fórmula tiene una gran capacidad de conectarse con los votantes de la clase media emergente. Comparte sus temores. Atiza su rabia contra el altanero binomio Quiroga-Velasco. 

Empezó a parecer inevitable que en la segunda vuelta el binomio Rodrigo-Edman conquistaría el apoyo de la mayor parte de la clase media emergente. A esto se sumó una declaración de Evo Morales en sentido de que los evistas, apretando sus dientes, votarán por Edman Lara, por más que sea parte de un binomio derechista, pero menos dañino para su proyecto que el de Tuto.

El proyecto de Evo consiste en tumbar al próximo gobierno. Lo intentará en cuanto tome duras medidas económicas que generen rechazo por parte de la población afectada. Su esperanza es que se convoquen a nuevas elecciones y se pueda habilitar como candidato en contra de la ley. Para eso necesita que el próximo gobierno fracase y que no cuente con un apoyo mayoritario en la Asamblea.

Ni Rodrigo ni Tuto ni Samuel obtuvieron una mayoría absoluta en el Senado o en la Cámara de Diputados. Un futuro gobierno necesitará formar una coalición parlamentaria, no solo para imponer medidas económicas responsables y efectivas, sino para evitar que Evo lo tumbe desde las calles.

Tuto ha optado por insistir en la campaña que le ayudó a pasar a la segunda vuelta. Insiste en una narrativa polarizadora. Se aparta de las actitudes conciliadoras que permiten armar consensos. Sus partidarios aplican a Rodrigo la intensa y baja guerra sucia con la que derrotaron a Samuel. 

Samuel quedó en tercer lugar por no contraatacar con las mismas armas. No logró conquistar a un segmento decisivo de la clase media emergente. Tuto estaba seguro de que se enfrentaría en segunda vuelta con un débil Andrónico, y de que lo ganaría de lejos. Jamás imaginó que se enfrentaría a un binomio que en este momento lleva todas las de ganar. 

Si bien parece probable, pero no seguro, que Rodrigo gane en segunda vuelta, lo mejor por el bien del país es tratar de que su posible gobierno sea responsable en lo económico y evite que Evo lo tumbe en pocas semanas. 

Ante estas claras amenazas que se ciernen sobre todos nosotros, se entiende mejor la decisión de Samuel de reiterar su apoyo a Rodrigo. 

Intenta ayudarlo a mejorar su débil oferta económica. Tal vez podría protegerlo, no solamente de los previsibles desmanes de Edman Lara, sino también del alzamiento que Evo planifica desde su cuartel tropical.

Una primera señal en esta dirección ha sido la incorporación del jefe del equipo económico de Samuel a la campaña de Rodrigo. La indudable capacidad y seriedad de Gabriel Espinosa podría ser una garantía de que el gobierno de Rodrigo sea capaz de frenar el desastre económico y de resistir el embate que prepara Evo Morales desde el Chapare. 

Dice muy bien de Rodrigo que haya incorporado a un Gabriel Espinosa. Lo hizo de una manera muy bien escenificada, desde la tribuna presidencial, cuando aceptó la invitación del Presidente Arce de compartir los datos del gobierno saliente.

Si Rodrigo no se prepara a fondo con el apoyo de un economista competente como es Gabriel, Tuto lo pulverizará en los debates presidenciales.

Tuto rechazó de manera airada la invitación de Arce. Prefirió denunciar los desastrosos resultados de su gobierno, por más que Arce ya no es candidato a nada más que un juicio de responsabilidades. Una vez más Tuto prefirió polarizar a conciliar. Hay que rogar que sea capaz de hacer una oposición leal si pierde en la segunda vuelta.

Por el bien del país, del propio Rodrigo y de su compañero de fórmula, habría que desear que este binomio acepte otros cuadros valiosos de Samuel, como por ejemplo el economista José Luis Lupo, que es un reconocido especialista en rescatar países quebrados.



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