21/10/2019
Afuera de la caverna

¡Vamos, se puede!

Diego Ayo
Diego Ayo
Al analizar las elecciones generales en Bolivia de octubre de 2019 deben tenerse en cuenta los siguientes aspectos antes de comentar lo que corresponde. Uno, en elecciones con un partido gobernante buscando la reelección, la posibilidad de ganar apenas ronda el 20% de acuerdo a la reflexión del politólogo Adam Przeworsi. ¿La razón? El partido gobernante maneja todo o casi todo y la reelección no pasa de ser un trámite formal. Sólo uno de cada cinco partidos y candidatos opositores logra la victoria. Grave punto de partida no solo para Bolivia sino para todo el mundo desde poco antes de 1800.
Dos, el gobierno central maneja al Tribunal Electoral a su regalada gana. Queda poca duda que estos señores buscarán hacer fraude o lo que esté a su alcance para lograr el triunfo. Nunca, y hay que decirlo con toda agudeza, nunca hemos tenido un Tribunal tan doblegado al partido oficialista. Desde el problema de los “cuatro” allá por 1989 –exactamente hace 30 años–, no nos hemos visto sometidos a esta vergüenza nacional.

Tres, el gobierno central maneja la plata de los bolivianos para hacer campaña. Es preciso mencionar los 165 millones de dólares que maneja sólo el Ministerio de Comunicaciones para… ¡hacer campaña! No hay duda que ni todos los partidos de oposición juntos alcanzarán siquiera los 10 millones de dólares. A este “insignificante” cifra, se añade lo que manejan el Ministerio de Defensa, Presidencia y Gobierno: 3.500 millones de dólares… ¡para el MAS!

Cuatro, el gobierno central ha armado sus propias oposiciones. La primera oposición al servicio de Evo Morales es Óscar Ortiz. Aunque formalmente es un enemigo acérrimo del gobierno de Evo Morales, ya sabemos que su estrategia electoral apunta a 2025. O sea… ¡el MAS cinco años más! Insensata reflexión que se agrega al auge de Chi. El coreano-boliviano ya es más a la tercera opción vigente (precisamente Ortiz) en al menos 6 departamentos. No se puede decir que saque votos solo a los opositores, pero a decir de un analista del Tribunal, “saca 7 a la oposición y 3 al gobierno”. Guerra sucia de yapa.

Cinco, el gobierno central se atreve a colocar a ViaCiencia como la empresa encargada de hacer el conteo de votos. Sí señores: ¡es la misma que le dio a Evo 42% de votos frente a 22% de Carlos Mesa! ¿Qué significa eso? Pues que se juntan todas las menudencias decorativas para dar un aíre de solemnidad electoral al asunto ya “hurgado” por el poder central.

En suma, ni la historia electoral ni el Tribunal ni el dinero usado en la campaña ni los opositores y ni la empresa encargada de mostrar un rostro científico al asunto juegan en contra del MAS.

A ese cúmulo de aspectos habría que agregar la “deficiente”, por decirlo suavemente, campaña electoral llevada a cabo por Comunidad Ciudadana y su candidato Carlos Mesa. No hay duda que deberíamos poner esta razón como un sexto punto. Pero frente a la avalancha de desventajas es mejor no dar mucha cuerda al asunto.

¿Resumen? Tenemos todo para perder… ¡pero parece que vamos a ganar (o, aunque sea vamos a ir a segunda vuelta)! A las ocho de la noche supimos que Morales gana sólo por 45,28% a 38,16%. Vamos, se puede. 

Diego Ayo es politólogo.